Se proclamó campeón de la la Copa VF90 cuando tenía 8 años, en la que compiten niños de hasta 14
12 oct 2025 . Actualizado a las 16:13 h.En el garaje de la familia Gantes Pazos el ruido del motor tiene un sonido distinto. No es solo el de una máquina con dos ruedas, en esta casa la pasión por las motos se transmite de generación en generación. Hoy, con 9 años de edad, Manuel Gantes (A Coruña, 2016) recoge el testigo de su padre, Daniel, y su abuelo, Sito, quienes corrieron antes que él.
Cuando tenía tres años recibió en las Navidades la primera moto de su vida. «Empecé con una eléctrica que me había traído Papá Noel, no corría todavía», recuerda. Desde aquel momento no se bajó más de la que ya es la gran pasión de su vida, y hace dos años, corrió su primera carrera. «La recuerdo bien porque fue en el circuito al que yo iba a entrenar todos los domingos. Quedé último, séptimo de siete, lo había pasado bien, y entonces lo importante era eso», cuenta.
Su esfuerzo y crecimiento meteórico obtuvieron recompensa esta temporada, en la que se convirtió campeón de la copa VF90 que organiza VF Timing, una competición sobre pit bikes contra niños de hasta 14 años, y en la que Manuel era el más joven. Además, fue tercero en la copa interautonómica. «Los sorprendió a todos, porque era su primer año en esta competición, que ya no es de minimotos, y el resto de los niños eran más mayores», comenta su padre.
A su lado, en todos y cada uno de los pasos que da está precisamente él, su padre, que observa con orgullo a su hijo. Él también compitió, llegando a disputar dos pruebas del mundial de enduro, y hoy en día sigue acudiendo a carreras clásicas como la de La Bañeza.
Ahora, le tocó hacerse a un lado para desenvolver otro papel: es guía, mecánico, entrenador y el mayor seguidor de Manuel. «Entre mi padre y yo hacemos la mecánica y el mantenimiento de las motos, por suerte. Nosotros no nos podríamos permitir llevar mecánicos como hacen otros niños», explica Daniel.
Su esposa es también un gran apoyo, aunque al principio lo llevaba un poco peor. «Mi madre ahora lo pasa mejor, pero al principio lloraba en las carreras», cuenta, entre risas, Manuel. Además entrena con Borja Sánchez en el circuito de Outeiro de Rei algún fin de semana, lo que contrasta con sus competidores, que forman parte de escuelas de pilotos que en Galicia todavía no existen, con muchos más recursos.
En la parte frontal de las motos de Manuel y Daniel hay una similitud muy clara, el número 75. «Nací en el 75 y corría con ese número, al niño le gustó y lo hizo suyo. Ahora les gusta el 93 de Márquez pero muchas veces está cogido ya», cuenta su padre. Precisamente el piloto de Cervera es uno de los espejos en los que se mira Manuel. «Ganó el mundial por novena vez, me gustaría ser como él pero eso es ya muy grande», dice Manuel.
En este deporte los altos costes hacen que sea muy difícil crecer, y son conscientes de ello. «Es muy caro, a veces hay que asumir por si no se puede continuar. Hay gente que nos ayuda pero para seguir creciendo nos hace falta mucho más», finalizan.