El atleta de Viveiro firmó una excelente carrera, pero le fallaron las fuerzas en la recta final
17 sep 2025 . Actualizado a las 15:58 h.Adrián Ben puso fin a su primera gran aventura en el 1.500 con honores de finalista. El atleta de Viveiro fue octavo en una final del Mundial al aire libre en la que fallaron cinco de los seis favoritos, pero le faltaron las fuerzas en los últimos cien metros para completar una semana para enmarcar. Porque después de brillar en la primera ronda y en las semifinales, el gallego volvió a firmar una carrera impecable en lo táctico, llegando a la última recta con opciones a todo, pero en esta ocasión, hizo su característico cambio antes y se quedó sin un gramo de fuerzas para atrapar el podio.
El medifondista gallego, que partía con la peor marca de los 14 finalistas, hizo su carrera. Concentrado, sin ningún aspaviento en los prolegómenos, salió a colocarse en su sitio preferido desde el primer centímetro. Ben se situó esta vez cerca de la cuerda, en el grupo cabecero y manteniéndose en la quinta plaza en casi todo momento, sin gastar fuerzas, pero controlándolo todo con su radar privilegiado. Por ese escenario fue quemando las vueltas en una final de ritmo lento sin mayores sobresaltos que el pinchazo (literal) del escocés Kerr, que era el vigente campeón mundial y clara opción de medalla. A toque de campana, cuando se entró en la última vuelta, Adrián mantenía el contacto con el grupo de cabeza y respondió a los primeros cambios de ritmo.
En la contrameta tuvo que salir a la calle dos para buscar espacio para su ataque final y a la salida de la última curva buscó el arreón final, pero el portugués (aunque afincado en Soria) Isaac Nader, como una locomotora, comenzó a llevarse a todos los rivales por delante (rebasó a los cuatro primeros) y al atleta gallego le faltó un último arreón para soñar con el podio. El campeón de España fue quedándose poco a poco, pero tuvo la inteligencia y la fuerza suficientes para entrar como octavo clasificado y cumplir con su tradición de acabar siempre en un puesto de finalista en las grandes citas. Es esta ocasión, lo hizo con un tiempo de 3.35.38. El podio encabezado por Nader lo completaron el escocés Jake Wightman (3.34.12), plata, y el keniano Reynold Cheruiyot (3.34.25), bronce.
Ben Montenegro llegó a Tokio con el cuadragésimo primer tiempo de todos los inscritos en el milqui. Por marcas, hace días que ya estaría en Viveiro viendo el Mundial por televisión, pero su impecable táctica y su valentía le permitieron superar la primera ronda y las semifinales, en las que entró en la segunda posición, demostrando ser una máquina de precisión y haciendo gala de una regularidad al alcance de pocos. En este caso, con el hándicap añadido de tener que hacer tres carreras de máximo nivel en cinco días en unas condiciones marcadas por la humedad y el calor, lo que provocaba un desgaste que quizás pudo pagar en la última recta.
Pero al margen de la carrera, lo más importante es que 10 meses han sido suficientes para que el viveirense se encuentre de nuevo con la distancia en la que comenzó a dejarse ver de niño. Tokio cierra una temporada en la que hizo marca personal (3.31.70), la segunda mejor de un gallego de todos los tiempos, y se proclamó campeón de España de la distancia. Con semejante carta de presentación, no hay duda de que es el nuevo heredero de los 1.500.
«Era una especie de prueba para ver si estaba preparado para luchar contra los mayores»
La final era un premio y también una prueba para Adrián Ben. Una recompensa por llegar a la última instancia en su primera comparecencia y un examen por ser un recién retornado al mítico 1.500. «Hoy estaba tranquilo porque sabía que esto era más una especie de prueba que de premio para ver si estoy preparado para luchar contra los mayores. Todavía me falta un pelín, pero hoy ha sido un tema de actitud, de querer más, ser ambicioso, y eso simplemente me llena por dentro para seguir mimando, trabajando y decir que esto no funciona así. No es tan rápido el cambio», comentó en la zona mixta.
El gallego comentó que después de quedarse fuera en la primera ronda de los Juegos de París, en el 800, afronta cada carrera como una oportunidad «porque nunca sabes cuando va a ser la siguiente», recordando a continuación que «el año pasado no conseguí avanzar de ronda, ni siquiera en los Juegos, y no quería irme a casa triste. No es justo hacer este campeonato e irme triste. Me he vaciado, me llevo un puesto de finalista, y es cierto que podía ser mejor, pero también peor», explicó. Como cómputo global de la temporada, matizó que «este año ha venido bien y, si hubiese quedado fuera por una centésima sería malo. Ha sido bueno por muchas cosas».
Culminación a un buen año
Antes de partir, el de Viveiro había asegurado que había podido trabajar todo el verano sin contratiempos, salvo por el humo de los incendios, y que esa buena puesta a punto se tenía que traducir en Tokio si era capaz de tomar las mejores decisiones en cada momento. Lo hizo, y ahora puede descansar con ese octavo puesto y dando a la delegación española unos preciados puntos de finalista.
Un competidor casi infalible
El portento de Viveiro vivió su séptima prueba estelar. En las seis anteriores siempre alcanzó puesto de finalista (acabar entre los ocho primeros) e incluso en el Europeo bajo techo del año 2023, en Estambul, se subió a lo más alto del podio. En esta ocasión, vivió su primera gran final al aire libre en el 1.500, seguramente el reto más difícil de su vida teniendo en cuenta el nivel de la prueba en este momento. Porque llegó con la peor marca de los doce participantes (3.31.70).
Doha 2019
La historia de Adrián en las finales comenzó a escribirse en el 2019, en Doha. El mediofondista gallego, que entonces tenía 21 años, era un recién llegado al 800, pero avanzó rondas con valentía, bromeando con que le quería mostrar al mundo dónde quedaba Viveiro, y se metió en la carrera definitiva después de pulverizar un récord gallego con 35 años de historia y rompiendo con tres décadas de sequía española en la distancia a nivel internacional. No contento con eso, volvió a casa con el sexto puesto. Entonces, el mejor de un español en toda la historia de los mundiales.
Tokio 2021
Aquel extraordinario resultado solo fue el punto de partida. Dos años después, demostró que lo de Doha no tenía nada de casualidad y se plantó en la final olímpica de Tokio 2021, en la misma pista de hoy. En la primera ronda, firmó la mejor marca española en unos juegos para acceder a las semifinales y, en la penúltima criba, protagonizó una portentosa remontada para convertirse en el primer atleta hispano en una final olímpica de la prueba de las dos vueltas a la pista. Llegado el gran día, continuó superándose y acabó quinto, mejorando el resultado de Doha y acariciando el podio. Ese día, cumplía 23 años.
Estambul 2023
En el 2023 no quiso dilatar más su visita al cajón de las medalla, y en Estambul se proclamó campeón de Europa de pista cubierta. El de Viveiro presentó su candidatura en las dos primeras rondas, ganando incluso su semifinal, y llegado el momento, fue capaz de convertir en oro la sexta marca de todos los participantes en la final. Lo hizo remontando desde la última posición en otra exhibición de fuerza y de destreza táctica, sus dos grandes virtudes, además de contar con unas piernas impresionantes y una capacidad de trabajo a la altura de pocos.
Budapest 2023
El gallego redondeó aquella temporada con otra final, en esta caso, en el Mundial de Budapest. Su primer tiro al palo en una cita universal: cuarto en el ochocientos. Ben Montenegro se quedó en esa ocasión a ocho centésimas del bronce, lastrado por la obligatoriedad de abrirse en la última recta ante la falta de espacio. Lo hizo, además, después de pasar dos cribas de alta exigencia que le habían dejado muy castigadas las piernas. Su última final en los 800 metros data del año pasado, en concreto, el Europeo al aire libre de Roma, cuando acabó en la sexta posición después de haber hecho los deberes en las dos rondas iniciales. En semifinales, había sido cuarto.
Nanjing 2025
La sexta y última final del gallego ya fue en el territorio del 1.500 metros. Este mismo año, en el mes de marzo, en el Mundial de pista cubierta de China. «Yo quería correr el 800, pero no me dejaron», dijo entonces, cuando apenas llevaba dos telediarios en la distancia que le vio nacer, pero que había abandonado mucho tiempo atrás. Como de costumbre, se adaptó, gastó su bala para meterse en la final al primer intento y acabó firmando un extraordinario sexto puesto.