El atleta de Viveiro, que acumula seis finales en grandes citas, todas con un notable desempeño, busca hoy superarse a sí mismo en el 1.500 en Japón
17 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Las grandes finales son un apéndice en la historia de Adrián Ben (Viveiro, 1998). El atleta gallego es una máquina de precisión para llegar a la instancia definitiva en un gran campeonato y hoy (15.20 horas, Teledeporte y Eurosport) vivirá su séptima gran cita. En las seis anteriores siempre alcanzó puesto de finalista (acabar entre los ocho primeros) e incluso en el Europeo bajo techo del año 2023, en Estambul, se subió a lo más alto del podio. En esta ocasión, vivirá su primera gran final al aire libre en el 1.500, seguramente el reto más difícil de su vida teniendo en cuenta el nivel de la prueba en este momento. Adrián llega con la peor marca de los doce participantes (3.31.70), pero ninguno tiene la inteligencia táctica ni la valentía del ciudadano de Viveiro. Él no entiende de imposibles.
La historia de Adrián en las finales comenzó a escribirse en el 2019, en Doha. El mediofondista gallego, que entonces tenía 21 años, era un recién llegado al 800, pero avanzó rondas con valentía, bromeando con que le quería mostrar al mundo dónde quedaba Viveiro, y se metió en la carrera definitiva después de pulverizar un récord gallego con 35 años de historia y rompiendo con tres décadas de sequía española en la distancia a nivel internacional. No contento con eso, volvió a casa con el sexto puesto. Entonces, el mejor de un español en toda la historia de los mundiales.
Aquel extraordinario resultado solo fue el punto de partida. Dos años después, demostró que lo de Doha no tenía nada de casualidad y se plantó en la final olímpica de Tokio 2021, en la misma pista por la que volará hoy. En la primera ronda, firmó la mejor marca española en unos juegos para acceder a las semifinales y, en la penúltima criba, protagonizó una portentosa remontada para convertirse en el primer atleta hispano en una final olímpica de la prueba de las dos vueltas a la pista. Llegado el gran día, continuó superándose y acabó quinto, mejorando el resultado de Doha y acariciando el podio. Ese día, cumplía 23 años.
En el 2023 no quiso dilatar más su visita al cajón de las medalla, y en Estambul se proclamó campeón de Europa de pista cubierta. El de Viveiro presentó su candidatura en las dos primeras rondas, ganando incluso su semifinal, y llegado el momento, fue capaz de convertir en oro la sexta marca de todos los participantes en la final. Lo hizo remontando desde la última posición en otra exhibición de fuerza y de destreza táctica, sus dos grandes virtudes, además de contar con unas piernas impresionantes y una capacidad de trabajo a la altura de pocos.
El gallego redondeó aquella temporada con otra final, en esta caso, en el Mundial de Budapest. Su primer tiro al palo en una cita universal: cuarto en el ochocientos. Ben Montenegro se quedó en esa ocasión a ocho centésimas del bronce, lastrado por la obligatoriedad de abrirse en la última recta ante la falta de espacio. Lo hizo, además, después de pasar dos cribas de alta exigencia que le habían dejado muy castigadas las piernas. Su última final en los 800 metros data del año pasado, en concreto, el Europeo al aire libre de Roma, cuando acabó en la sexta posición después de haber hecho los deberes en las dos rondas iniciales. En semifinales, había sido cuarto.
La sexta y última final del gallego ya fue en el territorio del 1.500 metros. Este mismo año, en el mes de marzo, en el Mundial de pista cubierta de China. «Yo quería correr el 800, pero no me dejaron», dijo entonces, cuando apenas llevaba dos telediarios en la distancia que le vio nacer, pero que había abandonado mucho tiempo atrás. Como de costumbre, se adaptó, gastó su bala para meterse en la final al primer intento y acabó firmando un extraordinario sexto puesto. Con semejante carta de presentación, que nadie descarte nada esta sobremesa. El idilio entre Adrián y las finales puede deparar la sorpresa del siglo en el momento más inesperado.