Con frecuencia, se oye que «Lo que hace que los Juegos Olímpicos sean únicos es que se reúnen atletas de todo el mundo para competir en muchos deportes diferentes», pero esto no es completamente cierto. Hay otro evento multideporte que reúne a miles de competidores de deportes tan diversos como el muay-thai, el remo en barco de dragón, la escalada, la carrera de orientación, el kárate, el maratón en canoa, el baile competitivo, el squash o las actividades subacuáticas, por ejemplo. Son los Juegos Mundiales, o World Games.
Son una especie de versión B de los Olímpicos: no hay grandes patrocinadores; no hay una cobertura mediática tan grande como en los Juegos; ni hay, en general, deportistas profesionales o semiprofesionales, con becas que les permitan dedicarse a su deporte de manera completa al menos durante unos años. Sin embargo, están patrocinados también por el Comité Olímpico Internacional desde el año 2000. Pueden participar deportes que no figuren en la agenda olímpica actualmente, aunque lo hayan estado en el pasado, y hay deportes que compiten en unos Juegos Mundiales y posteriormente pasan al programa olímpico, como ocurrió con el bádminton, por ejemplo, o con el squash y el lacrosse, que van a estar en el programa de Los Ángeles dentro de 3 años.
Se celebran cada 4 años, generalmente un año después de los Juegos Olímpicos, y a diferencia de estos, se pide que para organizarlos no sea necesario construir nuevas instalaciones, aunque las ciudades que los alojan suelen aprovechar para reformar algunas ya existentes y que, posteriormente, puedan ser utilizadas por la población local, lo que garantiza un nivel de sostenibilidad y un verdadero legado al país anfitrión sin los grandes gastos de los Juegos Olímpicos.
Chengdu, China central. Estamos en la Villa A de los World Games 2025, que se sitúa en el llamado «Complejo Hotelero Internacional», que parece recién estrenado. Impoluto. Catorce edificios, dos mega comedores, un pequeño supermercado y un área comercial dedicada a recuerdos de los Juegos y productos típicos de la zona. Y, por supuesto, las correspondientes medidas de seguridad: identificación y reconocimiento facial en cada entrada. Todos los atletas foráneos manejando WhatsApp en sus móviles a través de una VPN con los llamados protocolos de ofuscación, para tratar de evitar ser identificados por los sistemas de control, la llamada «Gran Muralla Digital», y multitud de voluntarios locales.
En una demostración de que en estos eventos se tolera la mezcla sin problemas, la cobertura de las enfermedades (sobre todo, digestivas) y las lesiones que no requieren tratamiento hospitalario la proporcionan un centro de medicina tradicional china, un centro médico convencional, y un área de tratamiento cubierta por miembros de la Federación Internacional de Quiroprácticos Deportivos, prácticamente todos estadounidenses, aunque al visitarlos me encontré con un murciano, Joaquín. ¡Si hubiera sido gallego me habría sorprendido menos!
Nueve de la mañana. 32 grados de temperatura y 72% de humedad. Lo que podemos esperar del resto del día, cuando la temperatura suba aún algunos grados más, es que cualquier movimiento fuera de los lugares dotados de aire acondicionado provoque una sensación asfixiante. Es difícil pensar que haya nadie corriendo por la calle, pero ese razonamiento no se aplica en la Villa A. Aquí, cientos de atletas están tratando de adaptarse a las condiciones del clima o ajustar su peso para poder competir en los próximos días en lo que para ellos es una de las cimas de su carrera deportiva, y eso obliga a entrenar en las mismas condiciones en que se va a competir. Nos obliga también, a los miembros de la Comisión Médica y a los responsables de los deportes al aire libre, a estar pendientes de la meteorología por si las condiciones hacen recomendable suspender algún evento por el riesgo de que se produzcan golpes de calor, ya que aunque se sude mucho, la transpiración no es eficaz para disipar la temperatura corporal porque el sudor no se evapora lo suficiente.
El aeropuerto de Chengdu está cubierto de pantallas y murales anunciando los World Games; en las calles y autovías, cada farola tiene colgadas banderolas publicitándolos. El gobierno ha reunido 30.000 voluntarios que se esfuerzan por hablar inglés con nosotros. ¡Eso son muchos voluntarios para un evento de 11 días! Hay una verdadera flota de autobuses moviéndonos de una Villa a la otra. Más de 100 autobuses decorados con los motivos de los Juegos y el lema elegido: «Boundless sports, countless wonders», o deportes sin límites y maravillas innumerables. ¿Qué mueve a que una ciudad de 21 millones de habitantes cuyos aeropuertos reciben más de 70 millones de pasajeros al año se movilice así por un grupo de poco más de 4.000 deportistas? Es realmente sorprendente.
Mi experiencia participando en la organización de congresos y competiciones deportivas es que, en general, una ciudad de menos de 300.000 habitantes los recibiría con los brazos abiertos, como si fuera el premio gordo e, incluso, intentaría convertirse en sede permanente del evento en cuestión, pero que una ciudad de 3 o 4 millones de habitantes los consideraría —en el mejor de los casos— como una pedrea a la que no se presta mucha atención. ¿Y que suponen 4.000 almas para una ciudad de 21 millones de habitantes? En una suma, no pasaría nada por redondearla y despreciar esa cifra.
Supongo que la explicación en este caso es la búsqueda de China de una apertura hacia Occidente, con un lavado de cara aprovechando que el deporte es una de las mejores vías de publicidad que existen, por los valores que sustenta y la emoción que despierta en sus practicantes y sus espectadores. No hay que olvidar que estos World Games se pueden seguir en directo a través del Canal Olímpico del COI, además de ser distribuidos por International Sport Broadcasting a más de 150 países..
No todo es de color de rosas: Las distancias en una ciudad así son monstruosas. Hay que pensar en proporción: estamos hablando de casi la mitad de la población de toda España, concentrada en una ciudad. Eso hace que las dos villas estén separadas aproximadamente una hora de coche, y que de ahí a las sedes de los distintos deportes se tarde otro tanto.
Los deportistas están alojados según sus deportes en una u otra sede, y por eso los autobuses parten para las zonas de competición desde la sede correspondiente, pero los quiroprácticos viven en la Villa A, y en los World Games son los que se encargan de la primera asistencia de las lesiones musculoesqueléticas a pie de pista. Esto obliga a que los quiroprácticos que cubren los deportes de la Villa B viajen en los autobuses —que, por cierto, funcionan como relojes suizos— una hora desde la Villa A hasta la B con margen de tiempo suficiente para cubrir alguna posible eventualidad que os retrasase (otra media hora), y allí esperar al autobús que los lleve a la sede del deporte en cuestión, lo que supone ente una hora y hora y media.
En total, unas 3 horas de ida y oras tantas de vuelta. Y con una sonrisa, porque además, son voluntarios. Lo mismo nos ocurre a cualquiera si queremos acudir como espectadores a un deporte que no esté localizado en nuestra sede, pero el espectáculo merece la pena. Incluso el deporte más sencillo que se pueda imaginar, el tirar de la cuerda (que los sajones llaman «tug of war»), que fue olímpico —si, no han leído mal, olímpico— nada menos que en 6 ediciones de los Juegos a principio del siglo pasado, es emocionante de ver en sus tres modalidades —masculina, femenina y mixta—, por la enorme energía, la fuerza bruta y también el punto de táctica que transmite.
En esta edición de los World Games, al concentrar a los deportistas en dos villas por primera vez, en lugar de alojarlos en hoteles dispersos se ha logrado replicar el ambiente de vivir una villa olímpica, con la mezcla de etnias, culturas tallas y colores tremendamente diversos.
Los verdes irlandeses, los holandeses anaranjados, los brasileños con sus camisetas amarillas, las palas de los canoístas, las raquetas de los jugadores de squash o los sticks de los jugadores de floorball o de lacrosse, y las grandes monoaletas de los nadadores dan pistas sobre sus portadores.
El comedor y las zonas comunes rebosan la tensión previa a la competición, toda la energía acumulada y que solo espera al pistoletazo de salida para liberarse en la mejor versión, el máximo rendimiento de los deportistas. Por desgracia, los deportistas que compiten el viernes no han podido participar en la ceremonia de inauguración del jueves por la noche, para evitar el cansancio que suponen varias horas de autobús y de espera, además de la propia ceremonia, y sobre todo, porque en ese momento todo su foco se centra en darlo todo mañana y ahora ya no existe nada más en sus cabezas. Y por solidaridad, en general tampoco han podido ir sus compañeros de habitación, para no despertarlos a la vuelta. Llegados a este punto, cada detalle cuenta. ¡Que empiece el espectáculo!