Impresionante la puesta en escena de la ceremonia de apertura de los World Games

DEPORTES

Edgar Su | REUTERS

Energía, pasión, color y sensación de enormidad. Simplemente impresionante. Todo a lo grande. La ceremonia de apertura de los Juegos Mundiales se desarrolló bajo la estructura de madera más grande de Asia: la marquesina de 460 metros de largo —casi cinco campos de fútbol— del vestíbulo delantero del Centro Internacional de Conferencias de Tianfu. Los espectadores y las delegaciones deportivas disfrutaron de una experiencia única sentados frente al lago que reflejaba la luz de los fuegos artificiales, en una manifestación más del enorme interés que China ha puesto en que todo sea perfecto en estos Juegos.

Si alguien cree que ha visto fuegos artificiales, tiene que venir a China para comprobar, boquiabierto, que se puede ir un paso más allá: con una coordinación y un despliegue de colores exquisito, los fuegos incorporaban símbolos significativos, como un luminoso arco iris que se extendía por la noche, antiguos caracteres chinos que significaban «Chengdu» —replicando inscripciones encontradas por primera vez en un arma de bronce que data de hace más de 2000 años— y 12 fuegos artificiales florales que simbolizaban todas las ciudades que han sido anfitrionas de los Juegos Mundiales.

Si en Barcelona 92 el pebetero se encendió con una flecha de fuego, en una muestra de originalidad, aquí lo hizo de la mano de dos esquiadores acuáticos chinos, Xu Lu y Alu Xiaobo, que se deslizaron por el agua remolcados por sendas lanchas motoras, llevando las antorchas que les habían entregado el jugador de billar Ding Junhui y el campeón olímpico y de los Juegos Mundiales de trampolín Dong Dong.

El pebetero principal, diseñado como una fuente en forma de agua que brota del lago, es otra muestra de delicadeza en su diseño, y en el momento álgido, al fuego de la antorcha lo acompañó un espectáculo deslumbrante de pirotecnia. La gala, titulada «Esplendor entretejido», contó con cuatro actos de danza china que destacaron elementos culturales tradicionales, y concluyó con un final musical en el que los artistas se unieron a un coro infantil internacional para representar el espíritu de unidad global y celebración que define a los Juegos Mundiales.

Además de los efectos pirotécnicos y las mascotas extravagantes basadas en la mitología china, la ceremonia de apertura contó con un mensaje en vídeo de la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, en una muestra más del respaldo del movimiento olímpico hacia su hermano pequeño.

Pero si todo esto fue espectacular, la salida de las delegaciones del recinto, de una manera tremendamente fluida mientras los veinte mil espectadores aplaudían y hacían fotos y, sobre todo, el camino de vuelta hasta las Villas, nos dejó ojipláticos. El pelotón de autobuses circuló precedido por coches de policía sin parar en ningún semáforo durante algo más de una hora, porque todos los cruces en su camino estaban bloqueados por más policía que detenía el tráfico para que los deportistas pudieran llegar lo antes posible a sus residencias y descansar para el día siguiente. La coordinación fue simplemente perfecta, pero eso no es fruto de la casualidad.

Lo vemos en todo, hasta en la preparación de los equipos médicos de los distintos lugares de competición, donde todas las mañanas se hace una simulación cronometrada del tiempo que se tarda en inmovilizar a un lesionado de gravedad, o iniciar una reanimación, para que los roles en cada equipo estén fijados de manera precisa si algo ocurre en realidad. Ahora, casi vamos a ver si los pillamos en algo: a ver si tienen suficiente hielo y agua en las zonas de competición, cuánto tardaría el equipo médico en llegar al punto más alejado del terreno en las pruebas de triatlón... Y nunca lo logramos. Pero lógicamente, no todo es de color de rosa.

Si hay que cambiar algo, nos damos con una verdadera pared. Los protocolos de actuación se decidieron hace tiempo y están sancionados por alguien «de arriba», como nos dicen. Y como todo en la vida, bajar en la escalera es fácil, pero subirla cuesta mucho más.