Un desarraigo que puede provocar ansiedad y depresión en los niños

Pepe Velo

DEPORTES

CARMELA QUEIJEIRO

En el fútbol español, los clubes profesionales realizan una captación de jugadores a edades cada vez más tempranas, con el riesgo que ello conlleva para los jovencísimos jugadores. Me refiero a niños, todavía preadolescentes, que con la ilusión que tienen de llegar a ser futbolistas profesionales se someten a una experiencia para la cual, la gran mayoría, no están todavía preparados, porque su desarrollo evolutivo no se lo permite.

Pasan meses sin ver a su familia, amigos, cambian sus rutinas diarias, su centro escolar, su medio social... Y todo ello puede originar un desarraigo que provoca en muchos estados de ansiedad, de depresión incluso, y una responsabilidad y presión que no son acordes a su edad.

Los clubes profesionales buscan saltarse los límites de las disposiciones existentes al respecto, encontrando siempre lagunas legales en lo referente a la protección infantil. Es alucinante comprobar que niños de 8 o 9 años ya tienen un representante que le dirige la vida deportiva y económica.

Generalmente buscan lo mejor para el jugador, pero también existen algunos que solamente se mueven por intereses económicos propios. En el caso de que unos padres consientan que su hijo tenga representante, que se informen bien de su trayectoria profesional y personal antes de otorgarle ningún poder. El gran antídoto contra estos son, fundamentalmente, los padres. Sabemos que, si los progenitores quieren, con la legislación actual pueden llevarse a su hijo al club que deseen. Pero tienen que preguntarse si sacar a un niño tan prematuramente de su entorno familiar y social en pleno desarrollo madurativo, personal y emocional es lo más conveniente.

Cuanto más próximo esté un club profesional al domicilio familiar, mucho mejor va a ser para el jovencísimo jugador y su familia en todos los aspectos. Y, si un día, pero ya con más edad, quiere dar el salto a uno profesional, todavía está a tiempo de hacerlo e irá mucho más preparado a todos los niveles para afrontar ese nuevo reto.

Los progenitores actúan con las mejores intenciones, pero no siempre están en el camino correcto. Deben ser solamente padres y no entrenadores, ni representantes, ni tampoco confundir necesidades —necesidad de que mi hijo sea lo que yo no pude conseguir como futbolista, de presumir de padre de jugador famoso o de resolver la economía familiar—.

Deben ser realistas y entender las dificultades que hay para vivir profesionalmente del fútbol, ayudando a su hijo a comprenderlo, relativizando éxitos y fracasos. En esas edades el fútbol debe ser fundamentalmente una diversión. De cada 10.000 fichas, solamente uno llega a ser jugador profesional. Son pocos los que llegan y los que triunfan, y muchos los que quedan por el camino.

Es cierto que los clubes profesionales dedican cada vez muchos más medios para que las jóvenes promesas estén bien atendidas a nivel médico, psicológico, vigilan sus estudios... pero el núcleo familiar en estas edades tan cruciales para su desarrollo general es insustituible. Y, por otra parte, nadie les puede garantizar que van a ser profesionales, pero ya han renunciado a su familia, a su infancia, a sus amigos, a su entorno... recibiendo presiones y asumiendo responsabilidades que, por su edad, no les corresponden. Y lo que es peor, que regresen a su casa frustrados, como juguetes rotos.

¿La solución? Que sus padres se desplacen a vivir con su hijo al lugar del club por el que ha fichado, evitando que pierda el apoyo y el contacto con su familia. Pero esto no siempre es posible, ni mucho menos. Conclusión: padres y madres, busquen la solución más fácil para sus hijos y para ustedes sin crear desarraigo, siendo aconsejable que vayan al club profesional lo más cerca posible de casa. Ignoren a los representantes y, si su hijo tiene muy buenas condiciones para el fútbol, no se preocupen, que ya vendrán a buscarles, pero cuando tenga más edad y una mayor formación personal y deportiva.

Pepe Velo es psicólogo deportivo y profesor titular de Psicología en la Escuela Gallega de entrenadores de fútbol.