Carlos Arévalo, bronce en los Juegos de París: «Muy pocos tienen dos medallas olímpicas»

Paulo Alonso Lois
Paulo Alonso PARÍS

DEPORTES

RFEP

«En cuanto nos pongamos en línea de salida sentiremos el corazón apretandos», promete el palista betanceiro, que este viernes buscará más en el K2 con Germade

08 ago 2024 . Actualizado a las 22:23 h.

En el 2019, Carlos Arévalo no formaba parte de un barco olímpico, pero todo cambió por una renuncia y ya tiene dos medallas. «Ahora estoy cansadete y con ganas de ir a por lo que queda (la semifinal de K2 500 con Germade a las 11.10 de mañana, viernes, y los cuatro mejores barcos de cada manga a la final de las 13.20). Me encuentro muy bien, estamos en unos Juegos, y vamos a por todo. Tuvimos una regata muy peleada, con unas sensaciones buenísimas y no teníamos más dentro para sacar en esa competición. Dos barcos han sido mejores y nosotros, contentos por dar el 100 %», reflexiona.

—Tras un primer momento, ven que han ganado un bronce, no perdido un oro.

—Hay un primer momento de frustración, porque somos competitivos y siempre queremos ganar, pero traer un bronce olímpico para España es un orgullo enorme. Nos pasó igual en Tokio con la plata.

—Clavaron el plan, llegando primeros a los 250 metros. ¿Se veía campeón?

—Cuando llevábamos 300 metros estábamos para hacer el cambio y pensaba: «Oro, oro, oro». Pero se empezó a poner duro. Llegamos y era un bronce. Como peleabas por el oro... Pero fue un bronce más que sufrido y peleado, que es lo bonito del deporte. Un bronce olímpico es algo único. Jamás soñé con tener dos medallas olímpicas, algo que tienen muy pocos deportistas en el mundo. Y me gustaría traer más resultados a España.

—¿Se ha emocionado en algún momento de estas primeras horas?

—No he tenido ni tiempo. Ahora vendrá la familia al hotel y ya me caerá la lagrimilla.

—En el podio, Germade localizó a sus hijas entre el público.

—Había miles de españoles ahí. ¡Era una locura! El impulso que nos dio la afición fue tremendo; y estoy muy agradecido a toda la gente que nos ha venido a apoyar. Cuando localicé a mi familia, con el ruido no podía hacer mucho más.

—¿Ha repasado ya algún instante clave en su carrera que le permitió llegar aquí?

—Más que eso, el bronce supuso una liberación de la presión acumulada durante años, con un continuo esfuerzo por ser los mejores. Fue como, «bueno, ya hemos conseguido la medalla olímpica, y he dado mi mejor versión».

—Una de estas primeras felicitaciones.

—No he podido ni ver el móvil casi, pero ahora mis suegros me mandaron un vídeo de mi hija [de tres meses], y fue muy bonito, me ha hecho mucha ilusión.

—En Betanzos vibraron.

—Sí. Voy a dar el pregón de las fiestas, y aún no he pensado nada. Voy a ser el primer pregonero que llega allí con las piernas temblando, sin saber qué decir aún. Pero estoy supercontento de esa oportunidad. ¡Tantos años viviéndolas y disfrutándolas! Llegar a mi casa y poder dar las gracias a todos por su apoyo...

—Son ganadores, ¿pero este bronce qué da: respaldo o confianza para el K2 500?

—Decía antes Rodri que si nos hubiésemos quedado sin medalla, a ver quién remaba ahora la otra prueba. Pero somos luchadores y en cuanto nos pongamos en línea de salida sentiremos el corazón apretando. O igual después de un palo nos habría salido una rabia tremenda para luchar.

—Ahora solo toca descansar.

—No puedo ni ver competiciones. Vi el combate de Fran Garrigós por el bronce en yudo y estaba temblando.