Aston Martin cae en la maldición de la manta corta

David Sánchez de Castro MADRID / COLPISA

DEPORTES

AFP7 vía Europa Press | EUROPAPRESS

La clamorosa falta de ritmo de carrera que padece el AMR24 hace que la clasificación cobre una importancia aún mayor de lo previsto para Alonso y Stroll

21 may 2024 . Actualizado a las 18:58 h.

Sin paños calientes: el Aston Martin AMR24 no es un coche a la altura de su predecesor. Ya no solo porque el monoplaza que pilotan Fernando Alonso y Lance Stroll no esté logrando los resultados de 2023, sino porque se nota que padece un serio problema de rendimiento en carrera que tiene difícil solución. La mejor prueba es lo ocurrido en Imola, que sirvió de perfecto ejemplo de esta situación. Si con Stroll es difícil verlo porque ni clasifica bien ni suele acabar mucho mejor en carrera, con Alonso sí se puede diagnosticar la situación de una manera más clara.

El accidente (error de conducción evidente del piloto) del sábado en los libres marró las opciones del resto del fin de semana, ya no solo porque el asturiano tuvo que clasificar con un coche remachado y prácticamente sin configurar, sino porque esto provocó que tuviera que salir desde boxes el domingo después de que le sustituyeran buena parte del coche y, además, reconfigurasen todo. Era necesario un gran ritmo de carrera, especialmente en el primer tercio de la misma, para engancharse al pelotón e intentar ir tirando hacia arriba. Cazar a los Williams no supuso gran dificultad, pero cuando tuvo que apretar los dientes para alcanzar el top 15 se dio de bruces con la realidad. Al menos pudo hacerse ancho en la estrecha pista de Imola para ejercer de muro de contención de los rivales de un Stroll que sumó dos buenos puntos a su haber.

¿Qué hubiera pasado si el sábado Alonso no se hubiera accidentado? Eso ya es Fórmula 1 ficción, pero lo cierto es que tampoco se podría haber esperado mucho. Siendo optimistas, y viendo el ritmo del resto de competidores, con un punto de fortuna quizá habría clasificado entre los 10 primeros, probablemente entre el séptimo y el décimo, y su pelea habría sido por no caer mucho más de ahí. A diferencia de otros años, Alonso es consciente de que la eventual ganancia que tiene los sábados la pierde los domingos, y prueba de ello es el resultado de los fines de semana de Baréin, donde clasificó sexto y acabó noveno o el de China, que empezó tercero y finalizó séptimo. Trazados muy distintos al de Imola, donde adelantar es casi un sueño con las «barcas» que tienen ahora en comparación con los Fórmula 1 con los que Alonso peleaba en sus tiempos de vino y rosas.

Sin ritmo de carrera, por tanto, Alonso y Stroll deben focalizar mucho su objetivo del fin de semana en clasificar bien. En caso de un incidente, como ocurrió este sábado, la hipoteca sobre la cita del domingo se ejecuta de inmediato, y eso en trazados como el de Emilia Romaña (el viejo circuito de Imola se queda ya un poco desactualizado, por mucho romanticismo que inspire) o el de Mónaco del próximo fin de semana (se justifica su continuidad en el calendario únicamente por la mística que lo rodea) es un hándicap muy importante. Aston Martin presumía en la presentación del coche de este año de que habían creado un «todoterreno», un Fórmula 1 que se adaptaba igual a todo tipo de circuitos. Lo que podía ser una ventaja ha resultado ser su gran pecado: es verdad que rinde casi igual en todo tipo de trazados, pero igual de mal. No es un coche que aspire a podios, ni muchísimo menos, y la falta de desarrollo endémica que sufre el equipo desde antes incluso de tener ese nombre puede suponer la tumba sobre sus aspiraciones. Y eso, en buena medida, se debe a que han caído en la llamada teoría de la manta corta: tapar la cabeza (buen clasificador) implica destapar los pies (buen ritmo de carrera).

Donde no hay coche, manos

La labor de los ingenieros de Aston Martin, como la de cualquier otro equipo, es darle a sus pilotos un coche en condiciones para pelear por los resultados a los que aspiran. Max Verstappen, siendo un auténtico fuera de serie, no gozaría del palmarés que tiene si no tuviera detrás a Red Bull, de igual manera que Lando Norris no habría podido provocarle sudores fríos al neerlandés este domingo si McLaren no hubiera dado con la tecla de las primeras evoluciones grandes de esta temporada. En este sentido, los equipos han respondido ante pilotos que a su vez dan ese plus extra por puro talento. En el caso de Aston Martin, es Alonso quien no se puede permitir el lujo de fallar. Sin un monoplaza en condiciones, cuando no está al 100% (que a veces le ocurre, por pocas que sean), es casi imposible que pueda lograr buenos resultados. Por su bien y el del piloto, a Aston le conviene que Alonso no falle más, empezando por este mismo fin de semana en Mónaco.