Teresa Portela: «Hay que ir con todo para clasificarnos en el 2023 para mis séptimos Juegos»

Iván Antelo REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Ramón Leiro

Plata en la Copa del Mundo, subcampeona mundial en K2 y cuarta en K4, celebra un buen año: «Quiero disfrutar cada segundo que me quede»

26 dic 2022 . Actualizado a las 08:45 h.

Cumplidos los 40, Teresa Portela (Aldán, 1982) sigue siendo uno de los grandes iconos del deporte gallego. En el 2022 volvió a sobresalir con un segundo y un cuarto puestos en el último Mundial y una medalla de plata en la Copa del Mundo. En el 2023 puede agrandar su leyenda alcanzando sus séptimos Juegos Olímpicos. Ninguna mujer española ha pasado de cinco y el techo en hombres lo marca Chuso García Bragado con ocho.

—¿Con qué sensación deja el 2022?

—Muy buena. Ya el año pasado fue espectacular porque conseguí mi gran objetivo [una medalla olímpica], así que empecé este con fuerza para un nuevo proyecto y una nueva ilusión por hacer algo completamente diferente a lo que venía haciendo. Antes estaba en un barco individual y, de repente, fue pasarme a una embarcación de equipo y, además, con cambia de distancia. Y la verdad es que el primer paso que dimos fue muy bueno. Sacar un K4 nuevo, ir a la Copa del Mundo, conseguir una plata y después volver a luchar por las medallas en el Mundial [cuartas], además luego también ser subcampeones del mundo en el K2... Evidentemente, el balance es muy muy bueno y da la motivación que una necesita para afrontar el año 2023, que sabemos que va a ser difícil, en el que vamos con la esperanza de lograr lo que todos queremos: el billete para París 2024.

—¿Cómo recuerda la plata con Sara Ouzande en el K2 200 del Mundial de Canadá?

—Sara es una chica con muchísima experiencia en 200 y sabíamos que había opciones porque nos juntamos dos velocistas. No es todo cuestión de fuerza, también teníamos que acoplarnos, y lo hicimos. Remamos la eliminatoria, nos clasificamos directas para la final y tuvimos que hacer una serie de ajustes. Salió todo superbién y disfruté muchísimo esa final. Cuando vas a gusto con una compañera, y sientes la embarcación como si fuera una, gozas muchísimo la sensación de avance. Fue una alegría compartida, que siempre sabe mejor, porque sabía que a ella le hacía mucha ilusión.

—Les faltaron tres décimas para sumar otra alegría en el K4.

—Era un proyecto completamente nuevo. A alguna ya la conocía y con otras no había entrenado nunca, así que fue empezar de cero. Nuestra primera idea era ver cómo íbamos este año y luchar simplemente por estar en la final. Sin embargo, desde la Copa del Mundo que se celebró en mayo en Hungría ya vimos que estábamos ahí. Eso nos ha ilusionado mucho, así que esperemos seguir igual de bien el próximo año.

—Solo pasaron unos 45 minutos entre una final y otra. ¿Cómo gestionó ese momento?

—Estoy acostumbrada. Tengo remado cinco finales en una mañana. Cambiar de embarcación siempre supone un estrés y en este Mundial sabía que iba a estar muy apurada. Físicamente no había problema porque nuestros entrenamientos son más duros y nos exigen mucho más que hacer un K4 500 primero y un K2 200 después. Soportamos perfectamente eso. Pero sí es verdad que son momentos de tensión, que requieren que todo el equipo esté coordinado. Salimos del K4 y alguien tiene que tenerte preparado ya el K2 para salir volando hacia el otro lado. Son minutos de mucho estrés, pero cuando ya sabes cómo va todo y ves que está trabajado por parte del equipo, se lleva mejor.

—Ese K4 tiene muy buena pinta pensando en París 2024. Si en pocos meses ya están ahí, la medalla olímpica es posible.

—Cuando inicias un proyecto nuevo no sabes muy bien en qué punto de partida estás. Y eso fue lo que nos pasó. No nos habíamos medido a nadie a nivel internacional hasta llegar a la Copa del Mundo y fuimos a ciegas sin saber a qué podíamos aspirar. Esa medalla nos ha dado mucha esperanza, pero yo de una temporada a otra reseteo. Soy consciente de que este próximo año, en el que se reparten las primeras plazas olímpicas, todos los países van a estar a tope con sus mejores palistas y en las condiciones más óptimas. No va a ser fácil, pero tenemos ahí esa esperanza y esa realidad de que podemos llegar a la medalla, aún sabiendo que va a ser complicado.

—¿Cómo fue su adaptación tras una década remando sola?

—Fue muy buena. Al final, aunque yo estuviera en un barco individual, siempre entrené con un grupo de chicas y de chicos. Siempre iba acompañada de gente. La única diferencia ahora es que montamos barcos de equipo.

—¿Cómo afronta el 2023?

—Con ilusión, pensando en positivo. Consciente de que tenemos opciones de lograr la plaza olímpica y ahora tenemos que pelear para que se conviertan en realidad. Hay que ir con todo para soñar con unos séptimos Juegos Olímpicos.

—Con seis ya había hecho historia...

—Cuando conseguí ir a los quintos ya me parecía algo increíble. Poder seguir soñando de esta manera es... Lo que sí tengo claro es que quiero disfrutar cada año, cada minuto y cada segundo que me quede en el deporte de competición.

—Siempre consiguió buenos resultados, pero ahora se le ve incluso más fiable. ¿A qué se debe?

—Pues no sé, la verdad. Llevo más de veinte años en la élite y sé que el trabajo siempre suele verse reflejado. El sacrificio es la base de todo. En mi deporte te lo juegas todo a una carta. En mi caso unos 38 o 39 segundos en los que el trabajo de todo un año se puede ver truncado ahí. Siento que en algún momento no me ha acompañado el resultado, pero el deporte es así. No siempre se gana.

Ramón Leiro

«Tengo 40 años y hace tiempo que me llaman la veterana; es un orgullo para mí»

Teresa Portela fue madre en el 2014 de una niña llamada Naira. Ella mejor que nadie sabe cómo es la conciliación familiar-deportiva. Lleva más de dos décadas en la élite y parece tener cuerda para rato.

—Ana Peleteiro dio a luz recientemente. ¿Qué consejo le da usted, que es deportista de élite y madre?

—Me gustaría darle la enhorabuena, primero, y simplemente decirle que disfrute muchísimo de su hija, que seguro la sentirá como su mayor logro. Cuando nace un bebé todo el mundo se preocupa de la criatura, pero también es importante que ella esté bien, se recupere y reciba atenciones. Ella tiene claro que quiere volver y lo más importante ahora es que se adapte a su nueva vida. Si decide continuar en el atletismo lo hará como nunca, con ese impulso que tiene ahora desde casa. Y, si no, no pasa nada, la vida sigue. Estoy segura de que le irá muy bien.

—A usted le fue bien. ¿Le recomendaría a Naira [su hija] seguir sus pasos en el piragüismo?

—Me da igual. Yo quiero que haga lo que le guste y le haga feliz. Evidentemente que haga deporte, que forme parte de su vida, pero que elija hacer el que prefiera.

—¿Le molesta que le recuerden su edad cuando logra algún resultado?

—No, me da igual. Es una realidad. Tengo 40 años, no lo voy a ocultar ni negar. Ya hace mucho tiempo que me dicen la veterana y no me sienta mal. Para mí es un orgullo seguir cumpliendo años y mantenerme ahí. Es un elogio, la verdad.

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Iván Antelo

Lo bajaron del kayak, lo subieron al podio para entregarle su segundo oro y enseguida cogió un avión de regreso desde Canadá. Cuando atendió a La Voz desde Barajas, en su primer enlace hacia casa, ni sabía que había entrado en la historia del piragüismo español al convertirse en el primer bicampeón de un mismo Mundial (sendos oros en el K1 200 y K4 500). Seis meses más tarde empieza a creérselo. Su agenda se ha llenado de recogidas de premios, pero Carlos Arévalo López (Betanzos, 1993) sigue atendiendo las llamadas con la misma sonrisa.

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