Piqué: se marcha el más controvertido y valiente jugador de la Liga

Alberto del Campo Tejedor COLPISA

DEPORTES

Biel Alino | EFE

Extrovertido, polémico, crítico y socarrón, no eludió jamás el encontronazo

04 nov 2022 . Actualizado a las 14:37 h.

Gerard Piqué ha sido uno de los jugadores de la Liga que ha suscitado mayor animadversión, aunque también las más incondicionales adhesiones. Como jugador, su carrera es incuestionable y no es exagerado afirmar que, durante bastantes años, estuvo entre los mejores defensas del mundo. Inteligente, jugó con ambigüedad en la cuestión de la independencia catalana, sobre todo mientras se desempeñaba en la selección española, aunque con el tiempo se mostró a favor del referendo.

Otros como Xavi o Puyol hicieron lo mismo, pero a Piqué una parte de los aficionados nunca se lo perdonó. Entre otras cosas porque el defensa siempre hizo gala de un rasgo cada vez más excepcional en su profesión: expresar su opinión, guste o no guste.

Mientras que la mayoría de jugadores andan con pies de plomo, Piqué no solo no se mordía la lengua en relación con cualquier asunto opinable, sino que además lo hacía de manera que enlazaba con cierta sensibilidad popular: sin rodeos. Machado consideraba preferible decir «lo que pasa en la calle» que «los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa».

Tampoco a Piqué le iban las retóricas. Criticaba sin ambages lo que consideraba favoritismos arbitrales con el club de la capital de España. Incluso mostraba el mismo atrevimiento para disparar contra Can Barça: «Mandaría a todo el entorno a tomar por culo, que son tóxicos, a tomar por culo. Y el que se sienta señalado como entorno, a tomar por culo».

No extraña que fuera uno de los espiados por la directiva de su propio club, que contrató a una empresa para difamarle. Se le veía en su salsa cuando ejercía como catalanista y antimadridista de pro, sin eludir la confrontación con sus compañeros merengues de la selección. En el momento en que Shakira dio a luz su segundo hijo, Iker Casillas y Sara Carbonero le enviaron un ramo de flores. Piqué agradeció el detalle a través de un mensaje en el que manifestaba su deseo de que el portero madridista recibiera por lo menos cuatro goles en el siguiente encuentro contra el Atlético de Madrid, como así ocurrió.

El 3 del Barça siempre ha sido un tipo burlón. Y aunque presunto antiespañolista, tenía la misma afición que los viajeros foráneos del siglo XVII consideraban un auténtico deporte nacional en España: el de «echarse pullas». La condición sine qua non para jugar a ese entretenimiento es la deportividad: hay que estar dispuesto a recibir. Piqué siempre tuvo más cintura en los combates de oprobios que en los duelos en el campo, donde destacaba por otras cualidades, como saber colocarse.

En los últimos tiempos, Piqué sufrió severos reveses. La imagen de un club que enarbolaba el estandarte de modélico y comprometido con el fair play, en todas sus dimensiones, quedaba muy dañada cuando se destaparon los tejemanejes del icono barcelonista con Rubiales. Muchos de los que siempre le habían sostenido, se apartaron. El estigma de pesetero y de vivir más volcado en sus negocios que en el fútbol coincidió con su bajón en el rendimiento deportivo. Ni siquiera Xavi contaba ya con él, ni dentro ni fuera del terreno de juego.

Leo entusiásticos mensajes en las redes que celebran que el controvertido símbolo del barcelonismo haya hincado la rodilla. Sin embargo, en estos últimos meses, mientras perdía todos sus apoyos y él seguía pugnando por mantenerse erguido, se me vinieron a la memoria, en más de una ocasión, las palabras de Machado: «Siempre que he visto a un hombre solo, o seguido de menguada hueste, luchar contra el medio en que vive, he sentido el orgullo de pertenecer a la especie humana».

Todos los hombres que dejan huella tienen sus claroscuros. Habrá quien le recuerde por su desmedida afición a la provocación, por sus corruptelas, incluso por su soberbia para exigir ser el defensa mejor pagado del mundo. Pero es indudable también que mostró agallas, compromiso con sus convicciones e incluso cierto espíritu quijotesco, arremetiendo contra molinos de viento imaginarios

Acaso a sus detractores españolistas les molestaba ver en él un rasgo que el propio Machado consideraba típico de nuestro país: «En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa». Tal vez 'Gerard' era más 'Gerardo' de lo que él mismo y sus enemigos pensaban. En todo caso, en su retirada, prefiero quedarme con aquello de «caminante no hay camino, se hace camino al andar». Sin duda Piqué tuvo la valentía de andar el suyo.

Alberto del Campo Tejedor es Catedrático de Antropología Social, autor de «El Gran Teatro del Fútbol».