«Uno de cada cuatro deportistas sufre algún trastorno mental»

DEPORTES

El psicólogo Pablo del Río, a la derecha, junto a la nadadora Mireia Belmonte
El psicólogo Pablo del Río, a la derecha, junto a la nadadora Mireia Belmonte

La gestión de las expectativas y de la frustración generan problemas en los atletas, que aumentan las consultas a los psicólogos tras la confesión de varias estrellas

10 oct 2022 . Actualizado a las 14:59 h.

El 27 de julio del 2021, la gimnasta Simone Biles se retiró de la final por equipos de los Juegos de Tokio. «Desde que entro al tapiz, estoy yo sola, confrontando los demonios en mi cabeza. Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental y no comprometer mi bienestar». Pablo del Río, pionero de la psicología deportiva en España, con casi 40 años de profesión y 31 en un Centro de Alto Rendimiento de Madrid, considera ese momento un antes y un después. «Cuando en unos Juegos, a la vista de todo el mundo, una deportista de ese nivel dice lo que dijo ella y toma esa decisión, el impacto es muy grande. A nivel de opinión pública y de autoridades, es un punto de inflexión. Ahora, en los despachos de psicología estamos a tope».

Del Río ha preparado nueve Juegos Olímpicos con la delegación española y por su consulta han pasado, entre otros, Carolina Marín, Ray Zapata, Lydia Valentín y Damián Quintero. «En los años 90, los deportistas venían a escondidas. Decían que iban a ver al fisio. Eso se ha acabado ya», sostiene. «Hay que tener en cuenta que una de cada cuatro personas sufre algún tipo de trastorno mental, y en los deportistas no es diferente», avala Víctor Pérez, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

«La sociedad ha idealizado a los atletas: tienen que ser altos, fuertes, guapos, con muchos valores... que a veces lees y dices: ¿Pero de qué valores me hablan? ¿Dónde tiene este la humildad?», reflexiona Del Río. «¿Qué provocaba esto? Que el deportista no se mostrara como una persona normal. Las debilidades en ellos estaban mal vistas. De ahí la tendencia a no reconocer los problemas, y mucho menos en público. Sigue habiendo profesionales de máximo nivel, y muy mediáticos, que no quieren que se hable de salud psíquica en público», añade.

La nómina de deportistas de élite que abiertamente han compartido sus problemas de salud mental se ha disparado en la última década. Tras los Juegos de Tokio, Caeleb Dressel cayó en una profunda depresión. «Estaba perdido, quería dejar el agua». El también nadador Michael Phelps, máximo medallista olímpico de la historia, atravesó una situación semejante. «Soy alguien que ha pasado por al menos tres o cuatro períodos de depresión fuerte y llegué a poner mi vida en peligro», contó.

«Dicen que el que quiere, puede... ¡Y una mierda! Todo el mundo sería campeón del mundo o campeón olímpico. En la gestión de las expectativas y de la frustración está parte del secreto. Las expectativas deben ser realistas. La orientación debe ser hacia el rendimiento. Al deportista hay que enseñarle a manejar la presión, que la tiene. A veces porque tiene que hacer unas mínimas, si no, no le renuevan la beca o el patrocinador no sigue con él. La gente está muy frustrada porque se la educa para los objetivos inmediatos», mantiene Del Río.

Naomi Osaka, entonces número 2 del mundo, abandonó Roland Garros en el 2021 tras dar la espantada en la comparecencia previa. «Me estaba sintiendo vulnerable y ansiosa y pensé que el mejor ejercicio de autocuidado era evitar las ruedas de prensa». En un vídeo publicado en sus redes sociales, Álex Abrines desveló los problemas mentales que había padecido cuando jugaba para Oklahoma en la NBA y que le llevaron a detestar su propio deporte. «Hace unos meses todo se rompió en mil pedazos porque empezaste a darme miedo. No te podía ni ver. Incluso llegué a odiarte», contó cuando ya militaba en el Barcelona.

En ocasiones, las complicaciones mentales llegan después de un impacto. Iniesta reveló que requirió ayuda psicológica tras la muerte de Dani Jarque. «Me sentía vacío por dentro». Ricky Rubio, tras la muerte de su madre por un cáncer. «Me despertaba y pensaba en llamarla. Me hizo querer romper mi teléfono. Pero no pude borrar su número. Incluso le envié mensajes de texto a veces. Todavía lo hago. Durante un tiempo, sentí que me estaba volviendo loco. Le eché la culpa a todo», escribió.

«El estrés y la ansiedad la sufrimos todos a diario, es algo tremendamente habitual. Si haces trabajo de prevención, te lesionas menos y la gente lo entiende. Pues con la salud mental pasa lo mismo. En aquellos deportistas que han incorporado la psicología a su formación integral, los casos patológicos son prácticamente inexistentes», sostiene Del Río. «Hay gente que sigue entrenándose a tope con 32 años y sin ningún tipo de formación. A mí esa gente me da mucha pena», sostiene.

Tres deportistas gallegos cuentan a La Voz cómo han visto comprometida su salud mental en su carrera. Martín Bouzas acabó abandonando, con solo 23 años, el ciclismo. Rodrigo renació tras plantar unos Juegos Olímpicos y cambiar de disciplina. Y Bicho vuelve a competir por alcanzar el fútbol profesional.

De izquierda a derecha, Martín Bouzas, Rodrigo Conde y Bicho
De izquierda a derecha, Martín Bouzas, Rodrigo Conde y Bicho

MARTÍN BOUZAS

«Eché un año sin tocar una bici, no quería saber nada más»

Hace ahora dos años, Martín Bouzas (Rois, 1997) era la gran esperanza del ciclismo gallego. No había cumplido los 23 años y se había proclamado campeón de España juvenil de contrarreloj. En su primera participación como sub-23, se colgó el oro. El Kern Pharma lo había fichado para su equipo profesional. El sueño parecía cumplirse, pero su cabeza no rodaba igual que la bicicleta y Martín decidió bajarse. Hoy trabaja en un centro logístico de Correos en Barcelona.

«Cuando me fui a Pamplona para incorporarme al equipo aficionado del Lizarte y apostar a tope, las cosas empezaron a ir mal. El tema psicológico desencadenó todo. Me vi demasiado tiempo solo, haciendo sacrificios. Empecé a tener dudas con todo, me desgastaba. Me sentía como un reloj, con una competición tras otra, sin tiempo para descansar de verdad. Mi cabeza hizo clic. Me preguntaba si me compensaba una vida de muchos años así», recuerda.

«Llegué a tener ayuda psicológica, pero en mi situación acabó siendo un parche. Me intentaban ayudar a adaptarme a esa situación, pero yo quería dejarlo. Fue complicado tomar la decisión. Dudé si estaba echándolo todo a perder. Me obsesionaba la manera en la que se lo tomaría el resto. Tuve un par de momentos realmente malos, de crisis de ansiedad. Era incapaz de dormir. Cuando tomé la decisión, sentí alivio. Los que estaban a mi alrededor lloraban con la noticia y yo era el tío más feliz del mundo. Eché casi un año sin tocar una bicicleta. Ya no es que ni mirara para ella, es que la vendí. No quería saber nada más. Tuve que pasar mi tiempo de duelo para volver a ver una Vuelta a España. Ahora, que ha pasado tiempo, vuelvo a disfrutar de la bicicleta gracias a mi pareja. Vuelvo a salir con ella y a sentir lo que no sentía cuando me dedicaba a la competición. Volvería de otra forma, nunca como profesional», mantiene.

RODRIGO CONDE

«Estaba deshidratado y mi idea era dejarlo e irme a Bali»

Rodrigo Conde (Moaña, 1997) se confiesa ahora un tipo feliz. En su primer año en el doble scull con Aleix García, se ha colgado cuatro medallas internacionales. Atrás queda el calvario de la categoría ligera, que le llevó a renunciar a los Juegos Olímpicos de Tokio tras haber obtenido plaza.

«Faltaban tres o cuatro meses para los Juegos y tuvimos unas pruebas médicas. Me subí a la báscula. Tenía que perder 9 kilos y tenía un 7% de grasa corporal. Me dije que ya no había por dónde cogerlo. Estaba harto de hacer locuras. Estaba siempre alterado, arisco, se me olvidaban las cosas. Es muy feo. Toda mi carrera en peso ligero había sido así. Desde los 18 años que empecé hasta los 22 que me planté. Desde fuera no se ve tanto, pero la gente que estaba a mi lado se daba cuenta de lo jodido que era. Duchas de agua hirviendo, ponerme chubasqueros, mil capas de ropa para subirme a la bicicleta... bajarme sudando y darme otra ducha de agua hirviendo para sudar más y volver a la bici... Y ver que aún así no llego. Un día, otro, otro más. No poder cenar, no conseguir dormir más de dos horas porque tenía la boca más seca que una alpargata. Estaba deshidratado y eso era lo peor», rememora.

«Mi idea era pasar esos Juegos y retirarme. Dejarlo e irme a Bali un tiempo. Me faltaba energía y motivación. Mi familia me llevaba suplicando tiempo que parase. Mi madre lo pasaba fatal cuando me veía así. La decisión para mí no fue complicada, lo difícil fue todo lo anterior. Tuve la sensación de quitarme de encima una mochila de mil kilos. Creo que la psicología a nivel deportivo es muy importante. Entonces igual me habría venido bien, no lo sé. Siempre he sido de intentar solucionar mis problemas yo solo. Mi nutricionista, que también era psicólogo, me dio unas cuantas frases que me ayudaron a ver las cosas un poco diferentes, pero la decisión tenía que tomarla yo. Ahora me siento como una flecha».

BICHO

«Tenía problemas de respiración, me quedaba sin aire»

El sadense Javier Fernández Abruñedo, Bicho, es canterano del Deportivo y futbolista del San Fernando, en la Primera RFEF. Con 23 años, tras dejar el Deportivo, se vio sin equipo. Antes, había descubierto ya lo que era la ansiedad.

«Desde muy joven se pusieron muchas expectativas en mí, con 18 años decían que iba a ser el crac de A Coruña. Justo unos meses antes de quedarme sin equipo, empecé con unos dolores fuertes en el pecho. No sabía lo que era. Estaba en el Dépor y hablé con uno de los doctores. Me hicieron pruebas y no salía nada. Al final, hablando con el psicólogo lo achacaban a la ansiedad. Tenía problemas para conciliar el sueño y lo que más notaba eran problemas de respiración, me faltaba el aire. Me derivaron a un psicólogo clínico, que me ayudó a pasar esas crisis. Ahora lo sé controlar mucho mejor. Venía de dos años con muchas lesiones y la cabeza ya empezaba a pensar en qué iba a pasar la temporada siguiente, porque acababa contrato. Se juntaron muchas cosas, tenía que salir por algún lado y salió de esa forma. La cabeza es lo más importante en un deportista, es algo que muchas veces olvidamos», mantiene.

«Luego me vi sin equipo y lo pasé bastante mal. Cuando un deportista no puede hacer lo que le gusta, estás fastidiado. Había días en los que me encontraba peor y se me llegó a pasar por la cabeza tener que dejar el fútbol. Luego me despertaba al día siguiente y pensaba de otra forma, en salir adelante. Todo lo que viví ese tiempo me ayudó a madurar más rápido. Falta mucho por mejorar en los clubes, y no solo en los clubes, porque hay muchos problemas de salud mental. Mucha gente no se atreve a dar el paso, por vergüenza o por no preocupar a los demás, pero cuando pides esa ayuda empiezas a salir adelante», relata.

La voz de los especialistas

«Muchos se quedan en situaciones complicadas al retirarse y aparece la figura del juguete roto»

En la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental ven avances tras la crudeza del covid. Su presidente, Víctor Pérez Sola, incide en la importancia de que los clubes integren el trabajo psicológico.

—¿Qué tiene de particular la salud mental del deportista respecto a otro ciudadano?

—Al deportista de élite se le exige mucho en muy poco tiempo y las posibilidades de que en algún momento hagan crac son más altas que en aquellas que no se plantean en su día a día objetivos tan ambiciosos. Cuanto más altas son las expectativas, mayores son las probabilidades de fracaso y muchas veces el trastorno mental en el deportista empieza por ahí

—¿Hay algún momento especialmente delicado para ellos?

—Cuando acaban su carrera y dejan de tener el foco. Muchos han entregado exclusivamente su vida al deporte, y luego se quedan en situaciones muy complicadas y acaban teniendo enfermedades mentales graves. Lo que llamamos la figura del juguete roto. Necesitan una preparación para asumir que su rol va a cambiar. La situación se magnifica en casos de lesiones que obligan a una temprana retirada.

—¿Qué aconseja?

—Son personas que están sometidas a un estrés muy alto y lo deseable es que sigan estrategias de prevención. Nos ahorraríamos muchos trastornos graves.

«El tratamiento con benzodiacepinas, el más habitual, no impide la práctica deportiva»

El tratamiento de las enfermedades mentales lleva aparejada, en muchas ocasiones, la prescripción de medicamentos. Antonio Busto, farmaceutico colegiado y máster internacional en toxicología, mantiene que no impiden la práctica deportiva.

MARCOS CREO

—¿Cuál es el tratamiento más habitual en el caso de las patologías mentales más comunes en los deportistas?

—Los más habituales son las benzodiacepinas, que se recetan en condiciones de estrés y de trastornos ansiosos e incluso depresivos.

—¿Cómo influyen en su rendimiento?

—No impiden practicar ningún tipo de deporte y no están contraindicadas en atletas de alto rendimiento. Actúan sobre el sistema nervioso central. Es importante distinguirlas de aquellos fármacos que puedan incidir en la frecuencia cardíaca. Esos están contraindicados. Los que actúan sobre el sistema nervioso central la única contraindicación que tienen es que si esa práctica conlleva un riesgo y necesita de alta concentración, debes aconsejar al paciente que retrase la práctica respecto a la hora que toma la medicación.

—¿Los antidepresivos cómo se comportan?

—La depresión trastoca el comportamiento. Muchas veces el deportista se aleja de la práctica más por los efectos de la enfermedad que de los propios fármacos.