Apareció el aparecido: Carlitos Alcaraz

Tito Vázquez

DEPORTES

AFP7 vía Europa Press | EUROPAPRESS

19 sep 2022 . Actualizado a las 17:20 h.

V

alió la pena esperar. Apareció el aparecido. Adiós a todos los argumentos de la generación anterior. «No se puede hacer saque y red, devuelven muy fuerte». «No hay tanto tiempo para pensar, la velocidad del tenis ‘moderno’ no lo permite». «Los golpes de base son muy potentes, es casi imposible atacar». La ignorancia a veces se disfraza de verdad y de tanto escuchar a los jugadores repetir su punto de vista como un mantra uno empieza a dudar de su propia identidad.

¿Cómo es posible saber si los jugadores tienen buen passing shot cuando nadie ataca? Y si nadie ataca, ¿cómo hacen los jugadores para practicar el passing shot? ¿Por qué los grandes jugadores tienen tiempo y los otros no? Esa y muchas preguntas afloraban en mi mente sin encontrar respuesta. Siempre el mismo mantra: «Es difícil variar el juego, no se puede hacer esto, no se puede hacer aquello».

En los últimos años, salvo Federer, Djokovic, Nadal y alguna que otra excepción, el tenis se había transformado en un deporte monótono, sin creatividad, donde la mayoría optaban por jugar un tenis agresivo desde el fondo de la cancha como si esa fuera la única receta del «tenis moderno».

Y de pronto apareció Alcaraz y el tenis volvió a ser lo que era: un juego completo donde el único límite es la imaginación.

Leí que su abuelo Carlos le enseñó a jugar al ajedrez y le inculcó una filosofía de vida para que utilizara en el deporte: «Las tres C. Cabeza, corazón y cojones». Esa historia me hizo recordar a un entrenador colombiano que vivió en Barcelona y que tuvo mucho que ver con el desarrollo del tenis español. El Pato Álvarez decía que para ser un bueno necesitabas tres cosas: cabeza, corazón y piernas. La similitud o la influencia del pasado siempre está presente. El conocimiento es un don que se pasa de generación en generación.

Carlitos, el Niño maravilla, es un jugador valiente con la astucia necesaria para improvisar como un músico de jazz y usar todos los golpes como piezas de ajedrez.

Los récords están para ser superados. Alcaraz ganó hace días su primer grand slam y se convirtió en el número 1 más joven de la historia del ránking. No hay que ser vidente para darse cuenta de su importancia para desterrar para siempre los límites de «esto no sirve» o «esto no se puede hacer». Ahora el tenis vuelve a ser completo, Carlitos es un pichón de crac.

Todas las piezas que componen su arsenal tenístico, al igual que las piezas de ajedrez, son útiles para jugar con una actitud ofensiva: sea para ganar el punto en la red o con una dejada, con una derecha de boxeador o con una devolución de saque.

Carlitos es único y su estilo puede ser una inspiración imprescindible para la próxima generación. Su velocidad y su flexibilidad son solo comparables al mejor Djokovic, y su manera de defender es envidiable. Su manera de trabajar y su actitud ante la lucha me recuerdan a Nadal. Su manera de subir a la red con pasos rápidos y largos es similar a Stefan Edberg. Además, la potencia de sus golpes, la devolución del saque, sus dejadas, la calidad de sus globos, el efecto, la confianza en sí mismo y su capacidad mental lo hacen un jugador especial.

Ahora viene el tiempo de la cosecha, es cuestión de madurar, planificar y no apresurarse. Su familia y su equipo lo saben y él también. Es muy difícil llegar a la cima y más difícil es mantenerse. A Carlitos lo esperan grandes desafíos, seguir siendo el mejor, convivir con la fama y el dinero y confrontar los imponderables de la vida.

Carlitos es un artista que viene a recordar la esencia de la belleza en el tenis, el juego como juego, el mandala de la cancha como expresión, la humildad como valor y, al final del camino, un gran campeón.

Tito Vázquez, ourensano, fue capitán de Argentina y subcampeón de la Copa Davis