La epopeya se bañó de realidad

DEPORTES

Biel Aliño | EFE

04 may 2022 . Actualizado a las 21:26 h.

Al Liverpool lo cogió Boulaye Dia atándose las botas. El Villarreal tenía su plan, escarmentado de Anfield, y pasaba por darle a la pelota una velocidad delictiva. Por exprimir a Estupiñán en su carril y a Coquelin. Por ponerle corriente. En tres minutos, la conexión de sus cables ya había emitido luz. Boulaye Dia sabe de eso. Hace cinco años, con 20 cumplidos, jugaba en una categoría regional de Francia y había firmado con el Jura Sud su primer contrato profesional. Su padre enfermó, tuvo que dejar el balón para ayudar en casa, y trabajó como electricista. Difícil pronosticar entonces lo que el fútbol le tenía guardado.

El tempranero gol de Dia reafirmó al Villarreal. Alisson atropelló a Lo Celso en el área. Liverpool no tiene pasos de peatones. Curioso cuando a su banda más legendaria —Los Beatles— la inmortalizaron precisamente en uno de Londres. Makkelie, un árbitro neerlandés con trazo de película de sobremesa, se desentendió del atropello. El videoarbitraje, esa herramienta sin manual de instrucciones, no quiso revisar ni la temperatura. Capoue se desencadenó. En un arrebato, volcó al área una pelota con sentido que la cabeza de Coquelin elevó a la red. En la epopeya soñada, el submarino se paseaba por el infierno de los diablos desconocidos. Pasa que al fútbol lo inventaron en dos partes.

Tras el descanso, el Liverpool reclamó el micrófono. El Villarreal perdió el fuelle y el volante. Pasó de jugar a tumba abierta a abrir su propia tumba. Con Luis Díaz, dos sopapos, y dos caños a Rulli en cinco minutos, el Liverpool le birló el mapa del tesoro. Sadio Mané, precisamente el gran ídolo de Boulaye Dia, cerró la tapa del libro que él mismo había abierto. La epopeya había sufrido un ajuste de realidad.