Galicia luce como potencia mundial con la plata del K4 500 en Tokio

Paulo Alonso Lois
Paulo Alonso ENVIADO ESPECIAL A TOKIO

DEPORTES

Le embarcación de equipo, con el cangués Rodrigo Germade y el betanceiro Carlos Arévalo, consigue un subcampeonato en la prueba que valora el nivel de un país en la disciplina y corona cinco años soberbios

07 ago 2021 . Actualizado a las 19:43 h.

El temblor producido por el subcampeonato olímpico de Teresa Portela, a sus 39 años y con seis Juegos a sus espaldas, todavía retumba en la pista del Canal Sea Forest de Tokio cuando el K4 500 español se cuelga este sábado una plata de leyenda. El cangués Rodrigo Germade y el betanceiro Carlos Arévalo impulsan el kayak que cierra el programa de su deporte en Tokio. Elevan un barco compuesto por cuatro portentos, con Saúl Craviotto al frente, con ya cinco podios en su palmarés olímpico, y otro gigante en la bañera como Marcus Cooper, campeón en Río 2016 del K1 1.000 metros. Si el nivel del piragüismo de un país se valora por el rendimiento de esta embarcación de equipo, Galicia, decisiva en todo el ciclo olímpico, y con Cristian Toro como quinta opción si hubiera sido necesario, puede gritar bien alto su condición de potencia mundial. La plata de Portela en K1 200 y el diploma de la pontevedresa Antía Jácome en C1 200 con solo 21 años habían iniciado el festival. El K4 500 de España gana el subcampeonato en un podio que completan el tantos años invencible barco alemán de la leyenda Ronald Rauhe con el oro y Eslovaquia con el bronce.

El K4 500 español, soberbio desde que empezó el ciclo olímpico, encadenó tres platas mundiales en los años 2017, 2018 y 2019 antes de reinventarse en un proceso de selección de luchas cainitas, traiciones y grabaciones secretas durante la pasada temporada. En esas circunstancias adversas, Miguel García, el entrenador que llevó a Saúl Craviotto a sus cinco metales, sufrió un desgaste infernal, intentando aislar a los palistas del fuego que podía destruir el proyecto. Y acertó. El K4 español completó una participación impecable en Tokio: ganó su serie clasificatoria el viernes, triunfó en su semifinal de este mismo sábado y logró la medalla que tanto ansiaba en la final de dos horas después.

El tiempo de Tokio, esta vez, lanzó un guiño al cielo encapotado bajo el que el barco español trabaja cada día en Trasona (Asturias). Llovió, y llovió bien en el canal Sea Forest, dibujando el marco gris bajo el que Arévalo y Germade se enamoraron del piragüismo en los húmedos inviernos en las rías gallegas. A continuación, en la pausa entre el programa de las semifinales y la disputa de las mangas por las medallas, atronó una percusión que ponía los pelos de punta. El espectáculo con el que la organización ameniza el parón, con embarcaciones tradicionales en el agua y la música de los tambores de guerra en la orilla, añadió tensión a la espera.