Seamos soñadoras como Teresa, hagamos posible lo imposible: soñemos

Fredi Bea TOKIO2020

DEPORTES

DPA vía Europa Press

03 ago 2021 . Actualizado a las 17:59 h.

Para hablar de la plata conquistada por Teresa Portela, empezaría mirando a México 68. Ahí tenemos los dos primeros piragüistas gallegos que fueron a unos Juegos Olímpicos: Pedro Cuesta y Chilares. Desde aquella primera vez hasta hoy fueron catorce ediciones de los Juegos. En Montreal 76, Misioné fue el primer gallego en conseguir medalla olímpica en nuestro deporte, plata, volviendo al podio en Moscú 80 con un bronce. En Los Ángeles 84, un joven de 18 años, Enrique Míguez, consiguió un bronce y la primera medalla olímpica gallega en canoa. Después, en Galicia tuvimos varios ciclos de un buen número de regatistas olímpicos y grandes resultados en forma de diplomas, hasta llegar David Cal con sus dos medallas en Atenas 2004, que ya hacían cinco para el piragüismo gallego, incluido el primer oro. David sumó dos más (platas) en Pekín y a él se le unió allá otro chaval de Aldán, Carlos Pérez, Perucho, con el título en el K2 500. En Londres, David Cal sacó su quinta medalla, y se retiró. Pero el piragüismo gallego fue quien de reinventarse, con Isaac Toro ganando el oro en el K2 200. Teníamos dioses y nos faltaban diosas. Y en Tokio, por fin, apareció la primera. Por su tesón, por su trabajo y por su esfuerzo, Teresa Portela acaba de convertirse en nuestra diosa con su plata olímpica.

La undécima medalla del piragüismo gallego en unos Juegos reluce más por el hecho de ser la primera que consigue una mujer. También, porque a un lado de Teresa, en Tokio, está Antía Jácome, la primera canoísta en pista de España en una cita olímpica. El piragüismo gallego no para de crear nuevos ídolos, que ojalá acaben convirtiéndose en nuevos dioses y diosas de nuestro deporte.

Le quiero dar las gracias a Teresa por su ejemplo. A su esfuerzo, trabajo, tesón y a su capacidad infinita de soñar. Soñar es hacer posible lo imposible. Todos sabíamos que Teresa merecía una medalla olímpica. Pero también que conseguirla en sus sextos Juegos y con 39 años nos parecía algo casi imposible. Pero Teresa se reinventó, se adaptó. Y obtuvo su medalla en el medio en el que nació. En una ría y en un mar salado. No navegó, surcó las aguas de Tokio para enseñarnos la todos que nada es imposible. Solo hay que soñar. A Antía Jácome, que tiene que remar, a Carlos Arévalo, que tiene que remar, y a Rodrigo Germade, que tiene que remar todavía en estos Juegos, solo les decimos una cosa desde Galicia: soñad. Y haced más grande Galicia.