Durante la prueba de esgrima del pentatlón moderno de Barcelona 92, los jueces centraron su atención en que dos competidores españoles no hicieran trampas. Parece impensable, pero temían que con un físico similar, detrás de la máscara, sus identidades estuvieran intercambiadas, en beneficio del otro. Como era de esperar, no ocurrió nada semejante, principalmente porque a los gemelos Centeno Moyer jamás se les pasaría por la cabeza hacer algo así.
Lucenses de nacimiento, un 27 de abril, Leopoldo y Jesús se convirtieron en los primeros hermanos gallegos en acudir a unos Juegos, aunque en Seúl, cuatro años antes, el primero ya había competido y el otro fue —resignado— como suplente.
Aquello fue la primera constatación entre nuestros paisanos de que la sangre olímpica, en algunas ocasiones, no solo corre en las venas de un miembro de la familia. «Si no va mi hermano y voy solo, para mi hubiera sido ir a la mitad», llegó a decir Jesús.
A Barcelona también viajó, en un Seat 127, Daniel de la Torre, aunque en su caso para ver desde la grada a su hermano Carlos. Sin suerte en los 10.000 metros, consiguió volver cuatro años más tarde, esta vez sin el aliento de Daniel pero con la compañía sobre el tartán de otro hermano, Elisardo, algo especial para uno y espectacular para el otro.
Algo inimaginable para un club humilde como el San Miguel de Marín y, sobre todo, para unos padres que, por televisión, se enorgullecieron. Imagínense pasar de llevarlos a la pista al lado de casa, cada uno con su bocadillo, a verlos entre los mejores del mundo.
Por eso es emocionante que en Tokio haya vuelto a ocurrir. Los Abalde, Alberto y Tamara, nacidos en Ferrol y crecidos en Vigo, son nuestros particulares Gasol en versión mixta y también al máximo nivel. En su sangre olímpica, algo tuvo que ver Alberto padre, que para eso brilló en el Obradoiro y el OAR, pero con todo el mérito para los hijos. Un par de jugadorazos que en Tokio compiten por «un sueño a otro nivel»: colgarse ambos una medalla.
A pesar de que al pequeño le ha tocado esta madrugada contra Estados Unidos, que así sea, aunque los jueces no sepan luego diferenciar de qué color es la de cada uno.
Álvaro Alonso es autor es autor del libro «Galicia Olímpica»