Así es Teresa Portela, madre, fisioterapeuta, brillante universitaria y ahora subcampeona olímpica

Pablo Penedo Vázquez
Pablo Penedo REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

ADRIÁN BAÚLDE

Nueve años atrás, Teresa Portela conquistó el corazón de sus paisanos con su titánica pelea y su llanto en la funesta final de Londres. Hoy su alegría es la de muchos, reflejados en el duro y silencioso trabajo diario de la irreductible canguesa

03 ago 2021 . Actualizado a las 17:59 h.

Son pocos los elegidos para la gloria. Muchos menos los que, una vez rascada esa primera capa de felicidad contagiosa ante el éxito de cualquier deportista patrio, logran despertar entre la inmensa mayoría de sus paisanos la alegría profunda por ver triunfar a quien que se ha ganado un trocito de sus corazones. Y este sentimiento, el más valioso de cuantos pueda despertar un deportista, es el que sin duda alguna ha debido sentir toda Galicia al ver subida al fin al podio olímpico a Teresa Portela. Una mujer esforzada, de sonrisa perenne, que acaba de recibir la recompensa a 20 años de abnegada dedicación profesional. Dando cada día todo lo mejor de sí sin hacer más ruido que el producido por el resultado de su obra —17 preseas en campeonatos de Europa, 15 en Mundiales, cinco diplomas olímpicos—, como dicen quienes los conocen que llevan siglos haciendo los gallegos. Esta plata eleva su trayectoria todavía más.

El primer podio olímpico de Portela es su particular medalla al mérito del trabajo, justo en el momento de romper todos los moldes tras llegar a donde ninguna otra deportista española había llegado: participar en seis ediciones de los Juegos. Un largo camino desde aquella niña de 9 años que se divertía por primera vez en un kayak de ese Aldán que lleva siempre consigo, a su exhibición en Tokio con 39, destrozando esa ley de la física humana que dice que la presencia en los grandes medalleros de un velocista en piragua es inversamente proporcional a su edad. Y por el camino, ejercicios de equilibrio para sacar tres títulos universitarios —Magisterio, Fisioterapia y Dietética y Nutrición— y una segunda ocupación, esta 24 horas, la crianza en O Grove junto a su marido y ex olímpico David Mascato de Naira (7 años).

En el piragüismo es fácil engañarse a la hora de hacer cábalas a partir de los resultados de los chavales en competición, por la diferencia del desarrollo de cada cuerpo. En el caso de Portela no fue así. «Tenía una técnica tan lenta para aprovechar tanto la palada que sus compañeras no eran capaces de seguirla», cuenta su primera entrenadora en el Club del Mar Ría de Aldán, Araceli Menduíña. La inteligencia psicomotriz de un purasangre en potencia. No tardó en demostrarlo.