Bruno García, seleccionador de Japón de fútbol sala: «El debate aquí no es por los Juegos, sino por la pandemia»

DEPORTES

Jose Valencia

El ferrolano conoce desde dentro el deporte japonés y sus instituciones por su trabajo en la selección nipona de fútbol sala. Cifra a la población dividida al 50% sobre el apoyo a la celebración del evento.

22 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace casi diez años, Bruno García (Ferrol, 1974) hizo unas maletas que todavía no ha deshecho. Elegido mejor entrenador español de fútbol sala en el extranjero, pasó por Perú y Vietnam antes de triunfar ahora con la selección de Japón, a la que ha devuelto a la primera línea internacional. Camino de cumplir cinco años en el país, ofrece su visión sobre cómo Tokio encara sus ansiados Juegos mientras prepara el Mundial de Lituana. «No vamos a disfrutar los Juegos como nos gustaría para ultimar nuestra preparación. Llevamos año y medio sin enfrentarnos a otras selecciones, desde que recibimos a Paraguay en febrero del 2020. Teníamos dos partidos en agosto cerrados aquí, pero tuvimos que cambiarlos. Así que nos vamos a Galicia y Portugal a la puesta a punto definitiva», explica desde el cuartel general de la federación japonesa en el centro de la capital.

—No le va nada mal.

—Sí, lo bonito está por llegar, pero es verdad que ya hemos cumplido la primera prioridad. En el 2016 el fútbol sala japonés vivió una debacle: con la mejor generación de jugadores de este país, como gran potencia asiática junto Irán (la otra única campeona de la Copa de Asia) y Tailandia, queda fuera de ese Mundial. Yo entrenaba a Vietnam y les dejamos fuera de cara a una cita en la que tres equipos asiáticos estuvieron entre los 16 mejores: Irán como tercera, Vietnam y Tailandia. También hay un vuelco a nivel global: solo España y Brasil habían ganado el título hasta entonces y en el 2016 el oro es para Argentina, la plata para Rusia, el bronce para Irán y el cuarto puesto para Portugal. Fue una revolución. Japón me llama para un primer objetivo, devolver a la selección al Mundial, y otro de fondo, contribuir a la formación de técnicos. Por eso todo mi equipo técnico es japonés. El tercer objetivo era salvar la brecha que había entre la generación que ya se iba de la selección, jugadores que ya eran mayores y habían ofrecido buenos resultados durante toda una década, y la siguiente, la plantilla sub-20. Para salvar ese santo y lograr el recambio generación creamos el equipo sub-24 de forma oficiosa como escalón intermedio. Aunque no haya torneos de esa categoría, como antesala de la absoluta. Ese tránsito en cinco años se saneó en todas las edades.

—Después de cinco años en Japón, sigue con intérprete.

—Chapurreo japonés, pero disponer de intérprete va más allá, es intencionado. Me gusta tener exjugadores de la selección en mi staff, y tengo dos exjugadores que compitieron en España, me entienden perfectamente, y el director deportivo era antes el intérprete y también nos ayuda mucho también porque parte de mi trabajo se enfoca a la federación y la formación de técnicos.

—¿Qué tiene ya de japonés tras cinco años en el país?

—Compatibilicé el fútbol y el yudo desde los 4 años, pero una lesión me apartó de la práctica deportiva a los 20 años. Yo soy yudoca y el yudo es Japón, con unos valores más importantes que el talento. Conocía este país y su cultura antes de vivir aquí, cuando contrasté todo lo que intuía. A mí me gusta ser metódico, el trabajo, echar horas. Aquí eso se lleva al extremo, y hay que controlarlo, pero es un país con cosas muy muy buenas, y otras no, pero busco lo positivo siempre.

—Los Juegos de Tokio eran los de la recuperación tras Fukushima y la pandemia ha complicado todo.

—Los Juegos aquí se han vivido con mucha incertidumbre y controversia... Cada país respondió de una forma a la gestión de algo para lo que nadie estaba preparado. Imagínese un gran evento como este: se pasó de la euforia a la preocupación. En Río empezó la competición y seguían atornillando sillas en los estadios; aquí el 1 de enero del 2020 se celebró la Copa del Emperador de fútbol en el estadio olímpico como ensayo general de los Juegos, con todo preparado. En esta ciudad los alquileres se miden por centímetros cuadrados, no por metros, imagine la inversión realizada. Tener todas esas inversiones paradas por la pandemia supone un dineral.

—Resulta curioso que sí haya público en algunos eventos deportivos en Japón, pero no en los Juegos.

—Sí, yo estuve en Osaka el sábado y en Nagoya el domingo pasados en dos partidos con público, pero en el del viernes en Tokio no había. En la capital, el acceso depende hasta del distrito concreto donde se juegue. Y la propia selección española de fútbol acaba de jugar un amistoso con espectadores en Kobe.

—¿En qué afecta al día a día el estado de emergencia?

—Japón no impone prohibiciones, aquí los estados de emergencia —en los que llevamos meses entrando y saliendo— aconsejan. Es una prohibición moral. En mi federación solo hace trabajo presencial el 20% del personal y nos limitan los viajes. Cada empresa lo regula. A la hostelería se le sugiere cerrar a las ocho y el gobierno apoya a los cumplidores para compensarles. Tampoco se debe servir alcohol, pero encontrarás sitios donde lo sirven. Pese a no haber toque de queda, como se cena a las seis y a las ocho los restaurantes deben cerrar, y no suelen vender alcohol, la gente se recoge antes. Creo que se nota el cansancio en que hace un año eran mucho más estrictos, ahora los restaurantes ya no aguantan y dependen mucho del consumo de bebidas: te cobran de 7 a 12 euros por una cerveza o 10 por una copa de vino.

—En realidad el número de contagios es muy bajo en Tokio, comparado con otras grandes capitales, pero se aplican fuertes restricciones, como al público en los Juegos.