Un aeropuerto fantasma, tres horas de espera y primer test de saliva

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO ENVIADO ESPECIAL / TOKIO

DEPORTES

Una voluntaria, con una prenda de protección, trata de organizar la llegada de una de las delegaciones olímpicas a Narita
Una voluntaria, con una prenda de protección, trata de organizar la llegada de una de las delegaciones olímpicas a Narita PAULO ALONSO

Atletas, técnicos, federativos, jueces y periodistas pasan un filtro de al menos dos horas y media después de pisar suelo japonés

21 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un aeropuerto fantasma, tomado por un ejército de voluntarios vestidos con epis, una especie de batas de hospital de plástico celeste, mascarillas y pantallas faciales, recibe estos días en Tokio a más de 20.000 personas acreditadas para los Juegos. Una excepción en la Olimpiada del cerrojazo. Atletas, técnicos, federativos, jueces, periodistas... La lista de implicados en el evento, que no tendrá público en las gradas, es larga, y todos pasan un filtro de al menos dos horas y media (con suerte) después de pisar suelo japonés. El último paso para acceder a los Juegos después de meses de constante petición de requisitos, incumplimientos de plazos por parte de la organización y envío de manuales sobre cómo darse de alta en las más variadas plataformas. La pandemia y sus consecuencias. «Bienvenidos a Japón».

En Narita, el aeropuerto principal de la capital, sobran voluntarios dispuestos y ganas de ayudar y falta un poco de orden cuando una delegación olímpica baja del avión. Si la idea era evitar contagios por la amenaza constante del coronavirus, retener a más de 300 personas en un pasillo angosto no parece la mejor forma de iniciar su proceso de entrada al país. La terminal es un lugar fantasma, por el que no pasan turistas desde hace meses, porque Japón no ha querido en ningún momento desescalar ese sector de su economía, primando la salud y evitando en cierto modo la importación de casos. No hay tiendas, ni restaurantes ni nada abierto en Narita. Solo la impersonal factura del aeropuerto principal de la capital. Carteles olímpicos que pregonan una fiesta que será descafeinada y rótulos y recomendaciones alrededor de la misma idea: protéjanse.

Al salir del pasillo donde se hacinan los viajeros nada más llegar, se divide al grupo en dos: atletas y equipos por un lado y resto de acreditados por otro. A estos se los conduce a otra estancia para sentarlos en sillas con la distancia de seguridad de metro y pico, ahora sí. Quienes llegan con los deberes hechos (todos los trámites resueltos en la aplicación OCHA), disponen en el móvil de un código QR para agilizar algo su entrada. Lo principal, la presentación de un PCR negativo realizado en las 72 horas anteriores a la salida del primer avión hacia Japón. Un test que solo se podía realizar en una serie de laboratorios autorizados primero por Tokio 2020 o el COI y luego ampliados a una red más amplia gracias a la mediación del COE.

A continuación, el primer test de antígenos, de saliva, que todos los olímpicos pasan al llegar al país. Un positivo activa el protocolo de rastreo, contraste y cuarentena. Un negativo reduce a cuatro pruebas, los cuatro primeros días, el protocolo inicial. Luego, según el grado de proximidad de cada acreditado con los deportistas, cada uno tendrá que someterse a más o menos test hasta llegar a los 15 días de control exhaustivo en el país.

Tras otra revisión de documentos, los voluntarios se llevan la tarjeta de preacreditación y el pasaporte de los recién llegados, que aguardan mientras los resultados de los test. El proceso, pese a la larga lista de aplicaciones descargadas en los últimos días en el país de los robots, incluye anotaciones a mano en montañas de papeles de los de toda la vida, y una última pegatina en el pasaporte para los próximos 14 días.

Con el test superado, dos últimos filtros: control de inmigración y aduanas. A continuación, casi tres horas después de bajar del avión, las maletas han dejado de girar por la cinta transportadora, y esperan a que se las pueda llevar cualquiera camino del transporte olímpico al centro de Tokio. Un cartel de Hello Kitty con la mascarilla puesta regala un juego de palabras en inglés: «Stay safe for your stay (permanezca seguro durante su estancia). Old meets new (lo antiguo se encuentra con lo nuevo)». Aquí comienzan los Juegos de la pandemia.