De los penaltis no dijeron nada

Pablo Carballo
Pablo Carballo EUROCOPA2021

DEPORTES

FACUNDO ARRIZABALAGA

07 jul 2021 . Actualizado a las 00:53 h.

Una Eurocopa sin que España e Italia se crucen es una birria. En Italia, como aquí, saben que cada cuatro años, o cinco si son pandémicos, toca estudiarse al contrario porque antes o después el combate llega. La Gazzetta dello Sport escudriñó en la previa a la España de Luis Enrique. Le prestó elogios a Busquets: «No es un fanfarrón como Ramos y sabe guiar en silencio. El técnico le ha esperado tras el covid y España volvió». Esa punterita abajo, cuando Barella se enredó a puerta vacía, ya pudo justificar las flores. Le puso a Pedri etiqueta de genio: «Si sigue así, puede alcanzar las cimas de Iniesta». Palabras mayores, pero el canario sigue engrosando el expediente.

No crean que el examen de los italianos era solo un panegírico. «Una selección inexperta, con buenos chicos que juegan al fútbol sin garra ni travesuras», decían. Discutirle la garra a esta selección es discutirle demasiado. A España le diagnosticaron varias patologías: un portero capaz de heroicidades pero inseguro, unos centrales sin garantías para la alta competición y unos delanteros que fallan lo que una escopeta de feria. Unai Simón se pasó la semifinal pidiendo perdón por ese carrusel de extravagancias con las que acompaña sus reflejos, a Chiesa le bastó una baldosa para sembrar el pánico y Oyarzabal elevó el debate entre Morata y Gerard Moreno a la tercera potencia. De lo que no dijeron nada los italianos fue de los penaltis. Cuando Busquets marró el primero de la tanda ante los suizos, iban seis consecutivos errados. Ahí volvió a estar el talón de Aquiles de una España que fue mejor.