¿No nos gustan los lunes?

José Luis Losa EUROCOPA 2021

DEPORTES

Hannah McKayPOOL

29 jun 2021 . Actualizado a las 00:05 h.

Fue una de esas tardes de fútbol de la España de las agonías que conocemos históricamente. El partido de dientes de sierra recibió su primer tajo descarnado con una de esas mordeduras que perfectamente pudo amortizar los 90 minutos. Había que levantarse de la cuenta atrás en la que te deja un intento de quitarse la vida como el de Unai. Pero más allá del olfato de gol de Sarabia y de Ferrán, o de las prestaciones ofensivas de Azpilicueta, lo que brilló en Copenhague fue el sentido anímico de grupo con el que Luis Enrique ha blindado a los suyos. Ese chaleco antibalas iba a ser ya no puesto a prueba sino ametrallado cuando Croacia —Modric y diez más— sacó de sus entrañas, en los minutos de la basura, el gen ultracompetitivo que nace de los ancestros de la dinamitada Yugoslavia, la que nos dejó fuera de los mundiales de Alemania 74 y de Italia 90. Como desconocedora de que a los croatas no se les puede dar ni agua, la Roja no supo temporizar. Y en ese descalzaperros, nos clavaron dos puñales en mantequilla. La prórroga ennoblece a esta España a la que Lucho ha enseñado que, aunque Tassoti te rompa las narices sobre el descuento, no debes cejar de cabalgar en la adversidad. Y qué mejor recomposición de tabique vital que el de Morata.

Este lunes que emocionaría hasta a los Boomtown Rats aún se guardaba una Suiza fascinante y alienígena. Una ONU futbolística de africanos y eslavos que juega en una baldosa lo que los helvéticos nulos y neutrales no jugaron en un siglo. En ella lleva ocho apellidos suizos solo el que no puede llamarse Embolo, Shakiri o Mehmedi. Fue un Rodríguez el que tuvo en su penalti el botón nuclear para la voladura de Francia. Luego, Mbappé, ya empequeñecido ante Benzema y Pogba, permitió que los suizos abriesen las aguas del Mar Bleu y viesen la tierra prometida.