Insigne pretende ganarse el 10

DEPORTES

ELISABETTA BARACCHI | EFE

El futbolista del Nápoles es la baza más desequilibrante de la atrevida Italia de Mancini, que abre la Eurocopa con un duelo en casa contra Turquía

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A su mujer le había prometido que no habría más tatuajes, pero luego murió Maradona y en el muslo izquierdo de Insigne se dibujó la cara del 10. El napolitano comparte con su ídolo dorsal y equipo, además de un talento mayúsculo encerrado en un frasco menor. Este, dos centímetros más pequeño que aquel que dio forma al Pelusa.

A la diestra de Insigne también le falta talla para estar a la altura de la zurda del futbolista prodigio de la humilde Villa Fiorito. Ahí, en el origen, asoma de nuevo el lazo entre los dos: el portador de la chispa italiana nació en Vía Rossini, área depauperada de Frattamaggiore. Este municipio del Nápoles metropolitano luce en un mural de cuatro pisos el mismo rostro que adorna la pierna en la que se apoya Insigne cuando golpea el balón. También él fue un muchacho rebelde a quien tenían que arrancar de la calle a la hora de cenar. Allí «pasaba el día peloteando contra la pared. Desde las 7 de la mañana hasta que me llamaba mi madre. Se quejaban todos del ruido, pero mire, de algo me sirvió. Nunca rompí nada». Lo contó en una fenomenal entrevista en El País hace cuatro años, cuando aún se le discutía la condición de jugador franquicia en su club.

Ya nadie lo hace, como tampoco se pone en duda quién arrastra el peso de las luces en el equipo con el que Roberto Mancini pretende enterrar definitivamente el tópico asociado a su selección. Si la squadra azzurra conquista el torneo que hoy estrena en el Olímpico de Roma se sacudirá también un sambenito de conjunto cicatero que no se ajusta en absoluto a la versión actual. Este conjunto interesado en la circulación del cuero que, pese a la dura baja de última hora de Lorenzo Pellegrini, aún tiene talento joven de la talla de Chiesa o Barella para escoltar a su 10.

Exponentes del cambio de guardia en la primera campeona de Europa (es el único título continental en su palmarés) a quienes se suman el precoz meta Donnarumma, el genial centrocampista Manuel Locatelli, o el espectacular central Alessandro Bastoni, quizá el relevo con más dificultades para abrirse hueco. Porque la renovación de Mancini aún no alcanza a un sector capital. Chiellini ya compartió con Bonucci la zaga a la que España endosó cuatro goles en la final de Kiev. No hay más vestigios de aquel combinado dirigido por Prandelli en la favorita del grupo A.

La condición se apoya en los 23 encuentros sin conocer la derrota que Italia enlaza con su actual seleccionador y en los convincentes resultados de los últimos duelos de preparación. Más que el 7-0 a la flojísima San Marino, el 4-0 infligido hace solo una semana a la República Checa, que también participará en la competición. Marcó Insigne, aprovechando su 30 cumpleaños para acabar con una racha de año y medio sin hacer diana con la selección. Prórroga de una fenomenal campaña anotadora en el Nápoles —19 goles en un curso gris para el club— y reflejo de la perfecta adaptación al flanco izquierdo de ese ofensivo 4-3-3 similar al que destapó las virtudes del diminuto extremo. Fue en el Pescara de Zeman, junto a Immobile y Verratti, que hoy podrían acompañarle en el once frente a Turquía (el centrocampista lo tiene difícil porque sale de una lesión).

El adversario no es menor. Tuteó a Francia en la fase de clasificación y explota una solidez bien mezclada por Senol Gunes con el talento de jugadores como Calhanoglu o Yazici y el olfato de Burak Yilmaz. No le faltan recursos para complicar el estreno de esta Italia ambiciosa en la que Lorenzo Insigne pretende ganarse los galones que vienen prendidos de su dorsal.