«Este año Rafa Nadal no gana Roland Garros»

DEPORTES

IAN LANGSDON

09 jun 2021 . Actualizado a las 18:31 h.

Cada primavera sucede lo mismo. En esos quince días largos que dura Roland Garros, alguna tarde Nadal comete un par de dobles faltas y lanza dos derechas fáciles contra la red frente a algún jugador extramotivado y con talento. Y entonces llega, mitad lamento, mitad advertencia, la frase de todos los años: «Este año Rafa no gana Roland Garros. No anda bien». Son casi dos décadas viendo la misma historia, que incluye demostraciones de resistencia contra natura, puntos imposibles, comentarios hiperbólicos, superlativos manidos, elogios sobre el más mínimo detalle que acompaña a su equipo... Todo cansa. Es comprensible. De Nadal, obsesionado con sus rutinas, se ha destripado todo. No hay margen para la sorpresa. Algunos periodistas han contado hasta el número de botes que da antes de sacar, la forma como barre la línea de fondo, la colocación de las botellas de agua y las toallas, su manera de pisar o no pisar las líneas de fondo en su ritual de trastornos obsesivos compulsivos. El personaje resulta alérgico a las polémicas y los escándalos y solo dice lo que piensa, a veces, hasta de política (y bienvenido que sea así). Pero a la hora de rascar en novedades, Nadal no da para más si no fuera porque, en el fondo, lo importante es el tenis. Y, con la raqueta en la mano, resulta un personaje inagotable. Como este miércoles. Como siempre.

Las ganas por ser el primero que proclama la profecía de su declive recuerdan al elogio al penúltimo descubrimiento musical de un desconocido, al que el snob encumbrará solo hasta que su éxito lo aprecie una mayoría, porque entonces ya dejará de molar.

Con empate a un set y el marcador en contra, este miércoles cualquiera que charlase del partido se encontraría lo de siempre. «Este año Rafa no gana Roland Garros. No anda bien». Si no fuera porque el mejor Schwartzman, por el desgaste que suponen sus raquetazos salvajes para su cuerpo menudo, su falta de experiencia en partidos de primer nivel al mejor de cinco sets y hasta su vulnerabilidad bajo presión hacían esperar lo que sucedió. La victoria de Nadal. Otra vez.

Nadal, que ya tiene 35 años, caerá. Y caerá pronto. Porque ya tiene 20 grand slams y lleva desde los 16 compitiendo en la élite. Y entonces parecerá imposible que su derrumbe, el de un gigante, no haya llegado antes.