El Lugo hace real otro milagro y logra la permanencia en Segunda División

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Una reacción imprevisible, con un triunfo final en Vallecas, permite al equipo rojiblanco poner un final feliz a su liga más convulsa y asegurarse la décima temporada seguida en la categoría de plata

30 may 2021 . Actualizado a las 23:07 h.

Es difícil buscar explicaciones lógicas. La convulsa temporada del Lugo encontró un final feliz en Vallecas y la entidad rojiblanca afianza su leyenda en Segunda División. Un solitario gol de Manu Barreiro en otro penalti que sacó de la nada Gerard Valentín y un feroz ejercicio de resistencia sirvió para tumbar a un Rayo que aún así jugará las eliminatorias de ascenso. Los rivales directos de los lucenses fallaron, y también lo hicieron los de los madrileños.

Otra reacción milagrosa e inesperada permite terminar un trabajo que quedaba muy encarrilado cuando Saqués despidió a Nafti y llegó a parecer imposible cuando Luis César Sampedro dio el relevo a Rubén Albés. El joven técnico vigués centró sus esfuerzos en recuperar los ánimos por encima del juego, y sin alardes, consiguió el objetivo de asegurar una décima temporada consecutiva en la categoría de plata. Solo el Alcorcón, que cumplirá doce tras sellar también la salvación en la última jornada, acumula más tiempo en la antesala a la denominada mejor liga del mundo.

Una nueva oportunidad cuando casi todo el mundo daba por muertos a los lucenses y que dará la opción de cambiar las cosas que no funcionaron del todo bien en el Ángel Carro. El pasado curso fue Juanfran García quien reactivó a un equipo que parecía condenado tras las destituciones de Eloy Jiménez y Curro Torres. El exinternacional valenciano cogió el timón de un barco a la deriva y consiguió que todos sus integrantes remasen en la misma dirección para llegar a buen puerto con una remontada frente al Mirandés y tras 17 puntos de 21 posibles en el esprint final. La confianza de Tino Saqués en su salvador aguantó cinco jornadas en la nueva temporada.

Algo similar había ocurrido un año antes con Eloy Jiménez, y la duda ahora es si renovarán a Rubén Albés y si, tras once entrenadores diferentes, por fin optarán por un proyecto duradero. Al menos entre la afición, el crédito del ex del Hermannstadt rumano es menor que el de su predecesor. Cumplió el objetivo, pero su equipo sumó un único punto en sus tres primeras apariciones frente a la Ponferradina (2-0), el Zaragoza (2-2) y el Sporting (1-0). La reacción tampoco fue demasiado nítida contra un Mirandés frente al que le salvaron dos penaltis casi casuales (2-1) ni en el alocado empate de Albacete (1-1), y ante el Cartagena (2-1) fueron dos acciones de un Gerard Valentín desatado las que resolvieron (2-1).

La fe de una plantilla tocada por las lesiones, pero con el férreo liderazgo de futbolistas como Carlos Pita, Fernando Seoane o Iriome González, salvó la papeleta en un meritorio encuentro contra el Rayo Vallecano, pero los números ponen en evidencia que los bandazos de Saqués forjaron al peor Lugo desde su retorno a Segunda División. Solo en la campaña 2018-19 sumó un botín de puntos tan escaso como en la actual (47), y nunca hasta ahora se quedó por debajo de los 39 goles; esta vez fueron 38. La cifra de tantos encajados, 53, también figura entre las peores desde el desembarco lucense en la categoría.

El gran mérito de Albés y sus huestes fue reponerse a una racha negativa que acepta muy pocas comparaciones en las ligas europeas. Desde que vencieron 2-0 al Tenerife hasta que derrotaron 2-1 al Mirandés, se pasaron 17 partidos seguidos sin ganar y únicamente avanzaron seis puntos merced a seis igualadas. Con ese panorama, el Lugo llegó a ser penúltimo y situarse a cuatro puntos de la permanencia tras su derrota contra el Sporting en el Molinón en la jornada 38.

La situación provocó otro final agónico que nadie habría esperado durante el mandato de Mehdi Nafti. A las órdenes del franco-tunecino, el Lugo estuvo siempre en la zona templada de la clasificación y la prometedora irrupción de futbolistas como Juanpe o José Luis Rodríguez, el Puma, ilusionó a una hinchada que finalmente y contra todo pronóstico se vio abocada a sufrir.

Otro milagroso final feliz demuestra la capacidad de supervivencia de un plantel acostumbrado a caminar al filo del precipicio y otorga una nueva oportunidad de buscar una estabilidad que no aparece por el Ángel Carro desde los tiempos de Bouso y Quique Setién en el banquillo. Con un pie y medio en la Primera RFEF el entorno lucensista comenzó a hacerse preguntas. Nueve temporadas seguidas en Segunda parecen más que suficientes para amurallar el proyecto con una base social sólida, la la prometida ciudad deportiva y un impulso a la cantera. De esos pilares solo se aprecia un progreso en el trabajo de base.