El Barça tira a la basura el año de transición

P. Ríos COLPISA

DEPORTES

AFP7 vía Europa Press

Obligado a iniciar la reconstrucción que insinuó hace un año, el pésimo final de Liga ha estropeado un curso que sería prometedor con el título de Copa y si hubiese competido por la Liga hasta el final

23 may 2021 . Actualizado a las 16:17 h.

Aunque parezca extraño en un club de la magnitud del Barcelona, en esta temporada 2020-21 recién finalizada no se le exigía que conquistara los grandes títulos. Existía tal conciencia de que en el curso 2019-20 se había tocado fondo en lo deportivo, en lo económico y en lo institucional, rematado con aquel 2-8 ante el Bayern de Múnich en Lisboa, que el listón no estaba demasiado alto. Bastaba con que se compitiera hasta el final en todos los torneos con actitud, profesionalidad y entusiasmo. Y por eso todavía es más doloroso el balance final: hasta en eso se ha quedado corto. La imagen de las últimas jornadas de Liga ha sido lamentable y, desgraciadamente, es lo que queda.

Ya no vale ni como año de transición. Tiene más pinta de doce meses perdidos porque el propio Joan Laporta habla de «fin de ciclo» y de «proceso de renovación». ¿Pero eso no ocurrió ya en julio y agosto del 2020? El Barça ya va tarde en su nueva reconstrucción. No ha acabado en blanco, como el Real Madrid, pero el título de la Copa del Rey contra el Athletic no compensa una eliminación temprana en los octavos de final de la Liga de Campeones ante el PSG y, mucho peor, no tapa la horrorosa sensación de haber dimitido de la lucha por la Liga, desperdiciando una meritoria remontada en el tramo intermedio. Haber sumado solo un punto de doce ante Atlético y Real Madrid demuestra que en las grandes citas ha faltado competitividad, aunque lo que ha dejado sin Liga al equipo azulgrana ha sido pinchar en las dos últimas semanas ante Granada (1-2), Levante (3-3) y Celta (1-2). Con esos nueve puntos, el Barça hubiera sido campeón, si bien es cierto que todos los candidatos han ofrecido sus regalos. Increíble.

Ronald Koeman, antes de afrontar la semana en la que debería conocer si cumplirá su segundo año de contrato firmado hasta el 2022 en su día con Josep Maria Bartomeu, intuyendo que Laporta le ha puesto la cruz, ya se ha quitado la careta y en su última rueda de prensa, tras el 0-1 en Eibar, sabiendo que ya no iba a ver más a algunos jugadores, proclamó que en la plantilla que se encontró cuando cogió las riendas faltaba nivel y que estaba «menos hecha» que la del Atlético, campeón de Liga.

Koeman, en la cuerda floja Posiblemente tenga razón, pero los futbolistas que ha dirigido también tienen derecho a pensar que el entrenador neerlandés ha mostrado alarmantes carencias tácticas y falta de cintura durante los partidos más allá de su indudable compromiso con un club que ama y que quiso entrenar en un momento tan difícil que otros candidatos huyeron. Koeman, eso sí, ya mostró de otra forma que no le convencía lo que tenía cuando en verano y en el mercado de invierno pidió a tres jugadores que habrían sido baratos al acabar contrato con sus respectivos sus clubes en junio del 2021: el central Eric García (Manchester City), el centrocampista Wijnaldum (Liverpool) y el delantero Memphis Depay (Lyon). Pero el club, en pleno proceso electoral y sin dinero, no hizo caso al técnico.

Sin entrar en la crisis de los despachos, con un Bartomeu dando tumbos hasta que dimitió, dando paso a cuatro meses sin presidente hasta que Joan Laporta ganó las elecciones, todo comenzó mal para Koeman, quien tuvo que transmitir a Luis Suárez que no contaba con él en una decisión más de club que de vestuario que el entrenador asumió con valentía. Aunque viendo su rendimiento en el Atlético lo fácil es criticar al Barça por aquella decisión, lo cierto es que el ciclo del uruguayo en el Camp Nou estaba más que acabado por diferentes motivos deportivos y extradeportivos.

Bajo el paraguas de Messi, mandaba demasiado en un ambiente viciado. Al contrario, faltaron en ese momento más movimientos impopulares similares en la plantilla, pero económicamente, como sucederá ahora, era imposible dar salida a jugadores que saben que en otros clubes no cobrarán lo que tienen firmado en el Barça. El problema del adiós de Suárez fue que afectó a su amigo Leo Messi, quien pidió irse gratis ya a través de un burofax en una apuesta fallida, sin argumentos legales, que se transformó en una deprimente continuidad del '10' hasta que en diciembre resucitó y volvió a disfrutar del fútbol hasta proclamarse Pichichi con 30 goles, pero con menos peso en el juego que nunca y escasa trascendencia en los partidos clave del curso.

El trampolín de Pedri y la lesión de Ansu Barcelona

La ausencia de Luis Suárez estaba bien compensada con el paso al frente de un descarado Ansu Fati, quien a sus 18 años derribó la puerta que le abrió Ernesto Valverde con 16. Él fue el protagonista del inicio de curso con sus goles por encima de un Messi apático. Pero se lesionó de gravedad en noviembre ante el Betis y ya no pudo jugar más. Nunca se sabrá qué habría pasado si aquel Ansu lanzado en el Barça y en la selección española hubiese coincidido con el Messi más reconocible que se vio a partir de diciembre. Porque Griezmann y Dembélé han terminado otra temporada irregular, con buenos momentos y desapariciones inquietantes.

La energía de Ansu Fati era otra cosa. Con todo, el Barça ha acabado la Liga marcando 18 goles más que Atlético y Real Madrid. Luego se interpreta que hay más de un problema, no solo de efectividad, también de funcionamiento colectivo y de rendimiento defensivo, con un Ter Stegen también desconocido quizá por esa lesión de rodilla de la que acaba de ser intervenido en Suecia..