Un derbi contra la morriña en la liga de Nueva York

En la Cosmoleague americana se midieron dos equipos con futbolistas gallegos


El pasado fin de semana, bajo el puente Robert F. Kennedy, en Nueva York, disputaban el balón David Formoso y Eddie Lijó. Y desde los banquillos del campo de fútbol de Randall’s Island, dirigían a sus equipos los Lago y Javier Caamaño. Por los apellidos, podría parecer un domingo más de partidos frenéticos en la Liga da Costa, pero no, fue el derbi que enfrentó al Club Deportivo Iberia y el NY Galicia, que compiten en la Cosmopolitan Soccer League de la ciudad neoyorquina, con casi un siglo de vida tras de sí.

«Es una liga, digamos, amateur. Y tanto el Iberia como nosotros estamos adscritos a lo que sería la tercera división. Habíamos jugado amistosos antes, pero este fue nuestro primero partido oficial», explica Caamaño, de 33 años. Él nació en los Estados Unidos después de que sus padres, siendo poco más que unos adolescentes, emigrasen al otro lado del Atlántico desde Carnota y Lira. Una vez al año, Caamaño regresa a la tierra de sus antepasados porque no olvida sus raíces.

Hay gallegos en el Club Deportivo Iberia y también en el NY Galicia. Lo difícil era, pues, que tras el encuentro no hubiese un tercer tiempo con tapas y cerveza fermentada en A Grela. «En el Iberia, de los 24 que tienen ficha, 17 son españoles y entre ellos hay 11 gallegos», explica David Lago, muradano que a sus 40 años puede presumir de haber sido jugador, presidente y director técnico del Iberia. «Un multiusos», dice riendo. Los dos equipos están conectados por la Casa de Galicia, del barrio de Queens. Y con el paso de los años, ambas plantillas han ejercido de imán para jugadores de otras nacionalidades, como latinoamericanos e incluso algún turco.

Es una de las peculiaridades de la Cosmoleague, donde muchos de los equipos recogen denominaciones que aluden directamente a la emigración. En la categoría del NY Galicia compiten, por ejemplo, el Aurora FC —compuesto mayoritariamente por jugadores de origen chino—, el NYC Afghanistan o el Panatha USA —con raíces griegas—. «En esta liga, el 70 % de los equipos tiene un componente étnico. Hay bastantes de origen irlandés y albanés, antes había muchos italianos... Ahora, hay pocos que estén integrados al 100 % por ciudadanos de un mismo origen, pero a casi todos les pasa como a nosotros, que volvemos a casa dos o tres veces al año», razona Lago. Es decir, que a falta de Galicia, bueno es el fútbol para combatir la morriña.

«En los partidos hay que jugar para ganar; luego se trata de disfrutar»

El derbi entre el NY Galicia y el Club Deportivo Iberia se saldó con un triunfo por 3-1 para los segundos. Javier Caamaño, técnico y jugador a la vez, lo vio en esta ocasión desde el área técnica. «Yo suelo jugar de defensa. Pero es mucho más difícil dirigir desde el centro de la cancha», explica.

Con el aliciente de que el choque era el primer partido en competición para ambos clubes, hubo de todo: alguna que otra tarjeta roja, penas máximas, un tramo final agónico y, tras el pitido, empanada y tortilla. «Empezamos marcando a los cinco minutos. Luego, ellos fallaron un penalti. Nos pusimos con un 2-0 y, antes del descanso, el NY Galicia marca uno y a nosotros nos expulsan a un central. Salimos en la segunda parte, pasan diez minutos y uno de nuestros delanteros recibe otra roja. Y en los últimos 35 minutos, cayó un chubasco tremendo, casi como los de la Costa da Morte», dice David Lago. «Pero este fue a orillas del río Hudson», agrega riendo.

El NY Galicia vendió cara su derrota, y además lo hizo sin portero titular ni suplente, ausentes en la cita. «Y el chico que jugó en el puesto hizo un partidazo, realmente», cuenta Lago. «En los partidos hay que jugar para ganar; luego se trata de disfrutar. Con su victoria, el Iberia pasó a ser líder del grupo. Tras las tarjetas rojas se fueron atrás para defender», bromea Javier Caamaño.

No era un partido cualquiera, y así quedó patente en los alrededores del césped. Pese a la lluvia, medio centenar de aficionados se acercaron al campo de Randall’s Island para asistir al espectáculo, con el aliciente de que entre los jugadores, a un lado y al otro, había caras conocidas y también amigos. «Intentamos ayudarnos los unos a los otros. Y el Iberia es casi como un equipo de categoría regional de los que arrastra a su gente por los campos de la provincia. Antes de la pandemia, podían venir habitualmente unas 50 o 60 personas», cuenta Lago. Pasaron los noventa minutos y allí plantaron dos carpas de comida. Porque el covid-19 se ha llevado por delante hasta las tradiciones de toda una vida. «Antes solíamos reunirnos en la Casa de Galicia o el Centro Español, pero ya no se puede», dice Lago.

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