Teresa Portela: «La medalla ya la he ganado con estar en 6 Juegos. Y no la cambio por nada»

Convertida en la deportista española con más participaciones en ediciones olímpicas, la piragüista gallega cree que con el tiempo valorará más lo que acaba de lograr


El pasado viernes Teresa Portela (Cangas, 5 de mayo de 1982) hizo historia ganándose el derecho a ser la primera deportista española en participar en seis ediciones de los Juegos Olímpicos. Confiesa que le falta tiempo para asimilar el alcance de su proeza y, sin embargo, su subconsciente parece tenerlo interiorizado cuando declara que siente que tras el selectivo del K1 200 y con su trayectoria de dos décadas en la élite mundial en la mano «ya he ganado una medalla» de rango olímpico.

—Desaparecidos los efectos de la adrenalina del selectivo, ¿siente que le ha cambiado la vida?

—No… [Carcajada] Mi vida sigue igual que hace una semana. A nivel personal, claro, ganar la plaza para Tokio es una satisfacción muy grande. El primer objetivo de esta temporada estaba centrado en ese 9 de abril. Contenta con la recompensa.

—Pero no todos los días se convierte una en la deportista con más participaciones olímpicas de su país. De hecho, usted es la única en España con más sellos olímpicos que aros tiene la bandera del COE…

—Bueno. Lo valoro mucho. Evidentemente, estoy contenta, por haber ganado el selectivo, por la prueba en sí, por haber conseguido la plaza para Tokio y también por que sean mis sextos Juegos y de alguna manera hacer historia en el deporte español. Pero entiendo que con el tiempo valoraré más, si cabe, las seis participaciones.

—Vamos, que todavía no se lo termina de creer.

—¡Hombre! Es que es… Sí. Probablemente con el tiempo lo valore más. Ahora mismo estoy en una burbuja, con el objetivo de centrarse en Tokio. No hay tiempo para recrearse mucho. Estoy contenta con los sextos Juegos. Pero sobre todo, por estar y haber sido capaz de mantenerme en la élite estos 20 años, con objetivos tan grandes de por medio como este.

—Llevaba año y medio sin competir. ¿Cómo se ha notado? ¿Reconoció sus sensaciones en el agua?

—Sí. Sí las reconocí. Al final en los entrenamientos también hay momentos de tensión, de test que simulan la competición. Evidentemente una competición es una competición, y te añade adrenalina extra; e iba con las ganas de competir tras tanto tiempo, de verme otra vez en la línea de salida. Realmente en el selectivo me encontré bien en todo momento; rápida, fuerte. Las sensaciones en general fueron muy, muy buenas.

—Sin rival en el K1 200 en el país, tras cosechar en el 2019, el último año de normalidad competitiva, su decimoquinta medalla en un Mundial y la plaza hispana en Tokio, la Federación Española la obligó a pasar una criba a menos de cuatro meses para los Juegos. ¿Siente haber sido sometida a un desgaste innecesario y perjudicial frente a sus futuras rivales olímpicas?

—No. No creo. No. Cuando conseguí la plaza en el Mundial ya sabía que no era para mí, que era para España, y que tendría que superar un selectivo. Todavía estamos en abril. Quiero pensar que esto forma parte de la preparación y que todavía me falta trabajo hasta agosto, para ahí sí, llegar en mi mejor forma.

—¿Cuál es ahora su hoja de ruta hasta coger el avión a Japón?

—Pues seguir los entrenos en el Centro de Tecnificación, entre el río Lérez y Verducido. Iremos a la Copa del Mundo y al Europeo, para seguir el ritmo de otros años y verme con respecto a las demás rivales para sacar conclusiones y pulir detalles. Si sale bien no significará nada, y si sale mal, tampoco.

—¿Siente que en Tokio le aguarda un ajuste de cuentas?

—No lo sé. Yo solo quiero prepararme, llegar en buenas condiciones, estar segura de mi forma física, encontrarme fuerte. Poder centrarme en mí, hacer mi competición y ser capaz de dar todo lo que tengo, lo mejor de mí. ¿Que me gustaría una medalla olímpica? Sí. Pero tampoco tengo una obsesión excesiva por esa medalla. Si llega, llega, y si no, no. Mi satisfacción personal de cada año, de cada día, es trabajar y trabajar e ir consiguiendo esos objetivos que me planteo. Son muchas satisfacciones las que llevo. Trabajo con mente ganadora e intento ser cada día mejor. Si llega la medalla, bien. Si no, considero que mi medalla ya la conseguí el otro día, con participar en seis Juegos. Eso para mí es una medalla y tiene mucho, mucho mérito, para mí, llevar 20 años en la élite. Yo siento que he ganado una medalla. Y que no la cambio por nada.

«Vamos mi K4: Daniel (Brage), David, Naira y yo»

Portela deberá competir en Tokio sin los que han sido sus resortes anímicos en sus grandes citas los últimos años, su marido, David Mascato, y su hija, Naira, al prohibirse la presencia extranjera en los Juegos al margen de las delegaciones deportivas.

—Si usted es la alumna perfecta, ¿qué tipo de mentor es Daniel Brage? ¿Qué porcentaje de sus laureles en estos 12 últimos años le corresponde a su entrenador?

—Alumna perfecta no sé [Carcajada] Desde que en el 2009 empecé a entrenar con Daniel, para mí es una tranquilidad. Es una persona trabajadora, disciplinada, a la que no le importa echar horas y horas para que yo llegue en buenas condiciones para intentar conseguir el objetivo. Me transmite mucha tranquilidad y seguridad. Yo soy la que rema. Pero cuando tengo un éxito no considero que sea todo gracias a mí. No sé el porcentaje, pero él tiene mucho que ver, claro.

—Y mientras completa su hoja de ruta hasta Tokio, a seguir disfrutando de Naira y su marido, ¿no?

—Sí. Al final mi vida no solo es trabajo, también es mi familia. Yo entiendo que es importante disfrutar durante todo este recorrido, e intento disfrutar de mi familia. Entiendo que es clave estar bien en todos los aspectos de tu vida. Eso al final se plasma en el objetivo. Es fundamental tener un equilibrio en tu vida.

—La compañía de los dos ha sido en los últimos años su motor anímico extra en las grandes citas.

—Sí. Siento que son como mi equipo. Vamos como digo yo mi K4: Daniel, David, Naira y yo. Cada uno aportándome lo suyo. David (ex canoísta olímpico) tranquilidad, porque ya conoce el deporte de élite; y como fisio, me conoce y sé que pase lo que pase, con él voy a estar bien. Y Naira (7 años) también me da tranquilidad. Y me gusta mucho que viva cómo es el deporte; el trabajo, el sacrificio, los valores que transmite y que se necesitan para conseguir algo. No solo es decírselo, sino que lo palpa y lo ve. Para mí es súper bonito que ella lo viva. Me aporta un extra de fuerza.

—¿Ha pensado ya cómo va a gestionar la ausencia obligada de su hija y su marido en los Juegos?

—No. Aún no. Aún no pensé en eso. Tocará ver cómo haré.

—No sé si usted es de las que proyectan sus objetivos. Si es así, ¿dónde se ve al acabar la mañana del 3 de agosto —día de la final olímpica del K1 200—?

—Es que eso es muy difícil [Risa] Me veo encima de no sé donde, pero con una sonrisa siempre. No sé si encima del podio o en una silla. Pero me veo con una sonrisa.

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