Valverde, el antídoto azulgrana

El uruguayo, novedad en el once del Madrid y goleador en el Camp Nou, fue un puñal en la derecha, guio la contra del 1-0 y disparó al poste


colpisa

Después de revelarse como uno de los nombres propios del Real Madrid en la temporada pasada, Fede Valverde ha pasado este curso a un segundo plano. Opacado por el excelso nivel de Luka Modric, Toni Kroos y Casemiro, el uruguayo se ha visto relegado al banquillo, a ser una solución para Zidane cuando necesita músculo en el centro del campo o cerrar una banda.

Enjaulado, el «Pajarito» apenas había disputado 938 minutos en Liga antes del clásico, el decimotercero en la plantilla blanca, con únicamente diez titularidades en 29 jornadas. Pero Zidane tenía un plan para Valverde en la visita del Barcelona a Valdebebas, y el '15' no defraudó.

Acostado en el extremo derecho del 4-4-2, el charrúa fue un alfil sobre el tablero para el maestro galo. En su acometida principal, desactivó por completo las subidas de Jordi Alba, una pieza clave en el libreto de Koeman y su 3-5-2 que naufragó en Valdebebas. El lateral azulgrana prácticamente no pisó el área de Courtois, se quedó en solo tres centros mientras Valverde estuvo en el campo y perdió la posesión en once ocasiones. En el debe del madridista, que Alba le ganó la partida en la jugada del 2-1, aunque una vez Zidane lo retiró del césped, la proyección ofensiva del catalán se desató.

Con todo, fue en ataque donde Valverde se tornó crucial en un clásico pasado por agua. Explotando su poderío físico, el uruguayo abrió en canal al Barcelona con sus cabalgadas por la banda. Entró por la derecha como un cuchillo en mantequilla y así fabricó la jugada del 1-0 cuando ni siquiera se había cumplido el primer cuarto de hora. La acción no llevaba peligro alguno para el conjunto azulgrana cuando Valverde agarró el balón en su propio terreno, más cerca del área que de la medular incluso. Aceleró y fue ganando metros en conducción, dejó atrás a Jordi Alba y se plantó en tres cuartos de campo. Para entonces ya se habían encendido las alarmas en el Barça. Lenglet y Busquets le encimaron y el 15 blanco aprovechó para dividir y dejar solo a Lucas Vázquez en la banda. El lateral gallego centró y la magia de Benzema hizo el resto.

Más adelante, ya con el 2-0, Valverde pudo sentenciar en un contragolpe letal. Modric lanzó a Vinicius con medio campo por delante y el brasileño cedió el balón al charrúa, que llegaba a la carrera al segundo palo. Sin embargo, el disparo seco y cruzado del madridista lo escupió el poste cuando Ter Stegen no podía hacer ya nada. Habría sido el segundo gol de Valverde ante el Barcelona después de abrir el marcador en el 1-3 de la séptima jornada en el Camp Nou.

De Jong, tres posiciones

En clave azulgrana, la posición de Frenkie de Jong estaba en el centro del debate en la previa del clásico. ¿Central como en los últimos cinco partidos o interior diestro como en enero y febrero, cuando marcó cinco goles en poco más de un mes? Pues primero una y luego la otra.

Y entre medias, una tercera, de pivote. El centrocampista neerlandés empezó en la medular, a la derecha de Busquets, y aunque fue uno de los más destacados del Barcelona en la primera parte no fue capaz de domar al trío que formaban Modric, Casemiro y Kroos. Ya en la segunda parte, hizo las veces del 5 azulgrana cuando este dejó su sitio a Sergi Roberto. Y en el tramo final ocupó el puesto de central, eso sí, en línea de cuatro y no de tres, cuando el Barça se volcó sobre la meta de Courtois. Pese a todo, De Jong naufragó en el diluvio madrileño, incapaz de imponer su fútbol ante los que aspira a suceder como mejores mediocampistas del mundo.

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