El caso Fuenlabrada como legado oscuro de Irene Lozano al dejar el Gobierno

DEPORTES

AFP7 vía Europa Press

La presidenta del CSD abandonará su cargo para incorporarse a la lista del PSOE por Madrid

24 mar 2021 . Actualizado a las 20:39 h.

Irene Lozano dejará la presidencia del Consejo Superior de Deportes (CSD) para incorporarse a uno de los primeros puestos de la lista del PSOE, que encabeza Ángel Gabilondo, en las elecciones a la Comunidad de Madrid del 4 de mayo. Había sido nombrada secretaria de Estado para el Deporte el 28 de enero del 2020, cuando tomó el relevo de la exesquiadora María José Rienda y se convirtió en la segunda mujer que ocupaba este cargo.

La madrileña deja un legado repleto de sombras. Aterrizó en el CSD como una paracaidista, con un perfil más político e incluso como periodista o escritora, que ligado al deporte, y nunca se le vio a gusto. También es cierto que le tocó lidiar con un tiempo tan inesperado como convulso por culpa de los desafíos de la pandemia. Ahora se va a solo cuatro meses de los Juegos Olímpicos más inciertos de la historia.

Su principal éxito radicó en el retorno de las competiciones profesionales de fútbol y baloncesto, en una gestión que llegó a ser aplaudida por la OMS. Sin embargo, este protocolo también generó más de un conflicto por la desigualdad entre categorías (fuera de Primera o Segunda recomendaba, no obligaba, la realización de test) y hasta la ausencia de un criterio único a la hora de dar por finalizadas las competiciones en el resto de deportes.

Lozano fue capaz de sentar en la misma mesa a Tebas y a Rubiales, junto a los que firmó el Pacto de Viana, que posibilitó la vuelta del fútbol profesional durante el confinamiento, a cambio de más dinero de la Liga para el fútbol modesto y el deporte español. En Galicia, no obstante, la figura de Lozano siempre quedará marcada como ejecutora final del no a la Segunda de 24 equipos que acabó apartando al Deportivo del fútbol profesional, después de que el club coruñés no pudiese jugar en igualdad de condiciones la jornada final de la pasada temporada contra el Fuenlabrada.

Tras criticar la actuación de la patronal en las primeras horas del escándalo, se alineó luego con las tesis de Tebas, al que en noviembre rechazó inhabilitar, con motivo de la denuncia del Deportivo y el Numancia en torno a aquel partido. Ambos clubes imputaban al presidente de la Liga abuso de autoridad, falta muy grave de las reglas del juego por adulteración de la competición, conflicto de intereses e incumplimiento del protocolo covid-19. Pero ninguno de sus argumentos convenció a Lozano.

Esta resolución provocó, en una medida apoyada incluso por sus compañeros de partido, que el pleno del Ayuntamiento de A Coruña pidiese su dimisión, o que el Gobierno la despidiese de forma fulminante, «por premiar coa súa decisión a quenes incumpliron as normas deportivas e sanitarias, e castigar ás únicas vítimas que cumpliron con todo en todo momento, e converterse desde ese momento en cómplice dos reiterados incumprimentos da LFP e do Fuenlabrada, das manobras de Javier Tebas pai e de Javier Tebas fillo e dos seus escuros intereses familiares relacionados co Fuenlabrada».

Bajo la presidencia de Lozano, el CSD auspició la firma del primer convenio colectivo del fútbol femenino, pero sus buenos propósitos no han valido por ahora para que la Primera Iberdrola se convierta en una competición profesional.

La inhabilitación de Tebas o una nueva Ley del Deporte, retos que deja en el cajón

La anunciada salida de Irene Lozano de la presidencia del Consejo Superior de Deportes deja en el cajón varias patatas calientes que quien le suceda deberá abordar con premura. La primera vuelve a señalar a Javier Tebas, al que esta vez la Federación Española (RFEF) ha pedido su inhabilitación por favorecer, como máximo responsable de la Liga, al Granada y al Fuenlabrada, clubes a los que, según la RFEF, estaría ligado familiar y profesionalmente.