José Luis Huelves: «No nos querían ni cobrar en las tiendas»

El actual directivo recuerda lo que en los años ochenta suponía jugar en el Liceo


Antes de que iniciados los noventa el Deportivo se convirtiera en Superdépor y tuteara a los grandes del fútbol español y europeo, hubo un club en A Coruña que marcó el camino. Era el Liceo Caixa Galicia de hockey sobre patines. Sus jugadores eran auténticos ídolos no solo en su ciudad, sino en toda Galicia, y tal era la pasión que desataban que incluso los futbolistas querían se jugadores de hockey. Uno de esos referentes era José Luis Huelves (Madrid, 1959), durante años considerado el mejor portero del mundo. Cuatro décadas después es directivo del club verdiblanco en una nueva etapa iniciada hace un par de temporadas con el objetivo de reverdecer viejos laureles. Cómodamente sentado en el salón de su casa recuerda aquella época: «Lo que yo viví en A Coruña con el hockey, poca gente puede decirlo. No nos querían cobrar ni en las tiendas. Era una locura todo», recuerda.

-¿En qué se ha convertido aquel jovencito madrileño que llegó un día a Galicia con ganas de triunfar?

-Pues en un jubilado del hockey y prejubilado de la banca, que se adaptó perfectamente a su nueva vida cuando dejó ambas facetas. Primero jugué al hockey, luego compaginé con el banco y finalmente me centré en este último aspecto. Ahora trato de disfrutar la vida haciendo muchas cosas.

-¿Qué le ha dado más alegrías el Liceo o Caixa Galicia?

-En ambas facetas me sentí realizado. Y en las dos empecé desde abajo y fui creciendo. En el banco, comencé de ordenanza y pasé por todo tipo de departamentos antes de dirigir diferentes sucursales. Entre las cosas de las que estoy un poco orgulloso está que me siento responsable de que la banca electrónica de Abanca se extendiera por toda Galicia. La gente me decía: «¿Cómo puedes compaginar?». Pues lo hacía levantándome muy temprano, saliendo corriendo de trabajar para irme a entrenar y llegando a casa tarde.

-Esos esfuerzos parecen impensables en los jugadores de ahora.

-Bueno, tenemos un grupo que compaginan muy bien los estudios con el hockey. Pero sí es cierto que quizá había otra mentalidad. Ahora, creen —y generalizo, no hablo del Liceo— que les llega con el hockey para realizarse luego en la vida profesional. Nosotros lo veíamos como algo más corto.

-Se retiró joven.

-Y más que joven me habría retirado. Lo hice con 33, pero con 30 ya había dicho que era el momento del adiós. Con 14, 15 años ya estaba en Primera División. Me fui a Reus con 18 y desde entonces nunca tuve cerca a la familia. Creé la mía en A Coruña, pero viajar cada quince días se hace muy duro. Y, bueno, ya trabajaba y creía que era el momento. Me pidieron que me quedase. Aguanté un poco más, pero luego ya frené.

-¿Agotamiento mental?

-Y físico. Un poco de todo. Ramón [Canalda] ya estaba ahí y el difunto Caramés había decidido, además, un sistema un tanto raro de que nos alternáramos, la primera vuelta uno en casa y otro fuera, y la segunda al revés. No sé. Todo influye y antes de que me dijeran que era suplente, preferí decir que era retirado (se ríe).

-Y no se ha vuelto a poner las guardas.

-Pues no. Dije, me retiro y me retiro. Soy como los toreros, nací portero y moriré portero. Pero de ahí a que me ponga las guardas... Ni para una pachanga. Bueno, sí, me lo pidió Martinazzo para su despedida. Pero nada más. Hasta hoy. Y hace 34 años.

-¿Usted ha sido el último gran portero de la vieja escuela. De los que divertían al espectador?

-(Silencio y evita responder a la pregunta, pero su argumentación equivale a un sí). Antes patinábamos muy bien abajo. Sí, puede decirse que éramos más espectaculares. Luego cambió la portería a la actual, que casi medía un palmo más... Y cambió el físico de los porteros. El material fue fundamental. El mío era de cuero, que para que rebotara la bola había que empujar. Ahora rebota sola. Yo creo que el que marcó un poco el cambio hacia la nueva forma de parar fue Carles Folguera.

-Iban también más desprotegidos.

-(Se ríe). Bastante. Y chutaban muy fuerte. Cuando nos pillaban bien, podíamos llevar el huevo frito marcado durante un mes.

-Aquella época del Liceo fue la leche.

-Y tanto. Los que la vivimos somos unos auténticos privilegiados. Pocas personas han podido disfrutar una época así. Nos trataban como ídolos. Salías a la calle, la gente te paraba. Ibas a cenar y a tomar unas copitas y regresabas a casa sin gastar nada. Es que no nos querían cobrar ni en las tiendas (se ríe). Ibas a comprar un pantalón y te decían: «Llévatelo que ya me lo pagarás».

-¿Le agobiaba mucho?

-¿A quién? ¿A mí? En absoluto. Había compañeros que no les gustaba ser tan conocidos... Yo no. Es que esa gente, gracias a la cual estás ahí, te trate así... Recuerdo un día en el cine. Había dos sesiones. Y, entre la primera y la segunda, el cine lleno y se dieron cuenta de que estábamos allí. De repente, todo el recinto gritando: «¡Liceo, Liceo, Liceo!». Fue emocionante.

En corto

-¿Usa reloj?

-Sí

-¿Qué coche tiene?

-Un BMW

-¿Le gustan los coches?

-Bueno, en parte sí. Pero el coche vive para mí, no al revés.

-¿Cocina?

-Alguna cosita que otra. Pero normalmente es doña Conchi la que cocina. Eso sí, hago unas croquetas de jamón muy ricas.

-¿Una comida?

-Cualquier cosa que no sea coliflor o repollo. Quizá por el tema deportivo, lo que siempre me ha gustado más es la pasta, pero como de todo.

-¿Bebida?

-Coca Cola. Pero ahora, con los años, me tengo que cuidar (risas), por eso bebo menos. Alcohol, muy poquito. Una cervecita alguna vez y un vinito tinto con mucha gaseosa.

-¿Es creyente?

-Sí, pero no practicante.

-¿Monárquico?

-(Pausa). Bueno, no. Sinceramente, no.

-¿Una película?

-Me gusta todo tipo de cine. Pero, bueno, cualquiera de los Monty Python.

-¿Música?

-Un poco de todo, también. Pero, si tengo que decir alguno, Rolling y Beatles.

-¿Series?

-He visto y me gustó La casa de papel. Alguna más empiezo pero luego me aburre.

-¿Lectura?

-Tengo una colección que se llama Historias de la historia. Son pequeños relatos contados desde otra perspectiva.

-¿El mejor jugador con el que ha compartido vestuario?

-Entre Agüero y Martinazzo. Cada uno tenía lo suyo.

-¿Y portero?

-Carles Trullols.

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