La enfermera que ayudó a Paco Jémez: «En casos así no puedes perder ni un minuto y él actuó»

Carmela Badía, la sanitaria que auxilió a un hombre que sufrió un infarto en A Zapateira, destaca la pronta reacción del técnico


María del Carmen Badía, Carmela para sus allegados, es una enfermera jubilada. Repartió su dilatada trayectoria sanitaria entre el Chuac coruñés y el Hospital Puerta de Hierro. En el centro madrileño se ocupaba en el quirófano. El pasado lunes por la mañana, como hace con cierta frecuencia, jugaba al golf en A Zapateira con su marido y con una amiga. Su partida transitaba tranquila por una calle paralela a la del hoyo 10, ese en el que el exjugador del Deportivo y actual entrenador Paco Jémez asistía ya a Ignacio sobre el green tras sufrir un infarto.

Badía conocía personalmente a Jémez, afincado en A Coruña y jugador con hándicap 3. «Paquito», se refiere a él afectuosamente. Menos a Ignacio, aunque como socia del club había coincidido varias veces con él en las instalaciones. «De vista sí sabía quién era. Solía estar siempre con el mismo grupo de amigos. Te ves por las calles mientras juegas y te saludas», describe la enfermera, que recuerda perfectamente el momento en el que percibió que algo grave ocurría a unos cuantos metros de su partida. «Estaba jugando y vi a un grupo de gente arremolinada en torno a un señor que estaba tirado en el suelo. Me di cuenta al momento de que estaba pasando algo y salí corriendo hacia allí. Como profesional de la salud, reaccionas en automático. Estaba jugando y al momento la cabeza ya tiene otra idea centrada en lo que tienes que hacer. Actúas como un resorte», dice consciente de lo que supone una vida como sanitaria.

«Su corazón se ralentizaba»

«Cuando llegué hasta ellos, Ignacio estaba semiinconsciente, con síntomas de estar sufriendo un infarto y Paquito había empezado ya a darle el masaje cardiorrespiratorio. En esos casos no puede perderse ni un minuto y él empezó a actuar. Su actuación fue clave para haberlo salvado», destaca sobre la reacción de Jémez. Badía trató de valorar en cuestión de segundos el estado de Ignacio: «Comprobé si respiraba, y le faltaba oxígeno. No fui capaz de cogerle el pulso. Su corazón iba ralentizándose. Me di el relevo en el masaje con Paco hasta que llegó la ambulancia, que tardó un rato. Estábamos de rodillas sobre el suelo y nos íbamos turnando porque es una maniobra profunda y te agota», recuerda la enfermera sobre el momento de mayor tensión.

Primera reanimación en la calle

En su nutrida experiencia, Carmela Badía se ha visto en incontables ocasiones ante una reanimación como la que estaba practicando sobre el green de A Zapateira. Pero nunca le había sucedido la urgencia en el exterior de su puesto de trabajo.

«Me había visto en casos similares pero dentro de un hospital. Allí, cuando se da una parada cardiorrespiratoria, tienes un carro de material específico con todo preparado y una máquina que hace masajes. Tengo experiencia, pero nunca me había visto en una así en plena calle», reconoce. Cuando la ambulancia llegó hasta el green era el turno de Badía en el masaje. «Me dijeron que siguiese mientras ellos bajaban los aparatos y preparaban las cosas para intervenir». Los sanitarios completaron las maniobras, ayudados ya por tecnología, y se llevaron a Ignacio con pulso al hospital. «Ese día la partida se terminó, claro. Nos fuimos a casa muy preocupados por ese hombre», recuerda. A Carmela la llamó la mañana siguiente el personal del club de golf: «Me dijeron que lo habían ingresado y estaba estable. Fue una satisfacción enorme saber que salió adelante. Ojalá se recupere y vuelva pronto a casa». Ignacio avanza en su recuperación.

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Mañana del pasado lunes en el club de golf de A Zapateira, en A Coruña. Dos partidas que se cruzan. A un lado, junto al green del hoyo 10, tres jubilados acaban de llamar al 061 para pedir una ambulancia. A sus pies, tendido en el verde, yacía su compañero Ignacio. Acababa de darle un infarto. No respondía a ningún estímulo. No respiraba, no tenía pulso y había tomado un color entre morado y azul.

Por el hoyo de enfrente, transitaba en otra partida de golf Paco Jémez junto a un amigo, dos habituales del club coruñés. Jémez advirtió casualmente, al levantar la mirada de su siguiente hoyo, la angustiosa escena que se estaba viviendo en el diez. «Fue una casualidad, estábamos a unos 50 o 60 metros. Levanté la vista y lo vi en el suelo. Me di cuenta de que algo pasaba y salí corriendo hacia allí», cuenta el técnico. Los tres acompañantes le gritaban a Ignacio pidiéndole que aguantase. «Se habían quedado bloqueados. Era gente mayor y no sabían cómo proceder. Estaban esperando que la ambulancia llegase».

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