Jorge Mira: «El fútbol juega un rol pernicioso»

El físico Jorge Mira se rebela ante la supremacía del balompié en la sociedad en detrimento de otros deportes


Posee un currículo académico y profesional más extenso que la estepa rusa. Siempre tuvo orden para los estudios y de ahí sus continuos éxitos. Una dedicación que no le impidió atender al mundo del deporte. «Es más, si no fuera por el deporte no hubiera podido seguir el ritmo académico y profesional que llevé», explica. Es el físico Jorge Mira (Baio, 1968), un referente de la ciencia en Galicia.

-Lo suyo con el deporte es un idilio desde niño.

-Pues sí. Desde que en el colegio jugué al balonmano, nunca paré. He de reconocer que esta disciplina tampoco ha sido la que más me apasionó nunca, pero era lo que se practicaba en la escuela y ahí me apuntaron. Lo que para mí supone mi verdadero inicio en el mundo del deporte es cuando comencé a practicar taekuondo. Me sirvió de base para otras muchas actividades. Me aportó importantes patrones de entrenamiento y una gran higiene mental. Puede decirse que con el taekuondo comenzó todo (se ríe). Y no creo que tenga por qué ocultar que me siento muy orgulloso de mis logros deportivos como aficionado.

-No se corte. Cuente, cuente...

-Como le decía, comencé en el colegio con balonmano. Y ahí también me inicié en el ajedrez. Mi equipo fue subcampeón provincial. Me enfrenté a grandes jugadores, incluso extranjeros. En taekuondo hice el de la WTF (el olímpico) y luego mi gimnasio se pasó al ITF. Y fui ganando cosillas. Un campeonato de la Costa da Morte y algún torneo de técnica. A continuación me metí en el mundo de los bailes de salón. Yo no era muy bailongo, pero tenía una coordinación buena gracias al taekuondo, así que se me dio muy bien. Fui campeón gallego junto a la pareja que tenía. Llegué a la universidad y una profesora creó una estructura de esgrima, así que ahí me apunté. También practiqué atletismo y saqué mis resultados en populares. Ahora, pues hago natación. Soy el actual bronce gallego de ochocientos libre en categoría máster. También nado en aguas abiertas. Gané la travesía de la ría de Cabana y fui segundo en el trofeo Costa Abanca. Además, hice parapente... Ah, y cuando practicaba ajedrez, me convertí en la primera persona de la Costa da Morte en tener ránking internacional ELO.

-Pare, pare, que no acabamos. En su casa no cabrán los trofeos.

-Pues entre mi hermano y yo sí que ganamos unos cuantos, además de medallas. Orgullo hay de sobra en casa.

-Salvo el balonmano, todos los deportes de los que me habla son individuales. ¿Significa que no le gusta el trabajo en equipo?

-No. Significa que no me gustan los deportes de pelotas. A mí me gusta competir contra otros, por superarme a mí mismo... Pero los deportes de equipo consisten, generalmente, en meter un balón en un sitio. Ahí el protagonista es la pelota. A mí me gusta que el protagonista sea el deportista.

-Además de practicar, ¿consume deporte como espectador?

-Trabajo doce horas diarias y no me queda mucho tiempo para practicar y luego verlo. Pero cuando puedo sí que me gusta. Lo único que no soporto es el fútbol.

-¿Es de los que piensa que ha perdido la esencia deportiva?

-No, no es por eso. Nunca me gustó. Creo que juega un rol pernicioso, porque reprime recursos de otras disciplinas. No me parece justo que no se le dé mérito a gente de otros deportes. Gente como María Vilas, Bea Gómez... Que pasan horas y horas. Gente como Gómez Noya o Iván Raña, que crearon escuela en Galicia, capaces de unas marcas que dan miedo... Que cojan un metro y miren la distancia que salta, por ejemplo, Ana Peleteiro. Es más difícil hacer eso que que un futbolista meta un gol.

-Una vez más destaca logros de deportes individuales.

-Es que es verdad. Mire, le he dicho varios deportistas que están a un nivel extraordinario y que tienen muchísimo más mérito que los de deportes de equipo, por muy importantes que sean. Pero es que ahora voy a hablarle en concreto de dos: Gómez Noya e Iván Raña. Primero, nada 1.500 metros, luego cuarenta kilómetros en bici y para acabar aún les quedan diez más de carrera. ¿Cuántas personas son capaces de hacer eso con los tiempos que ellos lo hacen? Pues solo unos elegidos. Pero luego hay un reparto muy desproporcionado de los recursos y no me parece justo que personas hacen tanto trabajo y tienen tanto mérito no reciban un retorno económico ni siquiera parecido.

-Por eso mejor haberse dedicado a la física que al deporte, ¿no?

-Mire, fui compañero de promoción de Santi Fraga, campeón de España absoluto de 400 metros vallas. Y eso que coincidía con José Alonso Valero, el mejor español de todos los tiempos en esta disciplina. Él compaginó estudios y atletismo. Su eclosión llegó en el último año de carrera y recuerdo que me decía: «Jorgiño, el deporte de élite no es salud». Pues eso, ni era salud ni dinero.

-Y las lesiones han truncado más de una carrera prometedora.

-No es mi caso (carcajada). Eso sí, le diré que me pasé el confinamiento lesionado. Yo siempre fui una persona cuidadosa. Cometí errores de joven que ahora no cometería, lo que me llevó a tener algunas lesiones. Pero pienso que tengo una cultura deportiva buena. Aprendí mucho a base de prueba-error. Y ahí es donde me gustaría reivindicar el importante rol de los entrenadores. Antes es cierto que no había el nivel de ahora, pero con el que hay en estos momentos, creo que es muy necesario trabajar con expertos. Y por eso le doy mucha importancia a la educación física en la escuela.

-Históricamente, los profesores de Ciencias, de Historia, de Lengua... despreciaban la Educación Física como asignatura. ¿Es usted la excepción o algo ha cambiado?

-Es que a mí me parece fundamental la educación deportiva en Primaria y Secundaria. Y que haya horas lectivas de esta asignatura, no le tiene por qué quitar peso al resto. Pienso que bien organizado hay tiempo para todo.

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