Julio Delgado, entrenador del Burela femenino: «El fútbol no era para los bajitos»

El técnico salmantino hace historia con el mejor club femenino de fútbol sala


La historia de amor entre Burela y el fútbol sala fue un flechazo, pero hay unos cuantos responsables de que la llama siga encendida tras varias décadas. Julio Delgado González (Salamanca, 1969) es uno de ellos. Fue el pichichi del Cefire que dio el salto a la División de Honor a finales del pasado siglo, y poco después llegó al Pescados Rubén. En la entidad naranja ejerció de futbolista, entrenador de base y ayudante técnico, fue el máximo responsable del equipo masculino cuando debutó en Primera y desde hace un lustro lidera a las féminas. Ganar los seis últimos títulos en juego lo ha convertido en el mejor club femenino del mundo. Los Futsalplanet Awards también encumbraron a Julio, el segundo entrenador de mujeres más valorado en todo el globo.

—¿Se ha parado a pensar si su vida sería muy distinta si no hubiera llegado a Burela en 1998?

—Es difícil decirlo. Llevo aquí 23 años, y eso es porque me han tratado muy bien. Tuve la suerte de encontrar mi sitio en la vida, y me ha permitido desarrollarme personal y deportivamente. No sé si mi vida hubiera sido muy diferente, pero estoy orgulloso de haber caído aquí.

—¿Recuerda sus inicios?

—Empecé como todos los críos jugando al fútbol, pero me llamó la atención el fútbol sala y compaginé los dos deportes. El fútbol sala me tiró mucho más, con 15 o 16 años ya jugaba con los adultos en Salamanca, y a partir de ahí todo fue muy rápido. Con 20 años estaba en la selección española y pasé por varios clubes de Primera antes de llegar a Burela.

—¿Por qué prefirió el fútbol sala?

—Por entonces el fútbol era mucho más físico, todavía no era para los bajitos que mueven bien la pelota. El fútbol sala permite tener mucho más contacto con el balón y, tal y como yo lo entiendo, te hace pensar mucho más porque es muy rápido, muy enérgico. Me cautivó porque soy una mente inquieta, me gusta enfrentar esos problemas que se dan en cada lance, por eso me apasionó y me sigue apasionando.

—¿Cuándo se convierte la afición en un trabajo?

—Un hobby lo será siempre. En el momento en el que no disfrute con ello me buscaré otra cosa. Se convirtió en mi forma de vida desde muy joven, me permitió compatibilizarlo con mis estudios de Derecho, y mi familia me ha acompañado en todo. Mi mujer se vino conmigo a Galicia en cuanto tomé la decisión.

—Es una persona familiar, ¿le costó salir de casa tan joven?

—No fue fácil. Somos una familia de cinco hermanos y era muy joven, pero quería perseguir mi sueño. No quería irme solo, pero cuando se lo propuse a mi pareja me animó. Ella ha sido mi apoyo siempre, sin ella no habría conseguido nada de esto. Ha habido alguna pena, pero estamos haciendo un viaje extraordinario.

—¿Disfruta más como jugador o como entrenador?

—Sin duda, el protagonista es el jugador y se disfruta más dentro de la pista, pero cada uno tiene que encontrar su espacio. El otro día, sin ir más lejos, en Alicante, disfruté muchísimo. Me sentí muy involucrado en el partido. A lo mejor otros lo viven de una manera más tranquila, pero yo me siento importante porque me veo capaz de aportar armas a las jugadoras, que son las protagonistas. Está claro que el trabajo se hace toda la semana, pero también se necesita un apoyo con soluciones durante los partidos. En eso me encuentro de maravilla, estoy muy contento con mi rol, pero sin duda me quedo con la etapa de jugador.

—¿Aún se viste de corto en pachangas?

—El cuerpo ya no me lo permite. Sí que lo hacía con las chicas de vez en cuando, a un ritmo más bajo durante las tareas de calentamiento, pero las rodillas no me permiten muchas licencias. De vez en cuando, salgo a pasear, hago algo de bicicleta y también juego algún partido de tenis suavecillo.

—Solemos poner al deporte masculino como referencia. Usted ha estado en los dos lados. ¿Qué puede aprender un conjunto masculino de su equipo?

—Está claro que hay cosas en las que los hombres están un paso por delante, sobre todo porque llevan más años trabajando y tienen más visibilidad, aunque en ese sentido hemos tenido avances. Hay muchas cosas en las que no tienen nada que ver el fútbol sala masculino y el femenino. Por lo que yo veo, las chicas son más agradecidas, disfrutan mucho más cada victoria y tienen una entrega del 100%, no saben parar.

—¿Ve avances reales?

—Es que para avanzar hace falta mucho trabajo. Ninguna disciplina se aprende porque sí. En Burela es verdad que hemos avanzado muchísimo, pero nos dedicamos mañana y tarde todos los días al fútbol sala. Ver a mi equipo hoy es una gozada, los sistemas de juego que domina, la madurez que tiene... Hay talento, hay una gran plantilla, pero sobre todo trabajo. Nos hemos profesionalizado, pero la mayoría de los equipos aún hacen tres o cuatro sesiones por semana, casi es más un hobby.

en corto

Apasionado del fútbol sala, Julio Delgado admite que rara vez desconecta.

—¿Tiene algún referente?

—Me encanta el jugador menudo, con cabeza. Este es un deporte de engaño, de pillos. Me fijo en Ricardinho, y en el fútbol están Messi y Maradona. A mí me marcó Raúl, que sin ser un 9 ni un 10 siempre sabía dónde tenía que estar y qué tenía que hacer.

—¿Le queda algún sueño por cumplir en el deporte?

—Nunca me había planteado que podíamos ser el mejor club del mundo, y yo a nivel personal el segundo mejor entrenador. Veo que mi equipo mantiene el hambre, nos ilusiona seguir ganando, vamos a por otra liga y ojalá podamos jugar una Champions.

—¿Cómo desconecta?

—Es difícil, pero no me parece un problema porque el fútbol sala es mi pasión. Disfruto pasando horas delante de un ordenador o una pizarra para preparar un entrenamiento.

—¿Tiene alguna otra afición?

—Me gusta mucho el ajedrez, aunque no lo practico todo lo que me gustaría. También veo mucha televisión, soy muy cinéfilo y consumo muchos documentales, especialmente de temática deportiva.

—Su hijo Julio juega en el Ourense CF. ¿Cómo lo ve?

—Siempre he intentado ser un ejemplo en todos los ámbitos y he sido muy exigente con él. Está intentando labrarse un futuro en el fútbol y sabe que es una vida grata, pero que exige sacrificios. Los dos han heredado mi gusto por el deporte; El pequeño, Pablo, estudia Periodismo y ya ha hecho sus pinitos en retransmisiones del Burela.

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