La paradoja del ajedrez: furor en Netflix, pero desplome de licencias

«Gambito de dama» disparó el interés por las partidas a través de internet, pero la federación gallega alarma por la fuerte caída de federados


Redacción

El confinamiento sentó a muchos aficionados delante de las pantallas. Las partidas online ocuparon el tiempo de encierro obligado. Gambito de dama puso el jaque y encandiló a los que no conocían ni las piezas. Enganchó y acercó al público a un deporte que requiere exigencia, constancia y esfuerzo.

La moda estaba ahí, pero la realidad que vive el ajedrez a nivel federativo es bien distinta. Cuando todo el mundo busca su Gambito de Dama particular —una de las muchas aperturas que tiene el juego y que dio nombre a la popular serie de Netflix—, la federación busca recuperar una normalidad ahora desdichada.

La crisis provocada por el coronavirus canceló torneos y ligas. Provocó un parón importante y una caída en picado del número de federados. Moda y éxito frente a realidad. El auge online no repercutió a nivel federativo, puesto que no es necesario tener licencia para jugar. «Llevamos quince años incrementando el número de federados. Iba poco a poco, pero el porcentaje iba creciendo», afirma Gaspar Pérez, presidente de la Federación Gallega de Ajedrez. Pero llegó marzo y todo se paró. «Los campeonatos dejaron de celebrarse y nosotros mismos cerramos la puerta a federar. Si no había competición no tenía razón de ser», explica.

Agarrarse al optimismo y la esperanza es lo que les queda. Este mes será clave para su futuro. Con solo 300 licencias, con respecto a las 4.600 de las que gozaban el año pasado, la pelea por mantenerse será su objetivo. «La semana que viene sacaremos las inscripciones de equipos, pero calculamos un descenso total de un 30 % este año», vaticina Gaspar Pérez.

El miedo de los participantes a permanecer mucho tiempo en sitios cerrados o la imposibilidad de mantener la distancia de seguridad durante una partida, son algunos de los factores que provocan la retirada de jugadores.

Las escuelas también viven una situación parecida. El hecho de que muchos colegios hayan eliminado las actividades extraescolares este curso trajo como consecuencia que el número de alumnos descendiese drásticamente. «De los veinte cursos que daba el ejercicio pasado pasado, ahora tengo cuatro. Mantengo a los niños que juegan para competir, pero tengo muy pocos alumnos en fase de iniciación», relata Jesús Rodríguez, director de la escuela Xadrez Brétema en Ribeira.

Las clases a través de videollamada fueron la clave en un momento donde todo el mundo tuvo que reinventarse para salir adelante y encajar las piezas en un tablero que ahora busca equilibrio.

«Si hay una inscripción mínima del 50 % por categoría, habrá liga»

Con un calendario aprobado el pasado mes de julio, la federación baraja poder arrancar la temporada a finales de febrero. Pero, «todo depende de cómo marchen las cosas», admite Gaspar Pérez.

Un inicio que ya supondría un retraso de mes y medio respecto a lo que viene siendo habitual en el curso de ajedrez, pero aún así el objetivo es cumplir todo el calendario deportivo y hacer la liga completa, aunque sea en grupos más pequeños. «Nuestra temporada va de enero a diciembre y ahora mismo tendrían que estar las competiciones abiertas, las ligas organizadas y todos preparados para comenzar a finales de este mes, pero tenemos todo parado. No hemos iniciado ninguna competición salvo alguna a nivel individual», se lamenta.

Aún así, y conscientes de que la caída de participación es real, ya se han preparado para ello. «Aprobamos en asamblea que, si hay una inscripción mínima del 50 % con respecto al año anterior, en cada categoría y división, la realizaremos», anuncia el presidente.

Partidas que se reducen de 90 a 60 minutos, uso de mascarilla y toma de temperatura son algunas de las normas que marca su propio protocolo. «Iremos incluyendo más medidas, adaptándonos a la situación. Escaparemos de aglomeraciones y no dejaremos más de 24 jugadores por sala», afirma. Los test de antígenos, aunque no están marcados como obligatorios, «tenemos previsto hacerlos al inicio y al final de campeonatos individuales que duren más de un día», sentencia.

Una nueva generación de jugadores gallegos emergentes

Beneficia la capacidad de concentración, mejora la creatividad, eleva el coeficiente intelectual o ayuda a resolver problemas. Estos son solo algunos de los factores positivos que aporta el ajedrez. Requiere perseverancia, pero el que lo prueba, se engancha. O eso dicen algunos de los jugadores con mayor potencial en Galicia. La cara más visible y mejor jugador de nuestra comunidad es Iván Salgado. Empezó con 6 años gracias a un pique con su hermano y a los 16 ya era el gran maestro más joven de España. La precocidad es algo que une a los talentosos en este deporte.

Mireya Represa tiene 19 años. Se inició con 5 por su padre, pero la que la enganchó de verdad fue su profesor en el colegio Los Sauces de Vigo. Tanto es así que con 18 consiguió el título de maestra FIDE y cinco campeonatos de España por edades entre el 2010 y el 2018. Ahora combina su pasión con la nada desdeñable carrera de Bioquímica en Valencia. «No quiero tener que elegir entre la carrera y el ajedrez, son mis dos pasiones», deja claro Mireya. Achaca la ausencia de mujeres a la falta de referentes a los que seguir, y se propone como meta a corto plazo la disputa de unas olimpiadas. Se celebran el año que viene y «creo que son alcanzables», aclara con la misma seguridad con la que ejecuta sus movimientos en una partida.

En las futuras generaciones destaca el noiés Iago Fernández. Con 11 años ya ha sido tres veces campeón gallego. Su madre, Loli Fernández, destella orgullo cuando habla de él. Se inició gracias a sus primos cuando tenía 5 años, pero tuvo que esperar a cumplir los 6 para que lo aceptasen en la escuela. Su último campeonato de España en Granada no fue todo lo bien que él quisiera. El uso de la mascarilla con su problema de asma le jugaron una mala pasada que pretende revertir en cuanto la situación se lo permita. Le gustan todas las aperturas, pero si juega con negras es devoto de la defensa muro de piedra. Su mejor recuerdo hasta ahora es un partida contra un maestro FIDE. «Le jugó al niño lo que acababa de publicar en un libro y le ganó», recuerda su madre entre risas.

David Cernadas no fue tan precoz, pero sin embargo supo auparse como el resto a la hora de ganar torneos. Con 8 años le pidió a su madre que le apuntase a un curso que ofrecía el concello de A Pobra do Caramiñal. Ese fue el inicio de un vínculo que pretende ser inquebrantable. Con 11 años se coronó campeón gallego y con 12 volvió a repetir un título que espera revalidar cuando se puedan retomar las competiciones.

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