Alberto Abalde: «No vine con expectativas de ningún tipo, sino a disfrutar»

El gallego aterrizó en el club blanco este verano y se ha asentado como un hombre clave en la rotación de Pablo Laso


Cuando la selección española de baloncesto levantó en Japón su primer título mundial en el 2006, Alberto Abalde (Ferrol, 1995) no había cumplido los once años. Hoy, con 24, comparte vestuario en el Real Madrid con Rudy Fernández, uno de aquellos campeones. Pasó de Valencia a la capital en un abrir y cerrar de ojos el pasado verano. «Para mí era un sueño estar aquí, la apuesta del Madrid era clara también», reconoce tras protagonizar una operación exprés. El gallego, en su primera temporada de blanco, ya ha ganado un título, promedia 22 minutos de juego y más de 7 puntos por partido en Liga y se va hasta los 8,8 en competición europea.

—Su adaptación ha sido espectacular y su rendimiento inmediato.

—La verdad es que sí. Tanto mis compañeros, como los entrenadores, como la gente del club me han puesto las cosas muy fáciles, ayudándome desde el primer día para integrarme, para adaptarme a todas las novedades en un club tan grande como el Madrid, que tiene muchas peculiaridades y una gran exigencia. La verdad que estoy contento. Y concentrado, porque la temporada es larga y todavía queda mucho proceso de adaptación. Y de mejora. Estoy concentrado en el día a día, pero satisfecho por estos primeros meses.

—Pero es que ha ido muy bien, ¿diría que mejor de lo esperable?

—No venía con unas expectativas de ningún tipo. Venía... pues a disfrutar de cada momento, a disfrutar ese momento tan importante para mí, que era fichar aquí. Sinceramente, y se lo digo de corazón, sin contarle la película que quiero, venía con la cabeza muy limpia, centrado en el día a día y en la tarea, que era grande. Era adaptarme a muchas cosas nuevas, a una nueva ciudad, a un club diferente, muy grande, e integrarme en un equipo ganador, que ya estaba formado y que lleva muchos años ganando títulos. Estaba muy preocupado, de hecho estoy muy preocupado y centrado en el día a día. Sin pensar en todo lo demás.

—Qué siente cuando echa un vistazo al banquillo y ve a Rudy, JC Carroll, Llull, Tavares, Randolph... Gente que lo ha ganado todo.

—Es una gran ilusión. Sin duda. Los currículos que ha dicho se extienden a todos mis compañeros. Si te pones a ver el palmarés de los últimos diez años, desde que llegó Pablo aquí, con esta base de jugadores, es espectacular. Es una gran motivación compartir vestuario con ellos. Y hay una gran exigencia dentro, de querer seguir ganando y de seguir exigiendo el máximo en cada partido. Para mí es un gran reto y estoy muy feliz de afrontarlo.

—Han perdido Campazzo, con el que se le vio mucha sintonía.

—Sí, muy buena relación. Hemos compartido vestuario poco tiempo, pero en estos meses fue muy bien con él. Es un gran compañero y sabía que también era un gran jugador, pero me sorprendió su faceta humana. Tengo muy buena relación y justo ayer estuvimos hablando un rato y me contaba cómo le iba en Denver y cómo fue su llegada allí. Estoy muy agradecido de poder haberlo tenido de compañero estos meses y me llevo en el recuerdo haber jugado con él y levantado un título juntos.

—Usted entró en las quinielas del draft del 2017, ¿no le da cierta envidia lo que está viviendo?

—Bueno. A ver, la NBA es algo muy bonito para todos los jugadores. Es la mejor liga, donde están las grandes estrellas y los mejores, pero a mí el baloncesto europeo me gusta muchísimo y el estar aquí es un sueño. Sinceramente, ya lo decía cuando estaba en Valencia y lo mantengo, estoy muy centrado aquí. Para mí esto es un grandísimo reto y no pienso en aquello para nada.

—¿Alguna pega desde que llegó?

—Por poner alguna, podría decir que arrancamos mal en Euroliga, pero creo que ahora estamos en una situación distinta. En ACB estamos imbatidos todavía y en Euroliga hemos encontrado una solidez importante y una mejora en el juego. A nivel de resultados y de clasificación hemos mejorado mucho, estando ya donde tenemos que estar y sabiendo que esto es muy largo.

«La exigencia de ganar todos los partidos es constante»

El apellido Abalde va ligado al balón naranja. Su padre, exprofesional y entrenador; su hermana, jugadora; él, continúa la saga. A Alberto le toca pasar esta navidad en Madrid. Entre la pandemia y el calendario se las han arreglado para unas fiestas obligar a unas fiestas separados. Pese a la distancia, siente el apoyo.

—Viniendo de la familia que viene, tiene que estar entusiasmada.

—Sí, para mi familia es un gran orgullo que esté jugando con los mejores y luchando por lo máximo.

—En cada declaración se le nota que ha asumido ese discurso del Real Madrid de que hay que intentar ganar todos los títulos, ¿ya le tiene ganas al Barça?

—Sí, claro. Desde el primer día. Aquí hay una exigencia constante de ganar todos los partidos y de luchar por todos los títulos. Desde el primer partido, lo he notado. Cuando llegas a un club como el Real Madrid, tienes que adaptarte a esa exigencia diaria, que yo creo que parte del trabajo del día a día y que el equipo la tiene inculcada. Se marca desde dentro del vestuario. Los entrenadores también, evidentemente, pero somos los propios jugadores los que nos la marcamos en el día a día.

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