Javier Gómez Noya: «Este año ha sido duro a nivel mental»

Del drama de la pandemia, el pentacampeón mundial de triatlón en distancia olímpica solo salva la calma de no viajar y estar con la familia. El domingo cierra la temporada en Daytona


La extraña temporada de la pandemia termina el domingo para Javier Gómez Noya (Basilea, 1983) en un escenario también extraño. En el Speedway de Daytona (Florida), el icónico óvalo del automovilismo americano. Días antes de partir hacia Estados Unidos, el pentacampeón mundial de distancia olímpica repasó con La Voz el desgaste al que la incertidumbre del covid también le sometió a él.

—En enero hacía su resumen del 2019: «Fue un buen año, compitiendo en diferentes distancias y pasándomelo bien». Casi puede hacer ya un diferente resumen de este extraño 2020 pandémico.

—A nivel deportivo, no ha habido muchas pruebas. No se le va a olvidar a nadie, pero esperemos que sea el último así. Para mí ha sido un año de transición, duro mentalmente. Lo ha sido para todos por la incertidumbre de si había Juegos, si había determinadas carreras, si algunas se aplazaban... Al final, la mayoría se cancelaron. Son contratiempos a nivel deportivo, de ingresos, de patrocinadores, de falta de carreras. Los triatletas, como otros sectores, lo pasan mal.

—Decía que ha pasado un año duro mentalmente.

—Sí. El año ha sido duro a nivel mental. Los deportistas estamos acostumbrados a planificar y marcarnos objetivos, pero ahora estos aparecen y desaparecen. En marzo y abril era importante cambiar el chip por la grave situación, dejar el deporte en segundo plano y no estresarse, sino asumirlo y estar en casa tranquilo. En esa situación puedes trabajar cosas técnicas que no haces otros años porque no tienes tiempo o no te lo puedes permitir. Creo que los más veteranos lo llevamos con paciencia; imagino que con 23 años, cuando empiezas a ganar carreras a nivel internacional, si te paran esa progresión es un palo cuyas consecuencias desconoces.

—Pero, para un veterano, este año ya no vuelve.

—Es la parte negativa. Yo quería disputar los Juegos en el 2020 y también el ironman de Hawái antes de pasarme definitivamente a la larga distancia, y ese cambio no va a poder ser aún. Al ir a Tokio, tengo que alargar mi apuesta por la distancia olímpica otro año y tendré luego menos opciones en la larga, al restarme una oportunidad. Es lo que hay. Sigo con ese plan. Puedo llegar bien igualmente a los Juegos.

—¿Llegó a plantearse no ir a los Juegos al ser en el 2021 y volcarse ya en el ironman?

—No. No sé si es lo ideal para mí, pero lo asumí y ya está.

—En el confinamiento hizo sesiones más largas de rodillo, nadó en una piscina de jardín...

—Al principio no sabes cuánto va a durar el confinamiento, y realicé mucho rodillo y suplí las sesiones de natación con esa piscina improvisada, pero no hice animaladas como otros. En unas semanas ya me tomé las situación como un final de temporada, para descansar o regenerar. Paré y en mayo empecé una pretemporada como si fuese diciembre, para llegar fuerte a final de año.

—¿Cómo afecta el parón a un deportista de 37 años? ¿Ha habido molestias que se le hayan ido?

—Siempre tengo una molestia en el tendón de Aquiles y parar me vino bien. No me gustó estar confinado, pero dejar de viajar me dio bastante paz, dada la locura de vida que llevo. Aprecié estar tranquilo en casa, con la familia y los amigos, aunque al principio no nos pudiéramos ver. Estar quieto tiene sus cosas buenas. En esta segunda ola ves los efectos económicos de la pandemia, que no nos lo podemos permitir, y te preocupa la nueva incertidumbre. 

—En el 2019, cuando regresó a la distancia olímpica tras probar el ironman, quería ser tan rápido como antes, algo muy difícil. ¿Se puede ser en el 2021, con 38 años, tan rápido como en el 2017, antes de ser un ironman?

—Creo que sí. Los Juegos se correrán en distancia olímpica, con calor y será una prueba rápida desde el inicio sin que se especule. Ahí creo que tengo opciones.

—Este año extraño también compitió a cubierto. En la Superliga en Róterdam la bici era en rodillo, la natación en piscina y la carrera en cinta. ¿Lo ve un exportable para el invierno en países con mucha lluvia, por ejemplo?

—Es un formato fácil de retransmitir y se puede llevar el espectáculo a grandes ciudades. Pero tampoco me gustaría que el triatlón se convirtiera solo en eso, en espacios cerrados.

—Este 2020 ha representado una vuelta a su adolescencia. Cuando estaba vetado por la federación española por su valvulopatía y buscaba pruebas en circuitos alternativos o en Francia.

—Sí, hay similitudes. Entonces tenía que buscar carreras así por motivos muy diferentes. Este año podía ir a pruebas de la ITU [la federación internacional], pero no me parecían demasiado interesantes. El Grand Prix de Francia tiene nivel y le tengo cariño porque lo disputo desde el 2005 con buenos resultados. Estoy a gusto allí, los viajes son fáciles y las carreras tienen nivel.

—Otro paralelismo: ha retomado un espíritu contestatario para criticar la devaluación del Mundial, que se redujo a un solo día y en distancia esprint. Y no fue.

—He dicho las cosas como las siento, y respeto lo que hicieron los demás por sus intereses. Yo, a estas alturas de mi carrera, no iba a hacer una prueba esprint. Que la ITU convirtiese esa carrera de Hamburgo en el Mundial y en esa distancia me pareció una medio chapuza. Dejaba nuestro deporte como algo no muy serio, y decidí no ir.

—Aún así, en el 2021 las Series Mundiales de la ITU serán su base para preparar los Juegos.

—Sí, mi idea es esa. Si hay un calendario normal de la ITU, haré varias pruebas de distancia olímpica para preparar los Juegos.

—¿Cuál de los nuevos jóvenes le parece más prometedor?

—Los noruegos [Kristian Blummenfelt, Caspers Stornes y Gustav Iden] no son tan jóvenes, luego está el Alex Yee, pero sus intereses son diferentes a los de los hermanos Brownlee, que buscan otro tipo de carreras. El joven que más me gusta, por capacidad física, por cabeza y porque parece que lleva corriendo dos décadas, es el neozelandés Hayden Wilde. Con solo 23 años ya logró el bronce y la plaza olímpica en la prueba test de Tokio, ya ha ganado carreras, y es muy duro en distancia olímpica.

«Los dirigentes deben dar la talla con la pandemia porque nos jugamos mucho»

Javier Gómez Noya evitará este invierno su habitual pretemporada en Nueva Zelanda, el país de su mujer, la también triatleta Anneke Jenkins. «Las cuarentenas allí son de 14 días al llegar, en un hotel que pone el Gobierno. No sales de la habitación, y te llevan la comida a tu cuarto. Mientras dure la pandemia estaremos por aquí, y después de Tokio ya se verá».

—¿Qué opinión tiene de la pandemia ahora?

—Se ha visto que hay gente responsable y otra que no lo es, gente a la altura y otra no. Espero que nos sirva para valorar lo afortunados que éramos con las vidas de antes de la pandemia, y que nos ayude a mejorar, como todo lo complicado que te ocurre en la vida. Confío en que no se repitan los errores, haya más anticipación y no nos cojan tan desprevenidos estos problemas, porque es posible que esta no sea la última pandemia. Otros países lo han afrontado mejor; ahí los dirigentes deben dar la talla porque nos jugamos mucho.

—Su mujer es neozelandesa. ¿Cómo ven allí la situación de Europa?

—Están asustados con lo que ocurre en España y en Europa en general. El suyo es un país muy aislado, en el que es muy fácil gestionar las fronteras, y también lo hicieron muy bien. Si el Gobierno paga estancias de 14 días en hoteles, hacen PCR y se lo pueden permitir, mejor. Ellos hicieron un confinamiento duro en marzo pese a tener solo uno o dos muertos y pocos casos; se confinaron menos tiempo que aquí y, tras erradicar el virus, cerraron las fronteras. Se ven afectados por el turismo internacional, pero el interior sigue funcionando, hay partidos de rugbi multitudinarios. Su economía se ve menos resentida, y ven en Europa hay un lío importante.

—Las inminentes vacunas deberían de permitir la celebración de los Juegos, pero quizá con aforos reducidos.

—Si hay restricciones, se hará raro, pero lo primero es que los Juegos sean seguros para todos. Si quedan algo desangelados, qué le vamos a hacer.

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