El final de Maradona reabre el debate eterno

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DEPORTES

Argumentos para la elección imposible del mejor de la historia entre el Pelusa, Messi, Pelé, Di Stéfano y el influyente Cruyff

29 nov 2020 . Actualizado a las 09:58 h.

Si se hiciera una encuesta planetaria entre futbolistas, entrenadores, críticos, hinchas, aficionados de a pie y apasionados de las estadísticas, no habría duda. Alfredo Di Stéfano, Edson Arantes do Nascimento, Pelé, Johan Cruyff, Diego Armando Maradona y Leo Messi, con permiso quizá de Cristiano Ronaldo, ganarían por mayoría absoluta como los mejores jugadores de todos los tiempos. Mucho más difícil y controvertida resulta la elección del mejor de la historia al influir colores, equipos, nacionalidades, gustos, trascendencia social del personaje, márketing y, sobre todo, las edades de los consultados. No se pueden medir épocas tan diferentes, desde los años 50 hasta nuestros días. Aunque el deporte rey es universal, poco tienen que ver el viejo fútbol con el moderno. Ni las tácticas, que han variado de jugar con cinco delanteros a hacerlo solo con uno e incluso un falso ariete, ni la preparación física, ni la alimentación, ni los cuidados de la salud de los profesionales, ni la estrategia, ni los marcajes, brutales en tiempos del Diego y mucho más livianos en la era Messi.

¿Hubiera brillado tanto Leo en época del italiano Gentile o de centrales como Andoni Goikoetxea? ¿Se imaginan a la Saeta Rubia encarando a los veloces y potentes atletas de la actualidad? Hoy, sería impensable, por ejemplo, ver a una estrella como Cruyff fumando tranquilamente en los descansos de los partidos. O esas humaredas tremendas que hace no tantos años hacían irrespirable el ambiente en los autobuses de los equipos tras los partidos. Qué decir sobre la evolución de los materiales, de las botas, los balones y el césped. Aquellos patatales y esos esféricos que pesaban como piedras y volaban a base de patadón y tentetieso no son equiparables a los ligeros cueros de ahora, balones de playa por los porteros, ni a esas alfombras hechas de pasto.

Alfredo Di Stéfano: El jugador total

El primer grande fue don Alfredo, símbolo de la época. El argentino nacionalizado español revolucionó el juego hace unos 70 años e hizo del Real Madrid el equipo más ganador del planeta. Para muchos mayores, se trata del más completo porque podía actuar y destacar en cualquier demarcación, hasta de portero dicen. Di Stéfano marcaba, pasaba, lideraba, peleaba y contagiaba a sus compañeros de su carácter ganador.

Tras crecer en Argentina y pasar por Colombia, en 1953 recaló en el Real Madrid de Santiago Bernabéu tras una operación siempre muy criticada por el Barça, que ve detrás una mano negra del régimen franquista. Cambió para siempre la historia del club blanco, del que fue también entrenador y presidente de honor con Florentino Pérez y hasta su fallecimiento en 2014. El Real Madrid no hubiera sido el mejor club del siglo XX sin Di Stéfano, ejemplo de generaciones pasadas y venideras. Llevaba 20 años sin celebrar un título de Liga, pero con el todocampista conquistó ocho torneos de la regularidad y, sobre todo, cinco Copas de Europa consecutivas. Su gran lunar, no haber disfrutado de ningún Mundial con la selección.

Edson Arantes do Nascimento: O Rey Pelé

Cuando dejó de brillar la saeta, se encendió la de Pelé en Brasil. O Rei jugó toda su carrera en el Santos, salvo una etapa final en el New York Cosmos, pero su leyenda, al contrario que la de Di Stéfano, se forjó en la canarinha. Policromático, Pelé es el único que ha conquistado tres Copas del Mundo. Con solo 17 años, el más joven en hacerlo, celebró el de Suecia en el 58, volvió a festejar el título cuatro años después en Chile y se encumbró en México 70 con una selección brasileña recordada como uno de los mejores equipos de siempre.

Máximo goleador de todos los tiempos, si bien solo 767 de sus 1.284 tantos fueron en partidos oficiales, Pelé es el padre del jogo bonito que después siguieron compatriotas como Ronaldo, Ronaldinho o Neymar. Delantero rapido, exquisito, entregado a los regates, la fantasía y el gol, dibujó algunas dianas inolvidables y otras que ni siquiera llegaron a entrar. Por ejemplo, el gol de los cuatro sombreros en la final de ese Mundial ante Suecia y el de la placa que le dedicaron en Maracana por ese tanto al Fluminense tras regatear a siete adversarios.

Johan Cruyff: El líder de la naranja mecánica

Cruyff no fue el mejor, quizás ni siquiera el quinto si se atiende a los números de CR7, pero tiene que ocupar posición de privilegio por liderar de una revolución que continúa hasta nuestros días. Su legado es impresionante en el campo y en el banquillo. Como enganche, delantero o entrenador, propugnó un cambio de modelo absoluto, un fútbol total en el que primaban el balón y la versatilidad de los jugadores. Convirtió a Holanda en la mejor selección que hubo sin Mundial y transformó al Barcelona en un equipo de ensueño. El gran equipo azulgrana de Pep Guardiola, y por ende la selección española que se coronó en dos Eurocopas y un Mundial con el tiqui-taca, bebieron del influyente Johan y su naranja mecánica.

Diego Armando Maradona: El dios

Casi todo se ha escrito de Maradona, que hasta el día de su muerte no ha dejado a nadie indiferente. Su relación de amor con el balón no se ha visto hasta que salió Messi. Si Di Stéfano era un todocampista bárbaro y Pelé un delantero único, Maradona fue un malabarista de esa pelota que llevaba cosida y tanto mimaba. El 10 que nació entre la pobreza en Villa Fiorito, en los arrabales bonaerenses, fue un líder. Le cosieron siempre a patadas pero incluso lesionado o infiltrado, se las ingeniaba para hacer magia sobre el campo desde los 16 años y sobre todo en el Nápoles. Hizo dos veces campeón del scudetto a un club menor y también en la capital del sur de Italia se introdujo en los bajos fondos. Un vida llena de excesos. En Argentina se le perdona todo. Le consideran un dios eterno porque con su descomunal actuación la albiceleste conquistó el Mundial de México 86 y vengó la afrenta inglesa en la Guerra de las Malvinas. Aquel gol tramposo con la mano, inimaginable en el fútbol del VAR, y esa demostración de clase y potencia en el tanto que inició desde el centro del campo, muestran las dos caras del barrilete cósmico. En Italia 90, prácticamente cojo, ofició casi de Cid Campeador para guiar a la maltrecha albiceleste hasta el subcampeonato, como recuerda el escritor César Ferrero.