La heroica rutina de Tiger Woods

DEPORTES

ERIK S. LESSER

Regresa a Augusta con un solo triunfo desde su emotiva victoria del 2019, pero aún así afronta, otra vez, un reto único, igualar los seis Masters de Nicklaus

11 nov 2020 . Actualizado a las 09:02 h.

En el Masters de Augusta del 2019, el ajuste de cuentas de Tiger Woods consigo mismo —y con las feroces críticas recibidas mientras su cuerpo ardía por el dolor de las lesiones y el recuerdo de sus mejores días parecía cada vez más lejano...— tiene su origen en el Open Británico del 2018. Entonces, con sus hijos entre el público en Carnoustie, llegó a verse líder el domingo, antes de ver escaparse entre los dedos, otra vez, un título para su redención, como no hubiera permitido nunca en su anterior versión, la del frío ganador que tiranizó el golf entre 1997 y el 2008 con un dominio nunca visto. «Fueron conscientes de lo que supuso para mí aquella derrota», recordó hace unas semanas el mito, de 44 años. Por eso su heroica victoria de la primavera del 2019 en Augusta, su decimoquinto grand slam, el primero desde aquel lejano 2008, le regaló una moraleja para su familia. «Ver cómo su padre no se rindió y menos de un año después consiguió el Masters es algo que no olvidarán», razonó Woods unas semanas antes su eterno regreso al Masters, de entre todos los torneos, el que más contribuyó a su leyenda. Desde aquella victoria hace 19 meses en Augusta, solo celebró otro triunfo, el Zozo Championship en Japón. Pero la defensa del Masters le devuelve desde mañana (Movistar Golf, 16.30), pese a su irregularidad, a una heroica rutina, la de los récords: esta vez puede igualar las seis chaquetas verdes que tiene Jack Nicklaus. Y, de paso, si gana, cumpliría con uno de los deseos que formuló sobre el póster de su habitación de crío, que incluía la edad a la que el Oso Dorado había conseguido cada uno de sus 18 majors. Llegar siempre antes... Woods puede alcanzar los seis Masters el domingo con 44 años, por los 46 que tenía Nicklaus al cerrar su cuenta en 1986.

Tiger no pasó este año de un noveno puesto. ¿Significa eso algo cuando regresa a Augusta? Hasta cierto punto. Woods se sometió en agosto del 2019 a su quinta operación de rodilla. Desde entonces tan solo jugó un grand slam, el PGA de agosto en Harding Park, donde pasó el corte y poco más. Para Woods, el de la heroica rutina, siempre hay una efeméride que recordar en Augusta. Esta vez se cumplen 25 años de su primera visita, como un adolescente, todavía amateur, en 1995. A sus 19 años, mientras comprobaba cómo le resultaba imposible vivir con normalidad su primer año universitario en Stanford, se llevó su primera victoria en Augusta, la Copa Sterling Silver que acredita al mejor aficionado, después de haber superado su primer corte en el PGA Tour. Dos años después consiguió su primer Masters, ya como profesional. Ganó con doce golpes de margen, destrozó el récord de precocidad a sus 21 años y provocó un temblor en el golf: creó un nuevo canon, con un juego atlético —y también increíblemente habilidoso— los campos se empezaron a ampliar...

El lunes Woods compartió ronda de prácticas con el vigente ganador del US Open, Bryson DeChambeau, el científico que pretende abrir una nueva senda en el golf con su obsesión por la musculación como camino para sentir más cortos los campos. Nunca ha estado siquiera entre los 20 primeros del Masters. Falta ver cómo le sienta su redoblada apuesta por los zambombazos desde los tees.