El clásico de los necesitados

Barcelona y Real Madrid se enfrentan por primera vez esta temporada inmersos en sus propias crisis

La Voz

Un Camp Nou sin público y en las atípicas condiciones que dicta la pandemia acogerá mañana (16 horas, Movistar LaLiga) el primer clásico de la temporada, quizás hasta determinante por la crítica situación en la que van a llegar ambos equipos. Tanto para el Real Madrid, tras dos derrotas consecutivas en cuatro días, ante el Shakhtar y el Cádiz; como para un Barcelona que busca paliar su grave crisis institucional. Será, por lo tanto, algo más que un encuentro entre dos eternos rivales. El de mañana es el clásico de la necesidad para ambos equipos, que buscan reivindicarse sobre el terreno de juego y olvidar sus descalabros.

Después de encajar tres goles en la primera parte frente al equipo ucraniano y tratar de reaccionar en la segunda (2-3), Zinedine Zidane se emplazó el miércoles a encontrar una solución, que tiene que empezar por ofrecer otra imagen contra el Barcelona para poder cambiar la tendencia. La crisis del Real Madrid en este momento parece muy distinta a la que puede atravesar su eterno rival, localizada en lo institucional, pero momentáneamente más lejos del plano deportivo.

Koeman se estrenará en un clásico desde el banquillo de un Barça que es el único equipo español que puede presumir de debutar con victoria en la Champions y además con goleada ante el Ferencvaros (5-1), aunque con ciertas dudas en la Liga tras caer en Getafe (1-0) y empatar con el Sevilla (1-1) en sus dos últimas citas.

Inmerso en una grave crisis institucional, pendiente de fecha para la moción de censura contra su presidente, Josep Maria Bartomeu, el club azulgrana quiere aligerar la presión con una victoria en el duelo contra el Real Madrid. Un triunfo que correría una leve cortina sobre sus problemas más acuciantes, al menos durante un tiempo, y que le valdría a Bartomeu para apuntarse otro tanto después de conseguir la renovación de varios jugadores claves dentro de la plantilla, con su consiguiente reducción salarial temporal.

Sin embargo, las cuentas siguen sin cuadrar y las arcas del Barcelona semejan estar en un punto de no retorno, con casi 100 millones de pérdidas durante el curso pasado.

Juan Carlos Hidalgo

 El Real Madrid toca fondo y las alarmas sobre Zidane se disparan

El Real Madrid toca fondo en vísperas del clásico. Las derrotas frente al Cádiz y el Shakhtar han disparado todas las alarmas en Valdebebas, otorgando al duelo contra el Barça de mañana un carácter trascendental. La situación es límite y el crédito de Zinedine Zidane, ganado a golpe de títulos, se va minando. Hasta el punto de que afloran ya nombres de posibles recambios en caso de que el marsellés no logre revertir la situación y el Barça abra en canal a los blancos, con Raúl González y Mauricio Pochettino como los mejor colocados en las quinielas.

Reinaba un ambiente sombrío en el estadio Alfredo Di Stéfano cuando el serbio Srdjan Jovanovic decretó el final del choque con el que el Real Madrid abrió su quincuagésimo primera participación en la máxima competición continental. No era para menos. Por primera vez, los blancos no lograban ganar como locales en la jornada inicial de la fase de grupos de la Champions, tras una actuación nefasta que les llevó a encajar la mayor goleada de su historia en una primera parte de su torneo predilecto. Otro golpe más a la moral de un equipo que solo ha ganado uno de sus siete últimos envites como anfitrión en la otrora denominada Copa de Europa (el 6-0 al Galatasaray del pasado curso) y que no encadenaba tres derrotas consecutivas en la competición desde comienzos de los ochenta, con Vujadin Boskov en el banquillo.

Han pasado apenas tres meses desde que el Madrid celebrase sobre ese mismo rectángulo de juego el título de Liga, pero hoy luce una faz muy distinta. El equipo solidario que hizo del esfuerzo mancomunado su razón de ser en tiempos de anemia ofensiva ha dado paso a un bloque lánguido en el que no hay rastro de la solidez defensiva pero que sigue exhibiendo la misma falta de colmillo que arrastra desde la marcha de Cristiano Ronaldo. Ha perdido el vigor con el que regresó del parón por la pandemia y se ha vuelto vulnerable ante cualquier rival, incluso frente a uno tan diezmado como ese Shakhtar, que aterrizó con ocho bajas por el covid-19 pero que voló sobre el tapete aprovechando la carencia de barreras.

Claves del desmoronamiento

Zidane se culpabilizó del esperpento. «Yo soy el responsable», dijo el marsellés, que atraviesa uno de los momentos más delicados desde que agarró el timón. En su debe cabe anotar los continuos virajes en las alineaciones, que desnortan a sus futbolistas. Impelido por su deseo de implicar a todos en el propósito común, pierde de vista que algunos se bajaron del tren hace tiempo.

Es el caso de Jovic, una de las inversiones más ruinosas que se recuerdan. El serbio desperdició la enésima oportunidad de redención que le concedió el técnico con otra actuación anodina. También de Marcelo, al que el físico ya no le aguanta para ser titular. Lo mismo podría decirse de Isco, llamado a ser un futbolista diferencial pero que se ha acomodado en el vagón de cola. Zidane se siente en deuda con ellos porque le hicieron tocar el cielo, pero podrían llevarle al infierno si no atiende a la meritocracia. Benzema tampoco ha arrancado a la altura de las dos últimas temporadas y que echa de menos la existencia de auténticos líderes más allá de Sergio Ramos. Sin el defensa, que sigue siendo duda para el clásico, los blancos son un flan en la retaguardia. Pese a todo, Zidane se siente capaz de enderezar el rumbo. «Tenemos que encontrar la solución y la vamos a encontrar», dijo tras la debacle contra el Shakhtar.

Griezmann, la gran decisión de Koeman en un partido para cracs

Ronald Koeman tendrá que tomar mañana su primera gran decisión como entrenador del Barça. Un clásico liguero ante el Real Madrid es uno de esos partidos en los que todo lo que pasa antes, durante y después adquiere una enorme trascendencia. Es la cita en la que todos los cracs tienen que estar en el césped porque si no es así hay polémica. Y la titularidad de uno de ellos peligra más que nunca.

Por méritos deportivos en lo que llevamos de temporada, algo que incluso piensa el técnico holandés si se repasan sus comparecencias ante los medios de comunicación, Antoine Griezmann es el penúltimo de la lista entre los aspirantes a una de las cuatro posiciones de ataque en el 4-2-3-1. Messi, Coutinho y Ansu Fati parecen ya indiscutibles, se repartan como se repartan las tres demarcaciones de medias puntas y la del falso 9, mientras que los jóvenes descarados Pedri y Trincao y el recuperado Dembélé ya han ofrecido un mejor rendimiento en sus apariciones que el exdelantero del Atlético. Solo Braithwaite estaría por detrás del francés en ese ránking de delanteros en lo referente a la ilusión que despiertan entre los aficionados.

Sin embargo, cuesta creer que Koeman vaya a señalar tan pronto a Griezmann, con el riesgo de que se deprima y se desconecte mentalmente con la temporada recién comenzada. Sigue siendo uno de los jugadores llamados a marcar las diferencias y hay que apostar por recuperarle, no ayudar a hundirle. Con Quique Setién ya pasó por el banquillo, pero en otras circunstancias, con pocos efectivos, en crisis colectiva y cuando el técnico cántabro quería utilizar un 4-4-2 en lugar de un 4-3-3. Ahora no se trata de un cambio de sistema y el proyecto no va cuesta abajo, sino que comienza a ilusionar.

Poca participación

Lo cierto es que el internacional galo no ha participado en ningún gol todavía, ni como rematador ni como asistente, tampoco con un primer pase. Y para colmo ha fallado ocasiones claras en los dos partidos que el Barça no ha ganado: 1-1 ante el Sevilla, cuando Koeman le reprochó en público su falta de puntería en dos oportunidades para nada acorde con su calidad, y 1-0 en Getafe, saliendo de la banda y jugando de 9 como quería y proclamó en la selección francesa. En el Coliseum Alfonso Pérez Muñoz se quedó solo ante el portero y disparó muy alto. Pero independientemente de su falta de acierto en el remate, la decepción llega por lo que poco que aporta al juego. Y eso que de su actitud y sacrificio no hay dudas, pero cada día parece más evidente que corre mucho pero sin sentido, al igual que se desmarca sin criterio.

Es evidente que el holandés todavía se traiciona a sí mismo en las alineaciones. Aunque le gusta jugar con extremos profundos que vayan al espacio, suele colocar a Griezmann por la derecha, con Messi de falso 9 y Coutinho de mediapunta, dejando la izquierda a Ansu Fati. Se intuye que un Dembélé en forma y respetado por las lesiones sería más de su gusto. Ousmane ya mostró su carta de presentación ante el Ferencvaros con una asistencia y un gol. También está claro que Pedri le seduce, pero en su caso es difícil que vaya a alinear juntos a dos jugadores de 17 años, ya que Ansu es fijo. De hecho, no han coincidido ni un minuto todavía pese a que son las sensaciones del Barça.

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