Mucho más que 13 Roland Garros

Nadal no solo persigue ante Djokovic, su rival más incómodo de la última década, un récord aún más descomunal en la tierra de París, sino que este domingo puede igualar los 20 «grand slams» de Federer


Redacción / La Voz

Después de 400 millones de inversión para que el complejo de Roland Garros no se quedase anquilosado, la pista Philippe Chatrier recibe su primera final con el techo retráctil (Eurosport, 15.00). En el estadio nacido en 1928 a mayor gloria de la mejor generación de tenistas franceses faltará este domingo el público. Apenas mil privilegiados para ver un partido de época. No hay un clásico que alcance los 56 capítulos que cumple el Rafa Nadal-Novak Djokovic. Nunca antes un tenista acarició su decimotercer título en un mismo grand slam, como persigue este domingo el español. Enfrente, el serbio llega después de una serie de 37 victorias seguidas este año, si se exceptúa el partido de Nueva York en el que fue descalificado por el pelotazo a un juez de silla. Y, por encima de cualquier aliciente, asoma la primera oportunidad de Nadal de alcanzar al ídolo que lleva 20 años venerando. Por devoción sincera o estrategia para quitarse presión, ha pasado toda su carrera construyendo un pedestal a los pies de Roger Federer, el artista que a su tenis sinfónico añadió 20 grand slams. Si gana este domingo, Nadal igualará ese récord a los 34 años, cinco menos de los que tiene el suizo, a quien las lesiones amargan esta temporada.

Nunca habrá nadie como Nadal en Roland Garros, donde suma 99 victorias en 101 partidos, donde acumula 13 títulos, donde solo cedió dos derrotas: contra Soderling en los octavos del 2009, cuando el español competía encogido por la separación de sus padres, y contra Djokovic en los cuartos del 2015, en plena crisis de ansiedad... Pero esta vez, aunque haya llegado a la final sin ceder un solo set (al igual que en sus victorias del 2007, 2008, 2010, 2012 y 2017), creciendo conforme avanzaba el torneo, no parece tan favorito. Sometido durante años por el tenis de parábolas inverosímiles del mallorquín, Djokovic encontró en el 2011, el año de su catarsis, aquella otra temporada en la que batió los registors de imbatibilidad, la fórmula de amargar al español. Hasta entonces, su duelo particular arrojaba 16 victorias de Nadal por 7 del serbio, un balance que se transformó desde entonces en 13/19.

El pulso se reduce a 24 precedentes en tierra, con 17 victorias del español, y un abrumador balance de 6-1 para Nadal en Roland Garros. Pero nadie como Djokovic le ha incomodado tanto en partidos decisivos. El serbio, con un plus en las finales, le ganó nueve de las 12 últimas en las que se han enfrentado.

Datos que sobrevuelan una final atípica, sin la relación de amor-odio que en ocasiones afloró en las gradas de la Philippe Chatrier, donde la devoción por Nadal se mezcla con el ansia por disfrutar de caras nuevas en el palmarés. Retumbará en el cemento el eco de los gritos de los finalistas, el bote de una bola bajo sospecha desde que Nadal lamentó el cambio de modelo: de la saltarina y vivaz Babolat, que tanto potenciaba sus efectos, a la pesada Wilson. Matices que por ahora no afectaron al paseo triunfal del campeón, sobrado para superar cuatro trámites antes de apuntarse dos victorias solventes: en cuartos ante el emergente Jannik Sinner y en semifinales contra el peligroso Diego Schwartzman. Djokovic ha sufrido más: tuvo que remontar en cuartos frente a Pablo Carreño y necesitó cinco sets contra Stefanos Tsitsipas en semifinales.

«Aquí el favorito es él. Esta es su casa, con todos los títulos que ha ganado. Pero en el 2015 le gané. Jugar aquí contra Nadal es el mayor reto que puedes afrontar en nuestro deporte», se protege el serbio, tercero en la carrera por hacer historia, con 17 grandes por los 19 de Nadal y los 20 de Federer. El reloj biológico corre contra todos ellos, pero sobre todo reduce las opciones sobre tierra, el territorio preferido de Nadal. Solo dos jugadores llegaron a final a su edad, Andrés Gimeno en 1972 y Ken Rosewall en 1969.

De toda la presión añadida, que hace único el espectáculo de este domingo, trata de escapar Nadal: «Mi objetivo aquí siempre ha sido ganar el torneo, y ya sé que siempre hay un motivo para ir más allá, como cuando superé a Borg [que tenía el récord de seis títulos en Roland Garros] o cuando logré el décimo triunfo, que era una cifra especial…». Este domingo persigue mucho más que el decimotercer título en París.

Un Nadal en forma, sin ceder un set y después de apear a un hueso

fernando rey tapias

Sensacional partido del español, que respondió al final en un momento delicado

Una de las características que engrandecen al tenis es que no tiene tiempo limitado de duración. Se puede ir perdiendo o ganando un partido con claridad y, hasta la última bola, cualquier cosa puede pasar. Este viernes, en la Philippe Chatrier, Diego Schwartzman perdía frente a Rafa Nadal por 6-3 6-3 y 3-1 primero, y 4-2 después, en el tercer set de la primera semifinal masculina.

Cualquier otro jugador hubiese cedido mentalmente ante el resultado y la enorme solidez de su rival, pero no Schwartzman, un gladiador que cada vez que ganaba un punto apretaba el puño y su gesto denotaba confianza en poder darle la vuelta al partido; y lo cierto es que consiguió remontar y forzar un tie-break que requirió al mejor Nadal para cerrar el pase al partido del domingo por el título.

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