Un Nadal en forma, sin ceder un set y después de apear a un hueso

Sensacional partido del español, que respondió al final en un momento delicado


Una de las características que engrandecen al tenis es que no tiene tiempo limitado de duración. Se puede ir perdiendo o ganando un partido con claridad y, hasta la última bola, cualquier cosa puede pasar. Este viernes, en la Philippe Chatrier, Diego Schwartzman perdía frente a Rafa Nadal por 6-3 6-3 y 3-1 primero, y 4-2 después, en el tercer set de la primera semifinal masculina.

Cualquier otro jugador hubiese cedido mentalmente ante el resultado y la enorme solidez de su rival, pero no Schwartzman, un gladiador que cada vez que ganaba un punto apretaba el puño y su gesto denotaba confianza en poder darle la vuelta al partido; y lo cierto es que consiguió remontar y forzar un tie-break que requirió al mejor Nadal para cerrar el pase al partido del domingo por el título.

En alerta por los precedentes

Con los antecedentes de las victorias del argentino sobre el propio Nadal en la tierra del Foro Itálico, y sobre Thiem en la ronda anterior de Roland Garros, el partido se presumía duro y disputado; y el primer juego, larguísimo, ya lo indicaba. Golpes con mucho ritmo, con bolas muy liftadas en las que generalmente salía favorecido Rafa, que consiguió muchos más golpes ganadores que su rival. En mi opinión las opciones del argentino pasaban por dominar con golpes más planos, aspecto en el que le faltó continuidad, muchas veces debido a que Rafa, con el peso y efecto de sus golpes, no le permitía atacar con claridad.

Definido a favor de Rafa el muy disputado primer set, más allá de lo que el 6-3 indique, el español se sintió con más confianza, mientras que Diego bajó su nivel. Y, pese a que el marcador del segundo es igual al del primero, es un set mucho más cómodo para un Nadal impecable en todos los aspectos, alternando bolas altas con acertados cambios de ritmo que mermaban la moral del argentino.

Errores que animan el tercero

En el tercer set, Rafa se adelanta con 3-1 y 4-2 y, sorprendentemente, en ese momento determinante para cerrar el partido, el español pierde el orden y la concentración con la que estaba llevando el encuentro. Hace un saque con subida a la red sin confianza, falla dos bolas en media pista, y Schwartzman, un fajador nato, que nunca se rinde, ve la oportunidad y se lanza a por ella. Aumenta su ritmo, y con unos cuantos drives ganadores, iguala el set y lleva la intranquilidad al español.

Bajo presión, siempre Nadal

Es entonces, en el tie-break, cuando el argentino mejor estaba jugando y la situación parecía más preocupante para Rafa, cuando surgen las mejores cualidades del mallorquín, que desarbola a su rival con un apabullante 7-0.

En definitiva, Nadal otra vez en la final, superando a un duro rival, sin ceder un set y mostrando una excelente forma para aspirar, 15 años después de ganar su primer Roland Garros, a intentar levantar por decimotercera vez la Copa de los Mosqueteros.

Una vez más, sensacional Rafa Nadal.

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