Nadal, Schwartzman y la superación

El tenista español de 34 años se medirá en la semifinal de Roland Garros a un rival muy diferente a él en lo físico, pero parecido en su espíritu de superar retos


Referirse a Rafa Nadal en Roland Garros es mencionar una de las mayores hazañas realizadas en el mundo del deporte. Describir sus logros es referirse a un palmarés excepcional. Y, si el comentario versa sobre su personalidad, los valores que han acompañado a ese palmarés adquieren el ejemplo a seguir por todos los deportistas.

Es posible que Rafa se retire con más títulos que Roger o Novak, o que sea cualquiera de sus dos rivales el que lo logre, pero al igual que ya nadie le puede negar a Federer, pase lo que pase, ser el jugador más elegante y estético que el tenis ha conocido, tampoco nadie pone en duda que Nadal posee una de las mejores mentalidades del deporte mundial en cualquier época y especialidad. Acompañada, además, de unos valores ejemplares que le han granjeado el respeto y la admiración de todo el mundo. Entre esos valores, podemos citar el de la superación: el conseguir retos, a priori, dificilísimos, y conseguirlos superando graves lesiones que vaticinaban una pronta retirada.

Hoy, con 34 años, está en la semifinal, en el penúltimo partido, para conseguir mejorar ese récord increíble de 12 victorias en la Phillippe Chatrier (14.50 horas, Eurosport) y, curiosamente, va a tener enfrente un rival muy diferente a él en lo físico, pero parecido en esa gran cualidad que es el espíritu de superación. Porque la trayectoria de Diego Schwartzman es también un ejemplo de lucha contra todos los impedimentos que se le presentaron, para poder ser un jugador de tenis de élite.

Primero fue el económico. Para poder costearse los viajes en los torneos pequeños que dan acceso a escalar en el ránking ATP, su madre se presentaba en el torneo vendiendo pulseras de goma, que confeccionaba su padre Ricardo.

Después fue el físico: Diego era muy pequeño y los médicos le aseguraron que nunca superaría el 1,70, estatura que se presuponía como un hándicap insalvable para poder ser profesional. Pero tras el gran disgusto inicial, el joven argentino se puso manos a la obra para demostrar que los estereotipos son válidos para la generalidad, pero también para que haya excepciones. Encontró un patrocinador privado e inició su carrera para convertirse en profesional del tenis. A los 20 años ganó 5 Futures seguidos y ganó el Challenger de Buenos Aires. A los 21 jugó en Acapulco por primera vez con Nadal. Y al año siguiente completó la experiencia de enfrentarse a los mejores al jugar con Federer en Roland Garros y con Djokovic en Nueva York. El 2016, con 26 años, fue muy importante en su carrera: jugó la final del torneo de Amberes y le ganó la final de Estambul a Dimitrov, ascendiendo a la plaza 52 de la ATP.

Consciente de que si quería seguir subiendo, había de mejorar su potencia y resistencia, ser más explosivo, realizó a final de año, una pretemporada de 3 semanas y media bajo la supervisión de Martiniano Orazi, el hombre que pulió el físico de Del Potro y con Juan Manuel Galán, el preparador físico de Pella. Todo este trabajo, unido a su buen entendimiento con Chela (15 ATP en 2004), que lo entrena y le transmite tranquilidad tiene como consecuencia una subida constante en la clasificación, y victorias sobre casi todos los mejores jugadores del mundo.

En el 2018 llegó al 11 de la ATP, puesto que superará gracias a últimos resultados obtenidos (triunfos ante Nadal en Roma y Thiem en París), teniendo garantizado ya el octavo puesto en la próxima clasificación.

Pero el peque quiere más. Con su 1,70 de estatura, sin un gran saque, pero dotado de un tenis completo, con pocas fisuras, listo, rápido y aguerrido, el argentino es un jugador al que los rivales no les gusta enfrentarse. Ahora está pleno de moral y frente a Thiem demostró estar bien físicamente, pues tuvo un partido de mucho desgaste. Es un dato importante para el partido de hoy, ya que jugar con Rafa en Paris a 5 sets, requiere estar impecable físicamente. Pero también hay que tener en cuenta 2 factores más: en los 10 enfrentamientos anteriores, Rafa ganó en 9, pero el que perdió fue el último, y además, en el 2018 Diego le ganó el primer set en la Phillippe Chatrier antes de suspenderse el partido por la lluvia. Todos estos datos nos llevan a pronosticar un partido reñido. Ambos son de los que dejan todo lo que tienen y se conocen muy bien.

Nadal sabe que con las condiciones de la pista y con estas bolas no basta con liftar hacia el revés del argentino para superarlo. Tendrá de jugarle más al estilo mostrado frente a Sinner en el tercer set, sacar bien, llevar la iniciativa y estar muy atento a las dejadas. Al español le vino muy bien la intensidad del partido frente al joven italiano. Sin desgastarse, tuvo que mejorar su ritmo adelantando su posición en la pista y cogiendo confianza en su derecha paralela, demoledora cuando está con confianza.

Diego está exultante por los logros obtenidos y será un duro adversario para Nadal, pero salvo imprevistos creo que Rafa estará de nuevo en la final.

Tsitsipas se interpone entre Novak Djokovic y la final

En la otra semifinal (no antes de las 17 horas, Eurosport), se enfrentan dos jugadores que llegan en curiosas circunstancias. Djokovic, tras su descalificación en Nueva York y su extraño comportamiento frente a Carreño que recuerda las extravagancias de sus primeros años; Tsitsipas, tras dos decepcionantes torneos, y un partido inicial a 5 sets que parecía indicar que seguía en horas bajas.

El historial entre ambos es favorable a Novak (3-2), pero que un jugador tan joven como el griego le haya ganado dos veces es un dato positivo para el heleno. Stefano es un jugador completo. Necesita asentarse, madurez y regularidad. Pero si está bien, es capaz de ganar a cualquiera.

Enfrente, el número 1. Un tenista que cuando está en forma parece inabordable. Si su cabeza funciona en positivo es favorito. Pero si recurre a las frivolidades, lo pasará mal. Sin duda, la generación de Tsitsipas, quiere desbancar al Big 3 antes de que se retiren. El griego tiene una oportunidad para lograrlo. Tendrá que jugar muy agresivo y con convicción para tener opciones.

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