Hazard y el fantasma de Prosinecki

El belga acumula 245 días de baja en 14 meses en el Madrid y amenaza con seguir la saga de malogrados fichajes que inició el croata en 1991


Redacción

Era el verano de 1991. Un jovencísimo Robert Prosinecki firmaba por el Real Madrid a cambio de 550 millones de pesetas. Una fortuna por entonces. El talentoso croata venía precedido de una enorme fama. Campeón del mundo juvenil con Yugoslavia y de la Copa de Europa con el Estrella Roja. Venía avalado por Radomir Antic y de él se esperaba que fuera capaz de poner freno al Dream Team de Cruyff. Pero no fraguó. La gran perla del momento encadenó lesión tras lesión muscular y solo consiguió jugar 3 partidos en toda esa primera temporada. Un estigma que acabó motivando su absoluto fiasco en la Liga.

Treinta años después, el fantasma de Prosinecki sigue pululando por la casa blanca. El mismo que persigue ahora a Hazard, y que antaño lo hizo con Baljic (21 millones de euros en 1999), Woodgate (20 en el 2004), Robben (36 en el 2007), Kaká (67 en el 2009), Coentrao (30 en el 2013) o el más reciente de Gareth Bale (101 en el 2013).

El belga Eden Hazard firmó por el Real Madrid en el verano del 2019. Venía de una larga trayectoria en el Chelsea sin prácticamente lesiones. Solo se había perdido 6 partidos en los últimos dos campeonatos. Poco más de una veintena en sus siete campañas en Londres. Es más, desde que se asentó en el primer equipo del Lille en el 2008, el de La Louvière encadenó once campañas consecutivas jugando más de treinta partidos de liga (en tres de ellas hizo pleno). Pero fue vestirse de blanco y comenzar el drama. Ya acumula 245 días de baja: 25 por una dolencia en el muslo (16 de agosto del 2019), 8 por un golpe en el tobillo (27 de noviembre del 2019), 67 por una fisura en el pie (5 de diciembre del 2019), 76 por una fisura en el peroné (23 de febrero del 2020) y 37 más por posteriores recaídas del tobillo operado (29 de junio y 1 de septiembre). La última, de momento, son unos problemas musculares que ya le han apartado del terreno de juego un mes (y se desconoce cuándo volverá). Ya se ha perdido 33 partidos desde su fichaje.

Un dato que cae como una losa sobre la gran apuesta de Florentino Pérez. Un Hazard que, según desvelaron recientemente medios belgas, costó 160 millones de euros y no 100 como se había declarado en un principio. Un refuerzo mediático que se suponía iba a paliar la salida de Cristiano Ronaldo a la Juve por 112. Sin embargo, al menos de momento, Hazard no puede con el fantasma de Prosinecki.

Los peligros de una mala adaptación

Javier Pombo

Nos encontramos muchas veces con situaciones complicadas. Jugadores aparentemente sanos, que enlazan lesión tras lesión sin lógica comprensible para el que está fuera y no es capaz de percibir las causas. Por mi experiencia, lo más frecuente en este tipo de situaciones, que en muchos casos se da en futbolista extranjeros, es que se deba a un deficiente período de adaptación a todo lo que le rodea durante ese primer año de aterrizaje. Hablamos de que este futbolista tiene que adaptarse de repente a un país nuevo, con unas condiciones meteorológicas concretas, a una alimentación diferente, a un ritmo de vida con unas horas de sueño que pueden modificarse (no es lo mismo Inglaterra que el resto de Europa o España) y a una dinámica de entrenamientos completamente distinta. Esto es lo que explica que un jugador con un buen historial clínico de repente pase a encadenar lesiones. Un cambio repentino de país, de clima o de forma de entrenar puede ser muy perjudicial a ciertos niveles. Y luego está el tema de la alimentación, que no hay que obviar. Recordemos lo que sucedía con Messi, que llegó a encadenar hasta 13 o 14 lesiones consecutivas en el bíceps femoral hasta que dieron con la tecla reduciendo de su dieta la pizza. A esto, que es muy importante, hay que sumarle tres factores más. La genética, ya que hay futbolistas que tienen más tendencia a lesionarse por los tipos de fibras que tienen en su cuerpo; el aspecto psicológico, ya que la ansiedad provocada por la gestión de la presión es un gran factor de riesgo; y, además, por qué no asumirlo, la mala suerte, que también entra en juego.

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