«Ha sido un año sin mundiales, pero he aprendido otras lecciones»

La paratriatleta viguesa Susana Rodríguez Gacio termina la residencia y aparca la medicina para preparar los Juegos; en enero le descubrieron un problema de corazón


Vigo

En tiempos en los que se ha impuesto la expresión «nueva normalidad», la paratriatleta viguesa Susana Rodríguez Gacio -que sufre discapacidad visual- cuenta que tiene la suya propia, con novedades diferentes a las que comparte toda la sociedad. Cuenta con naturalidad, pero evitando entrar en detalles, que en enero le descubrieron un problema cardiológico por el que tendrá que medicarse de por vida.

Agradecida a los doctores que la atendieron, esta semana termina su propia residencia en el servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Clínico de Santiago y aparca la medicina temporalmente. Quiere centrarse en la preparación de los Juegos Olímpicos de Tokyo del próximo año. Otra variante en la que será su nueva normalidad definitiva en los próximos meses.

Porque en los últimos años, la doctora Rodríguez Gacio ha seguido al pie del cañón como triatleta, compitiendo al más alto nivel y cosechando éxitos, pero a costa de muchos sacrificios. «Este último año ha sido duro, pero he seguido adelante con todo. Para ello he tenido que hacer mucho rompecabezas con horarios, ha sido con mucho esfuerzo», recalca. Algo de lo que es más consciente ahora, al hacer balance, que a lo largo de todo este período. «En el día a día estás acostumbrada y no lo ves complicado. Si miro hacia atrás, me hago más consciente», recalca.

Tras la residencia, este año se ofrecieron contratos de unos meses a quienes terminaban. Susana rechazó esa posibilidad y admite que tampoco fue sencillo. «Es difícil decir que no a cualquier trabajo. Decidí apostar fuerte por Tokio y me queda una sensación rara», dice admitiendo nostalgia tras cerrar una etapa de cuatro años muy enriquecedora y en la que se ha sentido muy a gusto. «Llevo un montón de años con la vida partida y ajetreada y va a ser un cambio importante», expresa.

Susana entiende que el camino que ha tomado es «doblemente arriesgado»: en cuanto a su vida laboral y por las dudas que aún rodean los Juegos. «Si mañana dejo el triatlón, volver a pelear por una medalla es lo único que me falta», subraya. Y quiere tomarse un tiempo para dedicarse en exclusiva a esa exigente preparación. «Después de tantos años en este mundillo, me apetece vivir la sensación de estar solo a eso, poder descansar bien y no arrastrar cansancio como me ha pasado en los últimos años».

La previsión de Susana, contando con que los Juegos de celebraran en su fecha original, era terminar el MIR el año próximo. La pandemia «puso todo patas arriba», cambió esos planes y ella decidió verlo como «una oportunidad». Máxime cuando se produjo el bache de salud. «Venía de atrás, pero a principios de año me encontraron problemas cardiológicos y tuve que empezar a tomarme mas en serio el descanso y la recuperación. Eso también me ha ayudado a decidir», revela.

Pasó algunos días incertidumbre («pocos, por suerte», aclara) hasta que tuvo un diagnóstico definitivo y comenzó un tratamiento para el resto de sus días. «Al principio no es fácil de manejar, pero ya lo tengo todo encaminado. Me voy acostumbrando a mi nueva normalidad», sentencia. La duda sobre si podría seguir compitiendo estuvo sobre la mesa, aunque fuera durante un corto período de tiempo. «Cuando tu trabajo es en parte el deporte de alto nivel, con su exigencia, te preguntas si realmente estás haciendo lo correcto entrenando o te lo deberías tomar con más tranquilidad», razona.

Lo primero, la vida

La triatleta afirma que «el 2020 no ha tenido campeonatos del mundo», pero ha aprendido, como todos afirma, «otras lecciones». «La pandemia no ha dejado indiferente a nadie, y yo con este tema, más de lo mismo», señala. Ella tomó su decisión después de valorar todas sus aristas y también tiene claro que se la replantearía si fuera necesario. «Si en cualquier momento tuviera un interrogante claro sobre lo que estoy haciendo, no dudaría sobre qué hacer. Al final, nada es más importante que la vida», zanja.

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