Pepe Blanco: «Como buen sufridor, soy del Atleti»

Practica esquí, va a andar-correr todos los días a las seis y media de la mañana y simpatiza con el Celta


Se define como un auténtico sufridor. Recuerda que desde que llegó al PSOE en Lugo, en plena Transición, se habituó a resistir en ambientes hostiles. Quizá por esta costumbre de sufrir no podía ser de otro club de fútbol que no fuera el Atlético de Madrid. José Blanco López (Palas de Rei, 1962) es un gran aficionado a las pistas de esquí, actividad que ahora compagina con el salir a andar-correr y el gimnasio. Como aficionado, le gusta el fútbol y ahí hay dos destacados: el club colchonero y el Celta.

—¿Qué es el deporte para usted?

—Pues tengo que reconocer que históricamente fui poco deportista. La única afición que tengo desde hace años y que practico es la de esquiar. Eso sí, desde hace unos años voy al gimnasio tres veces a la semana y salgo a andar-correr todos los días. A las seis y media de la mañana ya estoy en la calle. Hoy, por ejemplo, he corrido siete kilómetros en 45 minutos.

—¿Y cómo le va en su nueva faceta deportiva?

—Pues bastante bien. Desde hace dos años he perdido como 14 kilos. No está mal.

—Nada mal. Lo veo y no puedo sino pensar en Mariano Rajoy. Ese uno contra uno, pongamos en un paseo marítimo neutral, que podría ser el de A Coruña... ¿Quién cree que ganaría?

—Pues sería cuestión de probar, pero bueno, yo creo que él es más de andar rápido. Yo, como le decía, combino el andar con el correr. Pero bueno, habría que probar.

—En cuanto a aficionado, ¿qué le tira?

—Pues tampoco es que sea un forofo del fútbol, pero lo veo con simpatía, y de vez en cuando voy al estadio. Sobre todo al Bernabéu, porque mi hijo es socio desde el día que nació y muchas veces lo acompaño. Pero en realidad con quien simpatizo más es con el Atlético de Madrid y con el Celta.

—¿Simpatizante del Atlético e hizo a su hijo socio del Madrid nada más nacer? ¿Qué me estoy perdiendo?

—Lo hizo socio su padrino [Óscar López Águeda], que es muy madridista. Creo que las dos personas que yo he percibido que más pasión les provocaba el Real Madrid son él y el difunto Alfredo Pérez Rubalcaba.

—A Balaídos no le coincide mucho ir, ¿no?

—Pues no. Pero sí que aprovecho para ir a ver al Celta cuando viene a Madrid. Además, mi hijo, pese a ser del Real Madrid, también tiene esa identificación con el Celta, que supongo que sí que heredó de mí.

—Ahora no tanto, pero hubo un tiempo en el que ser del Atleti no era fácil. «¡Qué manera de sufrir!», que cantaba Joaquín Sabina.

—Pero es que yo en mi vida siempre fui un sufridor. Desde que ingresé en política, en Lugo, en un ambiente muy hostil en el año 1978, y durante al menos dos décadas, hasta 1999. Y, como buen sufridor, pues soy del Atleti.

—¿Ser colchonero no es un poco como ser de Podemos, que queda muy progre decirlo pero luego no se comen nada, se quedan ahí a las puertas?

—Bueno, Podemos ahora sí que ha llegado al Gobierno de España. Pero podría ser... Es cierto que el Atleti siempre está casi a punto y se queda. Recuerdo esa final de Lisboa con el Real Madrid. La viví con gran emoción. Y al final no sabemos qué pasó que se perdió. Mire, soy objetivo, pero aquella final tenía que haber sido para el Atlético de Madrid. Pero bueno, como dice el Cholo lo importante es ir partido a partido, la pelea constante. Y si llegan los éxitos, mejor, pero no pasa nada si lo has dado todo. Además, los recursos de este club son menores que los del Real Madrid o el Barcelona.

—¿Es cholista?

—Pues sí. Y por una doble vertiente: simpatizo mucho con los argentinos, y además me parece que él es un gran entrenador. Así que sí, soy cholista.

—Y ese partido a partido se puede aplicar a la política.

—Pues por qué no. A todo en la vida. Lo importante es la constancia, el trabajo, la honestidad y el juego limpio, que abunda poco ahora. Más bien, escasea. Estamos en tiempos de trazo grueso, sin una estrategia que vaya más allá.

—Volvamos al deporte. Cuénteme las dos imágenes que le vienen a la retina: la de mayor alegría y la de mayor tristeza.

—La positiva ya era yo mayorcito: fue el gol de Iniesta. Para mí es la imagen deportiva por excelencia, porque reúne todos los valores del deporte. Era un momento que había, y todavía hay, un intento de patrimonializar la bandera de España, pero la gente se la enfundaba igual. No importaba el color político que tuviera, con esa selección iba todo el mundo. Era el equipo de Del Bosque, al que yo admiro. Había un sentimiento y todos fuimos partícipes del éxito. La negativa fue personal, cuando me rompí la clavícula esquiando. Nunca se me borrará de la cabeza.

—¿Quién es para usted el mejor futbolista gallego que ha visto?

—Para mí hay uno muy bueno que juega en el Madrid y es de Curtis: Lucas Vázquez. Por cierto, mi hijo tiene una camiseta firmada por él y una foto con él. Me parece que es un gran jugador. Pero ya le digo que tampoco soy un experto en fútbol, así que este me parece muy bueno, pero no sé si habrá algún otro mejor.

—¿Siguió la polémica generada en la última jornada de Segunda División y que acabó con el Deportivo en Segunda División B?

—La seguí, sí. Seguí a la alcaldesa de A Coruña, con la que tengo una relación especial. No quiero entrar en polémicas. Me hubiera gustado no ya que el Deportivo se quedara en Segunda, sino que estuviera en Primera División. Para Galicia es muy importante que el Dépor y el Celta estén lo más arriba posible. Pero quizás el equipo coruñés tuvo una temporada muy mala. No creo que el problema haya estado en lo que sucedió en la última jornada. Lo que sí, aprovecho para decirle que me siento muy orgulloso de lo que está haciendo el Lugo. Creo que, por fin, ha encontrado su sitio, y bien que me alegra.

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