Estreno de Thiem en el «grand slam» más atípico de la historia

El US Open sirvió para confirmar que hay muchos jóvenes con excelentes cualidades pero sin ese plus de los grandes campeones


Un torneo disputado en unas condiciones excepcionales. Sin público, con todos los participantes viviendo en una burbuja y sometidos continuamente a los test del covid. Con las ausencia de destacados jugadores, Rafa Nadal y Federer entre ellos, y con la inesperada descalificación del favorito, Novak Djokovic. En estas circunstancias, el US Open se convirtió en una gran oportunidad para los aspirantes a relevar a los dominadores del tenis de los últimos años.

De entre esa lista de aspirantes, el principal favorito en los pronósticos era Dominic Thiem, que ya había disputado tres finales de grand slam, dos en París ante Rafa Nadal, y una en Australia ante Djokovic. El austríaco fue curtido durante sus años de formación por un entrenador exigente y duro como Bresnik, y liberado de la rigidez táctica por el chileno Massú, que le transmitió la confianza de que podía ser un jugador completo, no solo un especialista de tierra.

Para poder acceder a jugar su cuarta final e intentar conseguir su primer grande, Dominic hubo de superar, tras dos cómodas victorias en las primeras rondas ante Munar y Nagal, al único ganador del torneo que quedaba en la competición, Marin Cilic, que solo consiguió arrebatarle un set. Después, tres excelentes partidos ganando con claridad a los jóvenes De Miñaur y Aliassime, y en semifinal al ruso Medvedev, uno de los jugadores más en forma del circuito.

En la final, en vez de Djokovic, tenía que enfrentarse a un rival mucho más asequible que el serbio: el alemán Alexander Zverev, un jugador con muchos altibajos desde que emergió como una gran promesa hace seis años.

El jugador de Hamburgo tuvo un camino mucho más discreto que Dominic para alcanzar su primera final. Cedió sets ante Anderson, Nakasima, Mannarino y Coric, siendo su victoria más clara frente al joven español Davidovich, mientras que su partido más difícil fue la semifinal ante Pablo Carreño, al que tuvo que remontar los dos sets iniciales con una notable mejoría en su juego y, sobre todo, en su saque, decisivo para imponerse al asturiano.

Con estos antecedentes, Thiem partía como claro favorito de todos los pronósticos. Sin embargo, a los 30 minutos de partido, el alemán se había apuntado el primer set, y llegó a dominar en el segundo por 5 a 1. Tras una tibia reacción del austríaco, el alemán se hizo con el set 6-4 y comenzó el tercero con la misma superioridad que en los anteriores. Y tuvo que remar contracorriente. Lo mismo que Osaka, que comenzó perdiendo para llevarse luego el título femenino.

El torneo sirvió para confirmar que hay muchos jóvenes con excelentes cualidades, pero que por ahora, no hay ninguno que demuestre ese plus que poseen los grandes campeones. De momento, Dominic Thiem con su triunfo ya se postula como el principal sucesor para competir y relevar a los grandes. La temporada de tierra con Rafa Nadal en competición, nos dará más información en un año anómalo en todo y en el que el US Open ha conseguido llevar adelante el primer grand slam de la temporada.

La fortaleza mental y el sufrimiento supieron imponerse

Thiem, con experiencia en finales y partidos importantes, comenzó el partido nervioso y agarrotado como un principiante, sin fluidez ni soltura en sus golpes, y con un lenguaje corporal que denotaba agobio y falta de confianza. Por el contrario, el alemán daba la sensación de encontrarse sumamente cómodo y confiado en sus golpes. Le salía bien todo lo que intentaba, y mostraba una imagen de autocontrol, no muy habituales en su trayectoria.

Sin embargo, una de las dificultades y grandezas que tiene el tenis es que no hay límite de tiempo, y hasta la última bola todo puede cambiar. Zverev lo experimentó favorablemente frente a Carreño y en este caso le sucedió lo contrario. Falló y dejó que su rival comenzase a recuperar sensaciones positivas mientras las dobles faltas lastraban su juego y le impedían dominar sus juegos de saque.

Thiem, ya recuperado, remontó el set, y se impuso en el cuarto, llevando el partido al quinto. En el definitivo, muy buenos golpes de ambos jugadores, con buena actitud del alemán a pesar de las oportunidades desperdiciadas y de sus problemas con el saque, y el austríaco cansado, abusando en exceso del revés cortado que no le hacían daño a su rival.

Tras seis juegos igualados, Zverev consiguió ventaja de 5-3 y saque para ganar, pero Dominic reaccionó y aún renqueante llevó al partido al tie break. Con su rival acalambrado, parecía que tras 4 horas de juego y con varias oportunidades para ganar Alexander iba a ser capaz de romper los pronósticos y conseguir su primer grande, pero el alemán se arrugó, cometió dos dobles faltas, falló un revés fácil, y alfombró la victoria a un épico Thiem.

Al final, se impuso la fortaleza mental y la capacidad de sufrimiento. Thiem sale reforzado, lo que le dará confianza de cara al futuro. Fue capaz de ganar a pesar de no jugar bien, y eso le da más mérito a su triunfo. Nico Massú estará muy contento de haber visto a su actual pupilo ganar un grande en pista dura, al igual que Bresnik lo estará para comprobar que la dureza de una educación espartana, durante los años de formación de su alumno, lograron que Dominic posea, además de un gran potencial de golpes, un espíritu guerrero, capaz de lograr un triunfo épico.

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