Messi y Barça, a cual peor


Messi llegó al Barça con 13 años y debutó en el primer equipo con 17. Ahora, con 33, no se va porque no le abren las puertas de par en par como entendía y pretendía, a pesar de que su marcha hubiese supuesto un drama familiar, tal y como él mismo confesó. Messi se ha cansado del club que le ha dado todo, y al que él ha contribuido en el mismo grado.

En los dieciséis años que lleva en la primera plantilla, el Barça ha sido el dominador de la Liga, con diez títulos. En los del curso 2004-05 y 2005-06 (en este también ganó la Champions) aún no era titular. Después añadió tres entorchados continentales, dos jugando al lado de la mejor época del triángulo Busquets-Xavi-Iniesta, y el otro escoltado por Neymar y un Luis Suárez de altos vuelos.

Messi dice que el club lleva años dando bandazos. En este lustro fichajes como los de Coutinho o Arthur parecían apuestas seguras. Y no cuajaron. Lo mismo podría decirse de Griezmann, que sigue en el equipo. En el caso de Dembelé, era una apuesta de más riesgo, pero muy tentadora. También hubo fiascos. No es fácil acertar en el fútbol.

A Messi le sobró el burofax y le faltó valentía para decir: «Me quiero ir, díganme si libre o en qué condiciones. Y si me tengo que quedar, lo acepto». Argumentar que no quiere pleitear suena a quiebro dialéctico.

Ahora se abre un escenario envenenado para las dos partes, salvo que encuentren las manera de reconciliarse, como los matrimonios que saben superar una crisis. ¿Qué pasa si se lesiona de gravedad? ¿Cómo va a reaccionar la afición si los resultados no acompañan? ¿Y si en enero firma por otro club? ¿Y si lo vuelve a ganar todo pero ya ha comprometido su marcha? Peor no lo han podido hacer ni el club ni el jugador.

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