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El tenis vuelve en silencio a su «grand slam» más ruidoso

Fernando Rey Tapias

DEPORTES

JASON SZENES

Nueva York acoge un US Open con grandes ausencias y muy condicionado por el covid-19

30 ago 2020 . Actualizado a las 10:17 h.

Las normas de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 cambiaron la forma de vida de un mundo que asistió atónito a la vulnerabilidad del país más poderoso del planeta. Desde entonces, la proliferación de catástrofes, en lo que pudiera entenderse como reacciones de la naturaleza ante el maltrato que la especie humana le dispensa, ha hecho que la realidad de los acontecimientos supere a la ficción de las series televisivas y producciones cinematográficas.

La aparición del coronavirus, ha dado un paso más en demostrar la fragilidad de la especie humana, que se ve impotente para frenar el ataque de un enemigo microscópico que no solo mata, sino que ha obligado a todas las sociedades a cambiar sus habituales formas de vida. Quién iba a creer hace un año que en los países occidentales más capitalistas se iban a formar colas para adquirir productos, a semejanza de los regímenes comunistas o que sus ciudadanos tendrían obligatoriamente que taparse la cara en similitud a los países árabes más radicales, o evitar los contactos físicos y las aglomeraciones e incluso tener que recluirse durante meses en sus domicilios.

La pandemia ha afectado de forma dramática en todas las facetas de la vida, incluyendo, obviamente, la actividad deportiva, tanto la aficionada como la profesional. Ligas y competiciones suspendidas han sido consecuencias lógicas ante el peligro real del aumento de contagios e incremento de los efectos demoledores del virus.