El tenis vuelve en silencio a su «grand slam» más ruidoso

Nueva York acoge un US Open con grandes ausencias y muy condicionado por el covid-19


Las normas de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 cambiaron la forma de vida de un mundo que asistió atónito a la vulnerabilidad del país más poderoso del planeta. Desde entonces, la proliferación de catástrofes, en lo que pudiera entenderse como reacciones de la naturaleza ante el maltrato que la especie humana le dispensa, ha hecho que la realidad de los acontecimientos supere a la ficción de las series televisivas y producciones cinematográficas.

La aparición del coronavirus, ha dado un paso más en demostrar la fragilidad de la especie humana, que se ve impotente para frenar el ataque de un enemigo microscópico que no solo mata, sino que ha obligado a todas las sociedades a cambiar sus habituales formas de vida. Quién iba a creer hace un año que en los países occidentales más capitalistas se iban a formar colas para adquirir productos, a semejanza de los regímenes comunistas o que sus ciudadanos tendrían obligatoriamente que taparse la cara en similitud a los países árabes más radicales, o evitar los contactos físicos y las aglomeraciones e incluso tener que recluirse durante meses en sus domicilios.

La pandemia ha afectado de forma dramática en todas las facetas de la vida, incluyendo, obviamente, la actividad deportiva, tanto la aficionada como la profesional. Ligas y competiciones suspendidas han sido consecuencias lógicas ante el peligro real del aumento de contagios e incremento de los efectos demoledores del virus.

La solución para el retorno del deporte de élite ha pasado por la ausencia de público en las competiciones y un protocolo muy estricto de los protagonistas (jugadores, entrenadores, jueces y personal necesario) que, conviviendo en una especie de burbuja, limite el riesgo de contagio y permita el desarrollo de un nuevo calendario solo asequible a los televidentes.

EL AMBIENTE

Un contraste tremendo

En estas circunstancias, Nueva York va a ser a partir de mañana la sede del primer grand slam que se dispute con esta normativa tan impensable unos meses atrás. El tenis vuelve en silencio a su escenario más ruidoso. Nueva York, Flushing, el US Open, siempre se ha caracterizado, además de por su grandiosidad, por su bullicio: ruido, música, movimiento del público por las gradas, múltiples atracciones y restaurantes a rebosar en el recinto... Ahora, el contraste va a ser tremendo, con el resonar de los golpes y el eco de unas imponentes instalaciones, huérfanas del público para las que fueron construidas.

LA COMPETICIÓN

Djokovic, máximo favorito

A todo esto se une que la competición también se presenta diferente. Sin fase previa, con los premios reducidos, las ausencias de Rafa Nadal y Roger Federer en la prueba masculina (junto a las de otros destacados jugadores como Kyrgios, Nishikori, Del Potro, Verdasco, Monfils, Fognini o Wawrinka, y seis de las diez primeras clasificadas en el ránking femenino) acrecienta lo especial que va a ser este torneo. Ausentes Rafa y Roger, si Djokovic no sufre ningún percance, es el máximo favorito. Tsitsipas o Zverev podrían ser sus rivales en unas hipotéticas semifinales, mientras que por la otra parte del cuadro Thiem y Medvedev serían los principales candidatos a alcanzar la penúltima ronda.

PARTICIPANTES

Abanico de alternativas

Esto en teoría, porque en realidad, ausentes Nadal y Federer, y ante la irregularidad de los máximos aspirantes como el griego, el alemán, el austríaco o el ruso son sin duda muchos los que sueñan con poder tener la oportunidad de ganar el torneo. Unos, porque ya lo han logrado o han alcanzado la final como Cilic y Anderson. Y otros como Bautista, Raonic, Isner, Berrettini, Coric o los jóvenes Shapovalov, Alliasime, Rublev, Kachanov, De Miñaur o Sinner porque tienen tenis suficiente para ganar a cualquiera y quieren encaramarse en los puestos más altos del ránking, relevando a los grandes dominadores del circuito en los últimos años. Su problema, es que tienen que demostrar sus cualidades en siete partidos consecutivos y eso solo está al alcance de los grandes.

EL DETALLE

El regreso de Andy Murray

Como atractivo adicional, está la presencia en el cuadro de Andy Murray. El escocés, que anunció su retirada en Australia 2019 debido a sus continuas lesiones en la cadera, tras dos operaciones y la implantación de una prótesis, sorprendentemente vuelve a la alta competición y lo hace en un escenario en el que logró vencer en el 2012 ante Djokovic, después de haber sido finalista en el 2008 ante Federer.

CUADRO FEMENINO

Serena, las ausencias, Garbiñe y las bazas españolas

En la prueba femenina, si ya es complicado normalmente hacer un pronóstico previo, más lo es con la cantidad de ausencias: Barthy, Svitolina, Andreescu, Halep, Bertens, y Bencic, entre otras. Estas ausencias pueden favorecer las posibilidades de Serena Williams de conseguir su ansiado 24.º título de grand slam. Y también las de Garbiñe Muguruza de volver a la élite de la mano de Conchita Martínez.

Ante la ausencia de Rafa Nadal, Garbiñe y un Roberto Bautista en gran forma como lo demostró venciendo a Medvedev y estando a punto de ganarle a Djokovic por cuarta vez en Cincinnati, constituyen nuestras mejores bazas de un torneo, que ya sabemos antes de su comienzo, que pasará a la historia por sus especiales peculiaridades.

Djokovic deja la presidencia del Consejo de Jugadores para formar su sindicato

Lor órganos rectores del tenis mundial, ATP, WTA e ITF, entre otros, han emitido un comunicado pidiendo «unidad para salir de la crisis» posterior a la pandemia y la generada después de que Novak Djokovic, presidente del Consejo de jugadores del circuito masculino, haya presentado su renuncia para formar su propia asociación.

Azarenka gana sin jugar en Cincinatti y el serbio venció a Raonic

La japonesa Naomi Osaka se retiró de la final del torneo de Cincinnati por una lesión en el tendón de la corva izquierda, por lo que la bielorrusa Viktoria Azarenka (59.ª del ránking), se proclamó vencedora. No lograba un título desde Miami en el 2016. En el cuadro masculino, Djokovic ganó a Raonic 1-6, 6-3 y 6-4 y ya tiene tantos Masters 1.000 como Nadal (35).

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