La relevancia del grupo frente a la individualidad

POOL

La final de la UEFA Champions League, el galardón más deseado por los grandes clubes, una Champions que ya quedará marcada en la historia por una pandemia mundial que ha provocado cambios radicales en todos los órdenes de la vida.

Y han llegado a la final un clásico, el Bayern de Múnich, y otro emergente, el PSG, basado desde hace años en juntar estrellas del momento a base de talonario, pero con resultados negativos, no en Francia que arrasan, pero sí en su verdadero objetivo, que no es otro que la Champions League, competición que da un prestigio inigualable.

Y es aquí donde me detengo para reflexionar. ¿Por qué este año sí? Sin duda, habrán influido innumerables factores que podríamos analizar, pero a la vista del rendimiento de sus jugadores en el campo y su comportamiento en las celebraciones después de los partidos, todo parece indicar que este equipo ha dado el paso más importante que necesitaba: ha logrado crear un equipo, un grupo compacto, lleno de magníficos jugadores, pero todos al servicio de un objetivo común.

Que Mbappé o Neymar, estrellas de este gran elenco de futbolistas, se abracen después de marcar un gol decisivo contra el Atalanta sin ser ellos los goleadores o que se les vea en las semifinales dando muestras de compromiso, solidaridad, entrega, sin haber marcado ellos ningún gol me hace pensar que sí, que eso no es casualidad y que es el gran cambio de este equipo.

Y esa será su gran baza en la final, porque lo demás lo tiene todo. Enfrente tendrá al Bayern, para mí, una apisonadora, pero es que siempre da imagen de grupo excelente, unido, indestructible a la vez que comprometido con una idea y en esta temporada tan convulsa ha llegado arrollando, ha solventado todos los partidos como un martillo pilón al que han sucumbido todos los equipos con goleada histórica incluida contra el Barca.

La causa que ha contribuido a todo ello es que todos los equipos para volver a la competición han tenido que pasar por distintas fases de entrenamientos, individuales, en grupos de menos jugadores, y por fin, entrenar con el grupo al completo. Estas fases han supuesto mucho esfuerzo, solidaridad, paciencia, compañerismo y sobre todo tolerancia y empatía entre todos, cuerpo técnico incluido, se han creado más lazos que nunca, y ha derivado en grupos más fuertes, comprometidos y pensando en un bien común.

Por último, un ejemplo de excelente equipo y gran grupo, el Sevilla. A ello han contribuido dos grandes conocedores de ese valor añadido, Monchi y Lopetegui. Felicidades.

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