El sexto cielo del Sevilla está en Colonia

Un doblete de Luuk de Jong y un golazo de chilena de Diego Carlos con algo de fortuna mantienen el idilio con la Europa League en una final trepidante


La historia de amor que no tiene fin. Pase lo que pase, sea quien sea el rival, cuando del Sevilla y una final de la Europa League se trata el cuento siempre tiene un final feliz, con el trofeo en las vitrinas del Sánchez-Pizjuán. Y eso que fue diseñado y elaborado en los talleres Bertoni de Milán, pero parece que se encaprichó de la capital andaluza desde su primera visita allá por el año 2006. Dos goles del otrora discutido Luuk de Jong y una chilena afortunada de Diego Carlos le acabaron dando el Sevilla su sexto título en una final trepidante, ante un rival temible como este Inter, que deberá seguir esperando tras casi una década sin llevar a sus vitrinas trofeo alguno.

Los dos mejores clubes de la historia de la Europa League cara a cara. Dos equipos de Champions para el próximo curso y sin duda los dos mejores en la segunda competición continental de clubes en el que toca a su fin. El cartel era inmejorable y la final no decepcionó. Pues el partido comenzó apasionante y sin consumirse el primer minuto de juego, Reguilón le disputó un balón en largo a D'Ambrosio, que sacó el brazo a pasear sin amarilla, más por lo temprano del momento que por lo punible de la acción. Se venía hablando en los últimos días sobre el estado de forma de Lukaku, potente como siempre y más acertado en relación al arco contrario que nunca, y no tardó en demostrar el belga por qué. Robó Barella en campo contrario y la puso para la velocidad del ex del Manchester United, que desarboló a Diego Carlos, obligando al central brasileño a cometer su tercer penalti en tres partidos. Lukaku se lo guisó y Lukaku se lo comió: lanzamiento inapelable abajo con pierna zurda y ventaja interista.

El Sevilla, fruto de la experiencia que aportan cinco finales en la competición, ya sabía perfectamente lo que era comenzar por debajo en el marcador el partido decisivo. Así fue en 2015 ante el Dnipro y en 2016 frente al Liverpool. Dicho y hecho, Luuk de Jong, tantas veces criticado por no ser un 9 puro, le devolvió a Lopetegui la confianza con un cabezazo de academia a centro de Navas. Sí, otra vez el carrilero de Los Palacios desde el costado derecho. Con igualdad y partido nuevo, llegó otro susto, pues reclamó el Inter una posible mano de Diego Carlos en el área sevillista y lo hizo con tanta vehemencia que le acabó costando la amarilla a Antonio Conte, fuera de sí en la banda. El partido era de ida y vuelta, sin control alguno en la medular, una mala noticia para el Sevilla pues ahí residía su ventaja por mediación de las botas de Banega, inédito hasta ese momento. D'Ambrosio, tan duro en labores defensivas como activo en las ofensivas, hacía sufrir a Reguilón, con más balón en campo sevillista que nerazzurro.

Sin embargo, Banega, en su último servicio antes de partir hacia tierras árabes, no estaba por la labor de pasar de puntillas por semejante partido. El argentino botó con musicalidad una falta lejana y De Jong se elevó en el área italiana por encima de todos para firmar su doblete y completar la remontada sevillista. La alegría duró lo que dura un suspiro, pues Godín, que ya sabía lo que era marcar en una final de Champions, lo hizo también en la de la Europa League, rematando de testa un centro de Brozovic.

La revancha de Diego Carlos

Solo el descanso llevó la calma a un partido de una intensidad impropia del miedo a las finales, pues hasta el mismo pitido se llegó con un cabezazo de Ocampos detenido con apuros por Handanovic. La reanudación pareció llevar un poso de sosiego al duelo, aunque Diego Carlos evitó, tirándose al césped, que un remate de Gagliardini con marchamo de gol se convirtiese en el 2-3. La respuesta sevillista llegó de la mano de Reguilón, con control de balón y cambio de ritmo de nota pero remate a la red exterior de la portería nerazzurra.

Llevaba mucho tiempo sin aparecer Lukaku y lo hizo en una acción que el 9 interista comenzó en campo propio y que desbarató Bono, otro de los nombres propios de esta Europa League. Peor fortuna tuvo el belga minutos después. Un balón despejado por De Vrij de cabeza quedó suspendido en el aire en área del Inter y a Diego Carlos se le ocurrió lo imposible, para rematar de chilena con la fortuna de que el balón se desvió al impactar en Lukaku. Mismos protagonistas que en el 0-1 del Inter y resultado totalmente opuesto. Con ventaja en el marcador y diez minutos de tiempo reglamentario por delante, Koundé envió alto un cabezazo, pero también evitó bajo palos la igualada del Inter, que se echó en brazos de los balones en largo que tanto le han dado. Nervios sobre el césped, nervios en los banquillos y nervios en la grada, donde se hicieron notar de lo lindo los ánimos de la ruidosa expedición sevillista. Había que aguantar como fuera para que la historia de amor se hiciese eterna y vaya si lo hizo el Sevilla. Abran paso al hexacampeón; la Europa League es suya.

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